Jorge Muñoz durante una de sus estancias en Chad / Pep Bonet
Jorge Muñoz durante una de sus estancias en Chad / Pep Bonet
SOCIEDAD

«Un niño en África está predestinado a morir»

Jorge Muñoz presentará el martes en el Museo Thyssen de Málaga su experiencia como pediatra en Chad

MÁLAGAActualizado:

Un paraíso convertido en infierno. Un lugar donde la vida es más complicada cuanto más joven se es. «Un niño en África está predestinado a morir», señala Jorge Muñoz, Jefe de Pediatría en el Hospital Quirón Salud Palmaplana de Palma de Mallorca. Durante cuatro años ha viajado a Chad para ayudar y aportar su experiencia. Ahora describe aquellas vivencias en «El infierno más bonito que conozco». Un libro sacado de los diarios que fue escribiendo durante aquella época. Se recogen las vivencias de este cooperante en el Hospital Saint Joseph de Bebedjia. «Se mueren dos o tres niños al día en el hospital por diferentes enfermedades, como el SIDA o la malaria», explica Muñoz.

Las perspectivas no mejoran cuando los niños consiguen salir adelante tras el parto. «A diferencia de lo que ocurría en Europa, donde un niño es el primero en cuidados dentro de la familia, en África primero comerá el padre, después la madre y, si sobra comida, comerán los hijos de mayor edad», reseña Muñoz.

Según los datos oficiales de la ONG «Ayuda al Chad. Tu granito de esperanza», en este país africano mueren 6,9 millones de niños cada año antes de cumplir los cinco años. Según las estimaciones, las causas se pueden prevenir o curar y 2,6 millones son debidas a la desnutrición. De los infantes que sobreviven, hay 1,7 millones que se enfrentan a una desnutrición crónica que retrasará el crecimiento y el desarrollo del futuro adulto. El 43 por ciento de la mortalidad en menores de cinco años, según esta organización, tiene lugar durante el primer mes de vida.

«Es uno de los países más corruptos del mundo. Está en los cinco primeros puestos», señala Jorge Muñoz, quien señala a la corrupción «por el petróleo». «En el último viaje nos sacaron de la carretera, nos apuntaron con un kalashnikov, nos abrieron las maletas donde llevábamos 40 kilos de medicamentos cada uno y dinero. Nos salvó una carta del obispo», recordaba Muñoz.

Este cooperante espera poder volver cuando la región se calme para seguir ayudando. «No he podido ir en los últimos dos años. Primero por el ébola y luego porque la zona está controlada por el yihadismo», lamenta el doctor. «Es una región en la que se unen muchas emergencías: la desnutrición, las enfermedades, el analfabetismo y ahora el terrorismo», reseña como razones para volver a Chad.