Israel y Ana junto a su pequeño en su domicilio de Sevilla
Israel y Ana junto a su pequeño en su domicilio de Sevilla - ABC

El independentismo catalán no asusta a la colonia andaluza

Las personas procedentes de Barcelona que se registraron en el censo andaluz en 2016 ascendieron tan sólo a 6.437, casi la mitad que las provenientes de Madrid

Jaén Actualizado: Guardar
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La inestabilidad social generada por el independentismo catalán no ha generado un retorno masivo de andaluces a su lugar de origen. La mayor parte del millón de migrantes procedentes del sur sigue afincado en esa comunidad del nordeste de España. De hecho, las personas procedentes de Barcelona que se registraron en el censo andaluz en 2016 ascendieron tan sólo a 6.437, casi la mitad que las provenientes de Madrid. La colonia de andaluces residente en Cataluña, contraria en buena parte a la secesión, constituye un escollo para que triunfen unas tesis soberanistas que no le fuerza a cambiar de residencia.

El miedo no es un factor relevante en el regreso. Ajenos a las cuitas políticas, retornados consultados por este periódico aclaran que en su decisión de retornar influyó la prevalencia del carácter andaluz sobre el catalán. «A los andaluces nos gusta más la calle y relacionarnos con los demás que a los catalanes», dice Ana, que residió en Barcelona entre 2006 y 2010. Licenciada en química en Andalucía, su titulación le permitió ejercer su profesión en el laboratorio de una fábrica de cava de San Sadurní. Ni su origen ni su idioma supusieron un problema ni en la empresa ni fuera de ella. Tampoco el independentismo le generó molestias. Además, retornó en el momento justo. «Entonces se hablaba mucho del estatuto, pero sin crispación».

La sociedad catalana, explica, no era un reflejo de la clase política. Lo confirma Israel, onubense licenciado en Historia y pareja sentimental de Ana. En Barcelona trabajó sin problemas en un bufete de abogados, en una fundación de la Caixa y en otra de la Generalitat. En ningún lugar se sintió discriminado, si bien matiza que el cosmopolitismo de Barcelona favorece la integración de cualquier persona, al margen de su procedencia. «Imagino que en la Cataluña de interior las cosas son diferentes». De cualquier forma, asegura que permanecería aún en esa comunidad si no le hubiera contratado la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía para una sustitución. Hoy, tras aprobar las oposiciones, reside con su pareja en Sevilla.

Para retornar es determinante la existencia de una nómina e importante la añoranza de la tierra. Antonio emigró a Barcelona en 1968 para trabajar en Telefónica. Un lustro después su entonces novia, Ana, siguió sus pasos. En la ciudad condal formó parte de la plantilla de una pastelería hasta que se casó. «No hablaba catalán, pero era muy trabajadora». En aquella época, el empleo abundaba y apenas existían problemas de identidad territorial. «En Cataluña hicimos mejores amigos que en Andalucía», afirma Antonio, que retornó a Jaén en 1984. «Volvimos para estar más cerca de la familia, pero para mí fue más duro regresar porque Cataluña estaba entonces mucho más adelantada que Andalucía. Además, allí me sentía como en casa». Más que nada porque la región formaba parte de su casa. Que Cataluña es España para un sureño lo demuestra un estudio de la Universidad de Sevilla que refleja que el 80% de los andaluces residentes en Cataluña no tiene previsto retornar a su región natal, en tanto que el mismo porcentaje de inmigrantes españoles en el extranjero sueña con volver a su nación. Lo que explica que gran parte de los casi 1,2 millones de andaluces que se afincaron en la región catalana entre 1962 y 1973 no se consideren extranjeros en su propio país.

Madrid relega a Cataluña

La comunidad de Madrid releva a Cataluña como región española preferida de los migrantes andaluces para residir. Un informe del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía expone que en 2016 se registraron 121.328 de salida. Del total, el 53% (64.278) se dirigió al resto de España, un 1,7% menos que en 2015. Los destinos principales fueron la Comunidad de Madrid, con un 22,9%; Cataluña, con un 16%, e Islas Baleares, con un 9,9%, movimientos que suponen casi la mitad de las migraciones desde Andalucía al resto de España.