El presidente de la Diputación, Francisco Salado, y el diputado de Cultura, Víctor González, visitaron esta exposición en el centro cultural dependiente de la Diputación de Málaga
El presidente de la Diputación, Francisco Salado, y el diputado de Cultura, Víctor González, visitaron esta exposición en el centro cultural dependiente de la Diputación de Málaga - J.J.M.
ARTE

La transgresión sin vandalismo de Banksy en Málaga

La Térmica expone 45 obras del grafitero más conocido del mundo creadas para su venta a coleccionistas privados

MálagaActualizado:

¿Genio o vándalo? Es la pregunta que lanzan las tazas de promoción o las sudaderas que se venden al final de la exposición de Banksy en La Térmica de Málaga. Una dualidad que no se da en la citada muestra, ya que las 45 obras que se exponen no provienen del lado «outsiders» del artista, sino que son una muestra de aquellas pinturas que fueron creadas por el autor para ser vendidas a coleccionistas. No son parte de la obra callejera, sino creaciones de estudio. Consevan su esencia díscola e inconformista, pero dentro de la ley.

Es el lado más «comercial» del grafitero más conocido del mundo, que aún así sigue viviendo una transgresión constante para denunciar las desigualdades del mundo. «Banksy. The Art of Protest» es una aproximación a un mundo en el que no sirven las medias tintas. La política, la económica, la guerra o la paz. El poder bajo la lupa de uno de los artistas más influyentes del presente siglo, en una exposición abierta al público desde este viernes hasta el 15 de septiembre.

Exposición que recuerda al genio capaz de destruir su propia obra. Este pasaje de su historia se muestra en el último set de su exposición, donde se enseña como fue aquella destrucción de la «Niña con globo» cuando la obra pasó del millón de euros. Hay un original producido, está sí está intacta, quizá porque no alcanzó los 1,18 millones de dólares en la subasta de Sobethy’s. Recuerda a la que creó en 2014 en Shoreditch para denunciar la situación de los niños sirios refugiados,

Obras de estudio

Hasta llegar a ese punto de la exhibición todo es un paseo por el universo de Banksy, sin obras callejeras como aquel joven lanzando un ramo de flores ni performances, como el último retrato en varios óleos de una Venecia tapada por un enorme crucero que denuncia que la masificación turística oculta la belleza. Sin embargo, sí está una recreación de su estudio con el primate que le sirve de rostro en las redes sociales, un muro virgen y el «smily copper», aquel policía cuyo rostro es un emoticono sonriente.

La revisión de la Marilyn de Wharhol con Kate Moss está en uno de los lugares preferenciales de la segunda sala. Son tres espacios llenos de mensajes, inscripciones, una Reina de Victoria de Inglaterra dominatrix, un Winston Churchill punky o un caniche con cabeza de bulldog. Muros que lanzan ironías a modo de esquela o que retan a hacer un mundo mejor.

La definición sobre cómo es el propio autor representada en una serie de ratas, el animal que más le simboliza, ya que –como el propio Banksy dejó escrito en un muro– «existen sin permiso, viven en una tranquila desesperación entre la inmundicia y, aun así, son capaces de doblegar a civilizaciones enteras. Si eres un tipo sucio, insignificante y sientes que nadie te quiere, entonces las ratas son el modelo a seguir». Recordando a otro maestro anónimo, como es el francés Black Le Rat.

La guerra

La guerra la representa con la niña de Vietnam quemada por el napalm huyendo cogida de la mano de Royal McDonald y Mickey Mouse, con los helicópteros Apache coronados con lazos rosas, con un caza de combate en la pista del portaaviones mientras el operario de pista pide aplausos o con una chica declarando su amor a una bomba al lado de dos soldados que pintan el símbolo de la paz en rojo en medio de una misión.

Creaciones de estudio sacadas de un mundo destructivo que sirve como inspiración para la denuncia en la calle, mensajes que lanzó en los muros de forma clandestina y que, por el culto de los coleccionistas, pasaron a formar parte de los circuitos de arte con gallerías, museos y casas de subastas de precios millonarios. Es el paso al museo de la técnica que imitó a los «writers» nacidos a principios de los años 70 en el barrio de Harlem o el Bronx en Nueva York.

Imitó hasta hacerse maestro de la denuncia, ocupando muros con mensajes de un arte duro, a la contra, ilegal por vocacióny perteneciente a la comunidad, que en su caso es global por su postura provocadora en una contracultura donde es un icono sin identidad. Nadie sabe quién es Banksy, no se conoce su rostro y no apoya este tipo de exposiciones. Es uno de los sellos del mayor mito del «street art», que ahora se puede conocer en Málaga de primera mano.