Alcalde pide línea

ANTONIO GARCÍA BARBEITO
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Estoy loco buscando en Google a ver si la frase está inspirada en una de los magistrales textos de la prosa de Juan Ramón Jiménez, si de alguna obra dramática de Lorca, si de algún verso de Góngora, si de algún pasaje del Ocnos de Cernuda… Y no hay maneras. No encuentro en ningún sitio un par de palabras que puedan darme la clave. Me he ido a la rica fraseología de algunos insignes oradores, y tampoco. Lo siento, pero no está entre las líricas declaraciones al uso de Magdalena Álvarez, ni siquiera entre las metáforas de Manuel Chaves (no Nogales, que tampoco), el presidente. Pero me suena de algo. He buscado entre los pregones de Semana Santa, y nada. ¿De qué me suena? ¿En qué elevada escritura poética libre de tópicos he leído algo parecido a esa frase que el alcalde de Sevilla, don Alfredo Sánchez Monteseirín, ha dicho así de golpe, sin avisarnos, y en pleno invierno de aguanieve nos abre el azahar del verbo enjundioso y transparente, florido y hondo, preciosista y bellísimo, cuando, al referirse a la estampa que el Metro pondría en la primavera sevillana, ha dicho: «Me gustaría que esta Semana Santa o Feria tuvieran esta novedad» (hasta aquí, sí, gran prosa, pero lo mejor viene inmediatamente): «…porque se verían escenas muy curiosas que se quedarán para siempre en nuestras retinas». ¡Óle, óle y óle! ¡Qué maravilla! A nadie hasta ahora se le había ocurrido una frase así, tan redonda, tan gráfica, tan de retratista del ojo, tan visual. Piensen, por Dios, en la sencilla grandeza de la frase, en esa gracia, en ese acierto, en esa delicada manera de decir con palabras únicas lo que nosotros no alcanzaríamos a decir. Observen, lean, anoten la cadencia, la música, la profundidad del verso: «…se quedarán para siempre en nuestras retinas.» Ahí quedó. No la toques ya más, que así es la cosa. Por favor, que alguien hable con el Consejo, que este hombre viene pidiendo Maestranza a gritos, que esa imagen es de una elevación que pondría bocabajo el teatro del Paseo de Colón, que ese domingo de Pasión nos íbamos a tirar de los pelos si don Alfredo suelta cuatro o cinco frases de esa altura… Por Dios, que le den un pregón al alcalde, pronto, que nos estamos perdiendo una maravilla…

Y todo esto para pedir una línea del Metro, la línea 1, esa línea que parece imposible, que el alcalde, el hombre, está como los bingueros, loco por cantar siquiera una línea, y ya salieron todos los números de diciembre y la mitad de enero y nada. Y el alcalde, como si tuviera dos cartones y un bolígrafo: «A ver cuándo puedo cantar línea». Pronto, esa línea, que cuando el alcalde vea las «escenas muy curiosas», madrigal asegurado. Y cuando las vea todas, al par que canta ¡Bingo! compondrá la mejor obra en prosa de la ciudad… mientras lo vemos «tirando del carro» (otra metáfora suya digna del Siglo de Oro).

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