La mujer fue asesinada en la puerta de su casa cuando pedía ayuda - Europa Press
Homicidio

El parricida de Málaga, un guardia jurado con trastornos mentales pero con una escopeta de caza

La mujer medió en una discusión con la hermana y acabó muerta ante la mirada de sus vecinos en una barrio de Málaga

MálagaActualizado:

Llantos, ataques de pánico, incredulidad… Las sensaciones y emociones se mezclaban este pasado jueves al mediodía entre los vecinos de la barriada de Puerto de la Torre, en Málaga capital, tras ver a uno de sus vecinos «reventar» —según los testigos— la cabeza de su madre en plena calle de un disparo. La víctima es una mujer de 81 años, vecina del barrio, muy conocida y madre de tres hijos. El verdugo es, según las pesquisas de la Policía Nacional, su hijo mediano. Un varón español de 50 años de profesión guardia jurado, según afirmaron los vecinos en en lugar de los hechos. Aficionado a la caza y, según reconoció la propia familia a los medios de comunicación, con problemas de salud mental.

Pese a ello, guardaba en su casa una escopeta de caza. El presunto arma homicida con la que acabó con la vida de su propia madre. A las 13.00 horas entraron las primeras llamadas de aviso en Emergencias. Decían que habían matado a una mujer en plena calle. Al lugar llegaron unidades de la Policía Local y la Nacional, que se hizo cargo finalmente de la investigación sobre lo ocurrido.

Nada más llegar detuvieron al supuesto agresor, que era señalado por sus propios vecinos. Según contaron, trabajaba como guardia jurado y tenía permiso de armas por ello, aunque al parecer se le podría haber retirado en determinadas ocasiones por los problemas que sufría. Nadie se explica cómo una persona que es definida como «violenta» por la vecindad y parte de su familia podía tener una escopeta en su domicilio.

Discusión familiar

Pero así era. Albergaba una escopeta de caza, que es con la que habría cometido el parricidio. Según explican los testigos, el supuesto agresor comenzó una discusión con su hermana que acabó mal. En un momento de la trifulca entre ambos, el hombre sacó la escopeta, con la que amenazó a su hermana. La madre se interpuso entre ellos para evitar que cometiera el asesinato, pero no evitó que su hijo disparara.

El primer impacto alcanzó a la progenitora en el abdomen y la hermana salió corriendo. Huyó del lugar para evitar que le disparase. Pedía auxilio cuando los vecinos vieron salir tras ella de la casa a su madre. Estaba herida por el primer disparo, caminaba y pedía ayuda en la calle a sus vecinos. Es cuando también salió el hijo con la escopeta, según los testigos, se acercó, apuntó a su cabeza y volvió a disparar. «La remató en plena calle, la reventó y dejó todo desperdigado por la carretera», explica María Zapata, camarera del Restaurante Puerto Bahía, cerca de la casa donde sucedieron los hechos y en cuya puerta yacía el cuerpo de la anciana.

Un lugar donde conocían bien al presunto homicida. Zapata relata que el agresor iba a tomar café allí dos veces al día. «Venía por la mañana y por la tarde, se le veía una persona tranquila y nunca tuve problemas con él», asegura esta camarera. Sin embargo, otros vecinos cuentan como el ambiente en casa era, en ocasiones, violento y aseguran que el supuesto parricida tenía denuncias por estas actitudes. En este sentido, la investigación de la Policía Nacional sigue abierta «hasta el total esclarecimiento de los hechos».

Un verano caliente

Este es un nuevo parricidio en Málaga, donde en el mes de julio se vivieron otros dos casos similares. El pasado 16 de julio, un joven veinteañero mató a su padre de 70 años en la avenida de Las Caballerizas en el barrio del Limonar. El joven también sufría una enfermedad mental, apuñaló a su progenitor y huyó en autobús. La Policía le detuvo cuando se intentaba alojar en un hotel, que solía frecuentar y avisó al verlo aparecer. Fue ingresado en el hospital Clínico, después de pasar por la Unidad de Enfermos Psiquiátricos del Hospital Civil. Luego pasó a prisión.

No habían pasado ni 24 horas cuando se dio el siguiente caso, el de una mujer de 45 años que aseguró que «escuchaba voces» que le decían que «matara gente». Acabó con la vida de su progenitor golpeándolo con un rodillo, aunque la tragedia pudo ser mucho mayor. Esta mujer apuñaló también a su madre por la espalda y al marcharse de la casa dejó el gas encendido mientras dormían sus tres sobrinos. Fue uno de estos niños el que encontró al abuelo muerto. Huyó y fue detenida en un polígono. La parricida también está en prisión.