Pepe Imaz en las pistas del club de tenis de Puente Romano
Pepe Imaz en las pistas del club de tenis de Puente Romano - ABC
GENTE

Pepe Imaz, el éxito a través del amor

Directivos de multinacionales, políticos, actores, cantantes y diversas estrellas a nivel mundial han pasado por sus manos

J.J. MADUEÑO
MARBELLAActualizado:

En la puerta del vestuario de los jugadores del Mutua Madrid Open de tenis apareció en la última edición escrito un mensaje dentro de un corazón: «Amor y Paz». El lema lo reseñó Novak Djokovic y posó el foco mediático en Marbella, ya que ese es el «slogan» bajo el que Pepe Imaz hace ingeniería mental para convertir los nubarrones que asolan las opciones de éxito en serias motivaciones para triunfar. Cuenta que su historia ha cambiado mucho desde que el tenista serbio dio a conocer por qué su mentalidad se había transformado. Ahora se ha convertido en un «coach» del amor.

«Todo en empieza en quererse a uno mismo y respetarse, a partir de ahí comenzamos a ser felices», asegura Pepe Imaz, quien mira directamente a los ojos y analiza la personalidad del que tiene en enfrente con bastante atino. «No hago nada, ni enseño nada. Sólo comparto mi experiencia para que la gente pueda ver cómo he llegado a sentirme bien conmigo mismo. No hago terapias ni nada parecido, sólo muestro mi experiencia y lo que a mí me ha funcionado», explica.

Pese a esto, se ha convertido en la persona a la que todos acuden cuando sufren bloqueos mentales. Cuando todo se torna oscuro Pepe Imaz se convierte en la luz al final de túnel. Lo es así para la mayoría de los grandes tenistas del circuito ATP. Rechaza hablar de nombres y asegura que no todos son jugadores de tenis. «Los tenistas pueden ser un 10 por ciento de las personas con las trato», cuantifica.

Aunque su historia tiene mucho que ver con el tenis. Se marchó de La Rioja a Cataluña para ser profesional de ese deporte. Lo consiguió. Pero no era feliz. «Usaba el tenis para llamar la atención. Se me daba bien y ganaba pero no era feliz», recuerda. El vacío en su interior lo suplió con una adicción. En su caso el infierno se llamaba bulimia. Consiguió salir de allí y regenerar un hombre nuevo. «Después de estar al borde de la muerte aprendes a ver el mundo de otra manera», remarca. Asegura que aprendió que todo era superficial y que no le interesaba lo que el mundo pensara de él. Cuando estaba en plena eclosión de su carrera y con apenas 23 años dejó el tenis. «Nadie lo comprendió», afirma. Inició una búsqueda hacia sí mismo y se encontró con el amor, que le trajo la paz. «Sólo necesitaba amarme. Ganaba torneos para que el resto me aceptara. Pero sólo necesitaba el amor y eso comenzó respetándome tal y como era», explica Pepe Imaz.

Un mensaje que comparte con las más altas esferas mundiales. Directivos de multinacionales, políticos, actores, cantantes y diversas estrellas a nivel mundial se acercan para compartir la experiencia. «Comparto con toda persona que la vida pone delante de mí. No te voy a dar nombres. Si los tienes los puedes poner, pero eso sería alimentar el ego», señala Pepe Imaz, quien tiene en el ego el principal enemigo a combatir. Aquello contra lo que hay que luchar para ser feliz, porque «la felicidad se encuentra en el amor, que es compartir». En su agenda suenan nombres como el del golfista Manuel Quirós o la estrella internacional Julio Iglesias.

Abrazos de más de 25 segundos

Reconoce que «conocidos hay algunos» y que eso lleva a que ahora haya «un cierto respeto externo a mi persona». «Hace 10 años se burlaban porque hablaba del amor, daba abrazos o le gritaba a un chico en la pista: ¡No quieras ganar, ámate y busca estar bien contigo!. La gente pensaba que estaba grillado», sentencia. Ahora todo eso se ha convertido en una filosofía vital que no para de acoger adeptos.

«La vida organiza», remarca Pepe Imaz, que ha creado una escuela de tenis para niños con recursos limitados. «Pueden ser ricos, pero tener necesidad de amor». Cada domingo el club de tenis de Puente Romano se llena de niños con camisetas con el corazón y la inscripción «Amor y Paz». Una escuela de tenis en la que es obligatorio que los padres acompañen a sus hijos a jugar. «La información no es para el niño, sino para los padres. Los niños son felices, pero reciben información de los padres que los llena de miedos. El mensaje es para los padres y para que cambien en el hogar y ese niño no se infecte de los clichés sociales», relata Pepe Imaz, que se despide siempre con una abrazo, que debe durar más 25 segundos porque «es el tiempo a partir del cual se comienza a sentir realmente a la otra persona».