FRANCIS SILVA
ARTE

La revolución supremacista de Malévich en Málaga

El Museo Ruso presenta una selección de 44 obras con 16 inéditas en España sobre el proceso del autor hacia su propia espiritualidad de la igualdad social real

MálagaActualizado:

Kazimir Malévich detectó que la iconoclastia comunista era igual que la empleada por la Iglesia. Reflexionó sobre los «santos» de la Unión Soviética y sobre su presencia en las casas de cultura, hasta que alumbró la teoría de que sólo el arte no figurativo estaba cerca del sueño de la igualdad real. Había caído en la cuenta que las representaciones de Lenin educaban al pueblo de la misma forma que aquellas anteriores de Jesús Cristo. Vio similitudes en el enterramiento del líder comunista y escribió «Lenin después de su muerte», que arrancaba un camino único hacia lo supremo. La igualdad social fue la espiritualidad real del autor, que llenó las casas de cultura de arte no figurativo. Eliminando a los «santos» de sus obras y desarrollando la potencia plena de su «suprematismo».

Esa evolución, que arranca en sus primeras obras, se puede ver en la nueva exposición del Museo de Arte Ruso de Málaga hasta el 3 de febrero. La muestra cuenta con 44 obras, que van desde 1906 a 1933, de la cuales 16 son inéditas en España, y tienen como prólogo una pequeña selección del universo de David Burliuk. Cuadros «circulares» que no tienen parte de arriba ni de abajo, que se pueden retorcer sin que pierdan sentido. Tras esto, un universo ideal de Malévich que arranca en una época temprana de vanguardia con sus primeros «paisajes».

Pasa a su época de «simbolismo» y llega a la época «álogica», anclada también en una corriente literaria que trataba de romper el lenguaje. Poetas que jugaban con la lengua y artistas que reinventaban sus ideas para luchar contra la burguesía.

En 1913 el autor ya deja entrever sus inquietudes con la ópera «Victoria sobre el sol». Una generación futurista lucha contra el sol, que en el futuro no puede ser redondo y rojo, sino cuadrado y negro. El vestuario está incluido en esta muestra, que señala que en esta obra es la primera vez en la que aparece el cuadrado negro, como símbolo de la caída del arte de la burguesía y la consecución de la justicia social real.

Cuadrado negro

Ícono que se puede ver en la reinterpretación de la Gioconda que hace en 1915, pero tachado, como una declaración de intenciones. La exposición cuenta con la versión del «Cuadro negro» de 1923 y con el paso intermedio a la llegada del «suprematismo» del «Cuadro rojo» de 1914. Desarrolla los mismos temas que el resto de corrientes y autores dentro de la Unión Soviética, pero de una forma única.

Están las campesinas, los deportistas y la «Caballería Roja» de 1932, pero lo hace desde otro espectro superior conectando con las realidades desde otro ámbito. Sin rostro. Solo con los colores y la formas. Es la supremacía naturalista que impera al final de sus años y que incluye autorretratos en los que solo aparece un «pintor». «Se ve y se siente de otra forma. Se puede descubrir de una forma profunda con un lenguaje único del arte», explica la comisaria, Yevguenia Petrova, que acaba el recorrido junto a la máscara del autor después muerto que le hizo un alumno, como símbolo de la inmortalidad de un pintor que está entre los grandes del arte del siglo XX, junto a Pablo Ruiz Picasso, Henri Matisse o Vasili Kandinski.