De la cola del paro a las aulas del «PER»
Un joven trabaja en una escuela taller en Sevilla - millán hercé

De la cola del paro a las aulas del «PER»

La Junta no ha escatimado en ayudas y subsidios, como la beca 6.000, para premiar a los que no dejen los estudios y de paso maquillar el desempleo

antonio r. vega
sevilla Actualizado:

En la Andalucía de la Segunda Modernización, la Junta también recompensa las segundas oportunidades. Aquellos jóvenes con familia a su cargo que desperdiciaron la primera tendrán ahora su premio en forma de cheque-regalo de 400 euros mensuales después de haber abandonado de forma prematura las aulas. A cambio de este nuevo «PER» estudiantil, que sólo dará cobertura a 3.000 jóvenes, éstos deben retomar sus estudios.

No es la primera vez que el Gobierno andaluz en vísperas de unas elecciones saca de la chistera una beca-salario o subvención para frenar el fracaso escolar —que alcanza un preocupante porcentaje del 37 por ciento en Andalucía— y, de paso, aplicar un «lifting» estadístico a la galopante crecida del paro.

El Ejecutivo ha hecho del gratis total el eje de su política educativa aunque los resultados no terminan de acompañarle a la vista de los demoledores datos que arrojaba el último informe PISA: el 43 por ciento de los alumnos andaluces de segundo y tercero de ESO repiten curso. Andalucía saca las peores notas y sólo es superada por Canarias con una tasa del 45 por ciento. Tampoco el paro, que roza el 30 por ciento de la población activa, ha encontrado freno desde que estalló la crisis. Con todo, han sido tan variadas las recetas puestas en marcha como cuestionables sus efectos:

Becas 6.000

Meses antes de los comicios autonómicos de 2008, el entonces presidente andaluz, Manuel Chaves, prometió ayudas de hasta 6.000 euros destinadas a los alumnos de familias más pobres para que continúen los estudios al terminar la ESO. La subvención, que se denominó beca-salario, se abonaba durante un plazo máximo de diez meses a razón de 600 euros mensuales y el objetivo era evitar la deserción temprana de las aulas. Desde que la promesa se lanzó con vistas a incorporarla en el programa electoral hasta que se ingresaron en la cuenta corriente de los beneficiarios pasaron meses, incluso años. Los retrasos en los pagos fueron una queja común y a punto estuvieron de dar al traste con los buenos propósitos que inspiraron la propuesta. Eso sí, la demanda superó con creces el presupuesto reservado. En 2009, un total de 3.697 alumnos disfrutaron de la beca-salario y el 98% completó el curso. Al año siguiente, llegaron a la Consejería de Educación 26.723 solicitudes, pero, tras hacer una rigurosa criba, 5.006 alumnos de Bachillerato y FP obtuvieron su recompensa. Sólo durante el curso que acaba de concluir, se han gastado 32 millones de euros en una de las regiones de la UE con el índice más alto de abandono escolar.

Aprobados por reclamar

A finales de 2009, la Asociación de Profesores de Instituto de Andalucía denunció que los inspectores de la Consejería de Educación daban un aprobado masivo a los alumnos que protestaban por su suspenso. El aprobado general obedecía a un único objetivo, según este colectivo: mejorar de forma ficticia el rendimiento escolar y maquillar la tasa de fracaso.

Ordenadores y libros gratis

La generalización de los portátiles en las aulas y la gratuidad de los libros produce una chocante paradoja educativa: la generación con más medios y tecnología a su alcance es también la que menos comprende lo que lee y tiene más dificultades en las asignaturas de matématicas y ciencias, según el informe PISA. Y lo que es más sangrante: un buen expediente académico no garantiza un puesto de trabajo en el excluyente mundo laboral.

Plan Memta

El exconsejero de Empleo Antonio Fernández presentó en 2008 el Plan Memta como un gran salvavidas para los miles de desempleados que dejó en el tajo la burbuja inmobiliaria, los menos cualificados. El sistema era sencillo: los parados se comprometían a asistir a cursos a cambio de que el SAE les buscara un contrato de 900 euros al mes. Entre tanto, se daban de baja en la lista del paro. En la práctica, los acogidos a la medida tuvieron que armarse de paciencia por los continuos retrasos en los cobros.