Moreno Bonilla, durante la toma de posesión
Moreno Bonilla, durante la toma de posesión - Raúl Doblado
Toma de posesión

Moreno quiere romper con el pasado del PSOE en Andalucía: «Muchas cosas no van a ser como antes»

El presidente de la Junta confía en dejar una Andalucía mejor, que será «una referencia de España»

SevillaActualizado:

Juanma Moreno abre una «nueva etapa» en Andalucía que figurará en los libros de Historia. Nadie sabe por cuánto tiempo va a prolongarse y el calado de sus reformas como presidente de la Junta de Andalucía. Pero de lo que no hay duda es que se inicia una fase que no se va a parecer a ninguna otra. Por muchos motivos. Es el primer inquilino en el Palacio de San Telmo que no es del PSOE, el partido que ha dominado la institución durante 37 años ininterrumpidos. El primer jefe de un Gobierno de coalición del PP y Ciudadanos. Primer presidente que procede de Andalucía oriental.

«Muchas cosas en nuestra tierra no van a ser, no pueden ser, como han sido antes», proclamó en una toma de posesión que congregó a más de mil invitados que no querían perderse este momento histórico. Tantos que en el salón de usos múltiples del Parlamento andaluz no cabía un alma 45 minutos antes de que Moreno jurara el cargo ante la Constitución y el Estatuto de Autonomía, sin ningún símbolo religioso, como es habitual, pero en presencia del arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo.

«No quiero ser presidente de una Andalucía sumisa y silenciosa, sino de la Andalucía que dialoga, que se expresa y confía en el enorme poder del entendimiento», subrayó ante la mirada resignada de la presidenta saliente, Susana Díaz. La ya exmandataria declinó el espacio que inicialmente le habían reservado, al lado de los expresidentes andaluces Manuel Chaves –ausente en la última toma de posesión de Díaz— y José Rodríguez de la Borbolla, que forman parte del pasado de la Autonomía. La dirigente socialista prefirió ocupar un sitio en la fila de los portavoces de los grupos. No faltó ninguno al acto.

Flanqueado por la presidenta de la Cámara, Marta Bosquet (Cs), y la ministra de Política Territorial, Meritxell Batet (PSOE), en representación del Gobierno de Pedro Sánchez, el nuevo presidente dejó muy claro cuáles son sus referentes al principio y al final de su discurso: Manuel Clavero Arévalo, el centrista inventor del «café para todos» que «defendió los pilares de nuestra Autonomía», y el expresidente del Gobierno Mariano Rajoy.

El nuevo jefe del Ejecutivo se declaró heredero del dirigente que lo encumbró como presidente del PP andaluz con aquellas palabras proféticas en el congreso regional del 2 de marzo de 2014 —«tú lo has querido»—. Moreno acabó diciendo que cuando su presidencia llegue a su fin, su «aspiración» es poder afirmar que «ha sido un honor dejar una Andalucía mejor que la que me encontré».

Lealtad con el Estado

«Andalucía» fue la palabra más se repetida en su discurso. La mencionó 44 veces. La siguiente más utilizada fue «España». Moreno no quiso estar ajeno al desafío de los partidos soberanistas en Cataluña, cuyo apoyo necesita Pedro Sánchez para aprobar los presupuestos y prolongar su mandato. Que «nadie dude» de que «mantendrá una beligerancia activa con quienes quieran trocear nuestro país y dividir a los españoles», proclamó. Para añadir, a renglón seguido, que «verán aquí una referencia de España».

Al mismo tiempo, Moreno quiso marcar distancias con una etapa marcada por la desconfianza mutua y los choques cada vez que el PP mandaba en el Estado y la Junta lo señalaba como un enemigo exterior que maltrataba a Andalucía. «Esta Presidencia será un aliado fiel y coherente del Gobierno de España, en la convicción de que la confrontación institucional ha restado oportunidades al progreso de nuestra tierra», prometió en presencia de seis presidentes regionales.

Es la misma «lealtad institucional y diálogo» que invocaba, en su intervención previa, la ministra de Política Territorial, Meritxell Batet, en un discurso muy medido y protocolario donde no faltaron los agradecimientos a la presidenta saliente y el avance conseguido, quien no las tiene todas consigo para liderar la oposición. Batet le brindó «la plena disposición del Gobierno de España» para abordar problemas comunes.

El presidente andaluz prometió desterrar «peleas que pueden ser estériles». En su agenda de deberes, el primer lugar lo ocupa la creación de empleo, el «gran reto colectivo y el gran empeño de mi Presidencia». En su discurso hizo una mención expresa al presidente del PP, Pablo Casado, con quien comparte «generación, principios e ideas», y dedicó un gesto de complicidad, al acabar, hacia la exvicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría, por quien apostó frente al dirigente vencedor en las primarias.

El jefe del Ejecutivo mencionó como «referencias políticas y personales» a los expresidentes y ex candidatos del PP-A Teófila Martínez y Javier Arenas, quien ganó las autonómicas pero no el gobierno en 2012. «Admiro su saber estar y amor a Andalucía», afirmó. El exministro de Interior Juan Ignacio Zoido, que relevó a Arenas al frente del PP-A, también estaba presente.

Moreno no pudo reprimir su emoción al evocar a su padre, fallecido hace cinco años, que «hoy habría cumplido 78 años y tenía la esperanza de vivir este día y ser testigo de la alternancia en Andalucía». A su madre, María Bonilla, que lo escuchaba con atención, se le escapó alguna lágrima. Confesó que siempre estará agradecido a ella, sus dos hermanas, su mujer, Manuela, y su «segunda familia del PP».

Tras las palabras, el presidente se entregó a la esfervescencia de las felicitaciones, abrazos y besos, mientras en los corrillos se hacían cábalas sobre las caras del nuevo gobierno. La verdadera prueba de contraste comenzará a partir de hoy. Y, como él mismo presume, «el camino no va a ser fácil».