Verónica Pérez, Rosa Aguilar y Mario Jiménez, ayer en el Parlamento - EFE
Cambio de gobierno

Del coche oficial al escrache del Parlamento andaluz

Miles de personas contraprograman la investidura de Moreno con proclamas feministas contra el gobierno del cambio con el apoyo logístico del PSOE

SevillaActualizado:

«Estoy aquí para que no maten a nadie. Las mujeres estamos en peligro con este gobierno». Conchi Estudillo, una jubilada de 79 años, esgrime este motivo para concentrarse a escasos metros de distancia del Parlamento donde se celebraba la investidura de Juanma Moreno como presidente de la Junta de Andalucía, el primero que no pertenece al partido que ha dominado durante 37 años las instituciones andaluzas. Tantos como Franco, a quien también ha conocido Conchi.

Ella ha sido uno de los 2.500 expedicionarios —según estima la Policía, que tuvo que formar un cordón en los accesos— que se han bajado de un autocar en las puertas mismas de la Cámara autonómica en una protesta convocada por asociaciones feministas con el apoyo moral y logístico del PSOE. Conchi da saltitos mientras aplaude con entusiasmo juvenil las soflamas de Miguel Mendoza.

Su compañero de «manifa», el expresidente de la Asociación de Pensionistas Marea de Cádiz, pregunta, megáfono en mano, quién ha votado a «estos fachas». «Hay que salir como los franceses, con chalecos amarillos, a dar caña. No podemos aguantar a esta derecha corrupta que nos va a bajar las pensiones. La guillotina es lo que hay que usar», grita este nostálgico de los expeditivos métodos jacobinos de escarmiento.

El goteo de autobuses –algunos llevaban expuesto en la luna delantera el logo del PSOE– era incesante. Aparcaban como carros de combate delante del Parlamento. De uno de ellos se bajó un grupo de mujeres socialistas de Aroche, Huelva.Según explicó Mari Cruz Mojarra, venían «para defender nuestros derechos; Vox ha hecho unas declaraciones que no nos gustan. Quieren que la mujeres estén en las casas y los hombres trabajando». Aunque en el acuerdo de Vox y PP no figura derogar las leyes contra violencia de género, esta mujer opina que «Más vale prevenir», como el mítico programa de salud de Ramón Sánchez Ocaña.

Cambio de efemérides

Porque esto es un cordón sanitario contra Vox y el gobierno del cambio. Manuel Júcar, de 74 años y su señora, que no quería que hablase con el periodista, es socialista del pueblo jienense de Fuensanta. Exhibe con orgullo la pegatina del partido en la solapa mientras declara que no le gusta este gobierno «ni una gota». «Se han unido tres para echar al que ha ganado. Y el Día de Andalucía quieren quitarlo también. No hay derecho», se indigna. Una compañera de autobús, cuyo padre es de «los socialistas apretados», interviene en la conversación. Es María del Carmen Lara, de 64 años, contraria al PP y Ciudadanos porque «están en los sillones con los votos de Vox». De Juan Marín, antiguo socio del PSOE, asegura que «es un chaquetero, que va al sol que más calienta».

Por megafonía sonaban, estruendosos, los grandes clásicos de las marchas revolucionarias. «Canto a la libertad», de José Antonio Labordeta, y «Ay, Carmela», ponían los himnos a una masa airada de mujeres y hombres llegados de todas las partes que abarrotaron toda la calzada de San Juan de Ribera, en la capital sevillana.

Algunas manifestantes tenían muy claro el objeto de su furia. Como Mariló Damián, de la Asociación de Feministas Subversivas de Córdoba: «Estamos en contra del pacto de gobierno. Estas políticas de derechas no nos representan».Un coro de voces parecía darle la razón, en una sincronía perfecta con su discurso: «Fuera fascistas de nuestro Parlamento».

Rafael Molina acudía a la marcha para pedir que «metan en la cárcel a los ladrones»

Otros expedicionarios no sabían muy bien contra quién había que volcar su ira. Rafael Molina, referente de los «Yayoflautas» de Córdoba, a sus 86 años, pedía que «metan en la cárcel a todos los ladrones, a los ministros del Gobierno y a los que han mangado». Nina, del colectivo Transexual, estaba más orientada sobre el motivo de la protesta. «Pensamos que la modificación de las leyes andaluzas de igualdad y de derechos LGTBI está oculta en el pacto», afirma. La joven Inés descargaba su indignación contra «un gobierno de extrema derecha», mientras se escuchaban eslóganes combativos como «Bonilla, escucha, estamos en la lucha».

Hubo a quien se le metió injustamente en la manifestación sin estar allí. Fue el caso de la exdiputada del PP Rosario Alarcón. El PSOE cordobés publicó en Twitter una foto suya asegurando que «se ha manifestado por la igualdad y contra el pacto de la vergüenza frente al @ParlamentoAnd». La exparlamentaria tuvo que aclarar que sólo se estaba abriendo paso para entrar «en la casa de los andaluces».

En la manifestación flameaban las banderas moradas, andaluzas, anarquistas y republicanas. El diputado malagueño del PSOE Miguel Ángel Heredia sujetaba una pancarta contra la violencia hacia las mujeres, junto a Beatriz Rubiño, miembro de la ejecutiva del PSOE-A. Compartía espacio vital con otros históricos como Amparo Rubiales, Pilar González y Diego Valderas, y políticos más acostumbrados a asaltar los cielos como el diputado de Podemos Diego Cañamero.

A pocos metros del jornalero del Congreso hacían un fugaz acto de presencia una amplia comitiva de cargos socialistas cercanos a Susana Díaz antes de que Juanma Moreno iniciara su discurso. Junto a las pancartas se retrataron Rosa Aguilar, consejera en funciones de Justicia; Verónica Pérez, líder de los socialistas sevillanos; Felipe López, consejero de Fomento; Miguel Ángel Vázquez, y Mario Jiménez, portavoz del PSOE.A muchos les extrañó ver al partido hegemónico de Andalucía cambiando la vía institucional por la retórica revolucionaria. Entregado, como un activista más, a una protesta en plan «Este Parlamento no nos representa», aunque hayan formado parte de él desde hace 37 años. Era como si el escrache se lo hubieran hecho a sí mismos.