Felipe González en el acto de ayer en Doñana
Felipe González en el acto de ayer en Doñana - Miguel Ángel Jiménez
HOMENAJE

Felipe González: «Rectificar es de sabios, pero es de necios tener que hacerlo a diario»

El expresidente del Gobierno declara que no querría «estar en la piel de Pedro Sánchez» durante un homenaje que le brinda el PSOE del entorno de Doñana

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De todos los presidentes de Gobierno que ha tenido España, Felipe González es el que más ha identificado su imagen con el Espacio Natural de Doñana, donde pasaba sus vacaciones estivales y recibía visitas de líderes internacionales. Pero no sólo durante su época de presidente estuvo vinculado Felipe González a este entorno protegido.

Tras su marcha del Gobierno, el socialista fue nombrado presidente del Consejo de Participación de Doñana, al tiempo que ostentaba un cargo de representación en el consejo de administración de Gas Natural, con la que ahora se mantiene un litigio a cuenta del proyecto de gasoducto aprobado por el Gobierno de Rodríguez Zapatero en 2011 con el visto bueno del órgano de participación presidido por González, que ayer recibió un homenaje organizado por las agrupaciones del PSOE de Almonte, El Rocío y Matalascañas.

El homenaje, al que han sido invitados más de un centenar de militantes y simpatizantes de Huelva y que ha estado presidido por la plana mayor del PSOE provincial y por una Susana Díaz en capilla ante las autonómicas que comienzan hoy, estaba justificado en la voluntad de reconocer lo que González «ha supuesto para Doñana», según ha anunciado Rocío Espinosa, alcaldesa de Almonte, encargada de abrir el acto con un discurso reverencial.

Acto seguido. el expresidente agradeció el gesto admitiendo que Doñana es lo único que echa de menos de su paso por el Gobierno. «Echo de menos el paisaje y el paisanaje, a los guardas y el cocido que me preparaban el 15 de agosto en Las Marismillas, único momento que visitaba ese palacio, aunque luego quedó como que yo lo había restaurado para que fuera mi palacio de vacaciones», bromeó González, que zanjó la cuestión asegurando que nunca se fue del Palacio de Doñana, mucho más austero, porque no le pareció «necesario».

De su etapa de Gobierno y al hilo de las críticas y especulaciones que surgían de sus estancias en Doñana, ha reconocido que se hicieron algunas cosas «mínimas», necesarias para poder funcionar en un territorio tan aislado, y ante «el conservacionismo total que hacía imposible abrir un poco de espacio entre los pinos que se sembraban como si fueran para un vivero», siempre teniendo presente que es «humano meter la pata». «Lo inhumano y lo torpe es no sacarla rápido y pedir perdón», avisó, y a renglón seguido deslizó una advertencia que ha provocado un inmediato cruce de miradas y risas contenidas entre los presentes: «Cuidado con eso, porque rectificar es de sabios, pero es de necios tener que hacerlo a diario».

A pesar de su sentencia, González ha reconocido que no querría «estar en la piel de Sánchez», entre otras cosas por el problema del independentismo catalán, y ha asegurado que «lo que es imperdonable es meter la mano». «Quiero que sepan que nunca metí la mano, que todo lo que tengo lo gané con mi esfuerzo» y se comparó, al igual que a todos los ex presidentes de la democracia española, con un «jarrón chino grande en un apartamento pequeño»: «Nadie se atreve a tirar el jarrón, pero estorba donde quiera que lo ponen», bromeó para asegurar que trata de «estorbar lo menos posible» pero que si le invitan a hablar, «tengo que hablar de mis preocupaciones, mi optimismo, porque sigo sin resignarme».

Autoritarismo

Sin embargo, se ha mostrado especialmente preocupado por la situación de «envejecimiento» de las sociedades, que como las personas mayores «miran al suelo para no tropezarse y pierden el horizonte» que es donde están «nuestros desafíos». Son esas sociedades envejecidas las que a juicio de González están permitiendo la entrada de «autoritarios que quieren imponer su política por las botas, aunque hayan llegado al poder por los votos». «Siempre me tendrán de frente», ha zanjado el ex presidente, que se ha mostrado especialmente orgulloso de formar parte del «régimen del 78», como a veces se llama de forma despectiva a quienes fraguaron la Constitución «más duradera de nuestra historia, la que nos ha permitido vivir en paz y libertad».

Felipe González ha culminado su discurso con el deseo de que «mañana, cuando empiece la campaña electoral, se hable de Andalucía, de su presente y de su futuro, de una educación que tenga en cuenta el cambio de civilización que estábamos viviendo» y de la sanidad, el caballo de batalla de una Susana Díaz, que finalmente no ha intervenido, para disgusto de los presentes.