Imagen del telescopio de Granada
Imagen del telescopio de Granada - ABC

Andalucía explora el cosmos desde el telescopio más potente del continente

El Instituto de Astrofísica de Andalucía participa en misiones y estudia desde la gravedad cuántica al sistema solar, pasando por la evolución de las galaxias

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Cuando la voz del onubense Jesús Hermida contaba hace ahora cincuenta años a los españoles la llegada del hombre a la Luna desde el Centro Espacial de Houston, pocos andaluces podían pensar que cinco décadas después su tierra fuera una de las ventanas más privilegiadas para observar el espacio más allá de nuestro, ahora tan cercano, satélite domestico. Una ventana al cosmos dotada de tecnología de referencia internacional implicada en numerosas misiones espacilaes y en la investigación de la galaxia, que cumple también ahora una efeméride muy particular.

Habría que esperar hasta 1975, seis años después de la exitosa misión del Apolo 11, para que se fundara en Andalucía el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA). «Un puñado de personas valientes, especialistas en astronomía e ingeniería, crearon el instituto y supieron encauzarlo en el camino de la ciencia competitiva internacional», recuerda el director del IAA, Antxon Alberdi.

Perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y con sede en Granada, el IAA se ha afianzado hoy día como centro de referencia nacional e internacional en investigación en Astrofísica. Sus actividades, sin embargo, no sólo están relacionadas con la observación de los fenómenos astrofísicos sino con el desarrollo de instrumentación para telescopios y vehículos espaciales. En este centro se investiga en todas y cada una de las principales áreas de la Astrofísica moderna, desde la gravedad cuántica al sistema solar, pasando por la evolución de las galaxias, la cosmología, los componentes de nuestra galaxia y los planetas extrasolares.

Marte, Venus, Saturno...

A través de los telescopios del IAA se han explorado planetas, satélites y cometas. Durante sus 44 años de existencia, el IAAha contribuido de forma importante al éxito de numerosas misiones. «Hemos participado, por ejemplo, en Mars Express y Venus Express, misiones espaciales de la Agencia Espacial Europea (ESA) que han sobrevolado Marte y Venus respectivamente; en Cassini-Huygens (NASA/ESA) que, además de sobrevolar Saturno, liberó un módulo que descendió sobre la superficie de Titán, una de sus lunas; y en Rosetta 5, una misión pionera al acompañar al cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko en su viaje hacia las regiones internas del Sistema Solar», cuenta Silbia López de Lacalle, del IAA-CSIC. La geografía andaluza puede hoy presumir de ser un lugar privilegiado para escrutar las estrellas. El IAAcuenta para ello con dos observatorios de altura: el de Sierra Nevada, situado en el paraje de la Loma de Dílar, y el de Calar Alto, en la provincia de Almería, considerado el mayor observatorio de la Europa continental y, a decir de su director, Jesús Aceituno, «uno de los sitios más asombrosos para la observación del cosmos». Este año el observatorio ha pasado de ser hispano-alemán a ser totalmente hispano, con la incorporación de la Junta de Andalucía como socio al 50%.

La «joya de la corona» de Calar Alto es el telescopio de 3,5 metros de diámetro, una maravilla técnica de 270 toneladas –sólo en su parte móvil– capaz de apuntar a los dos extremos de una moneda de 50 céntimos a una distancia de más de 100 kilómetros. Aceituno pone un ejemplo para que cualquier neófito pueda entender la perfección de su calidad óptica. «Si su espejo principal en lugar de ser un trozo de cristal de 3,5 metros de diámetros fuese un lago de 1.000 kilómetros de diámetro, las imperfecciones de la superficie, o lo que es lo mismo, la altura de las olas de ese lago de 1.000 kilómetros serían de sólo una micra, la milésima parte de un milímetro».

Efeméride en Júpiter

Este potente telescopio fue el primero en el mundo en captar una imagen de uno de los eventos planetarios más importantes de la historia, la colisión del cometa Shoemaker-Levy 9 contra Júpiter. Nunca antes los astrónomos habían podido observar el impacto de un cometa con un planeta ni hacerse una idea del potencial tan destructor que una colisión de tal magnitud podría ocasionar en caso de un posible impacto contra la Tierra. Todos los observatorios del mundo estuvieron pendientes de este evento único, acaecido entre el 16 y el 24 de julio de 1994 y del que ahora se cumplen 25 años. Había expertos dentro de la comunidad científica que mantenían que la colisión iba a pasar casi desapercibida. El cometa se fragmentó en 23 trozos que impactaron sobre la atmósfera de Júpiter. «Fue espectacular. Casi nos caemos de la silla de ver cómo saturaba el detector. Casi nos da un infarto. Lo que ocurrió en la atmósfera fue prácticamente una explosión de los fragmentos», recuerda José Luis Ortiz, del IAA. Y fue desde Calar Alto (Almería) donde se lanzó la noticia al mundo de que se había detectado el impacto.