Humprey Slater, en el centro, durante su estancia en España
Humprey Slater, en el centro, durante su estancia en España - ABC
HISTORIA

El romántico inglés que se evaporó en Andalucía

Humprey Slater, periodista y escritor, inspiró su obra en Andalucía, que recorrió durante la Guerra Civil

CRISTÓBAL VILLALOBOS
MÁLAGAActualizado:

La Guerra Civil trajo a España a Hemingway, a Dos Passos y a tantos otros intelectuales y escritores extranjeros ansiosos por vivir, lo que parecía, la última guerra romántica entre dos concepciones antagónicas del mundo que buscaban el aniquilamiento mutuo. Uno de ellos, casi desconocido, fue el inglés Humprey Slater.

Nacido en 1906, en Inglaterra, y tras pasar su infancia en Sudáfrica, se convierte en pintor vanguardista de éxito, pero durante los últimos años veinte toma dos decisiones transcendentales en su vida: se casa y se afilia al Partido Comunista. Aprende ruso, francés, alemán y viaja a París, Moscú y Berlín expandiendo las ideas comunistas. Sus inquietudes políticas le llevan a pronunciar mítines, a escribir manuales de táctica militar y… a destrozar la figura de Hitler en el museo de cera de Madame Tussauds en Londres.

Sería entonces cuando los servicios de inteligencia británicos comenzaron a seguirle los pasos, a la vez que era abandonado por su mujer, cansada de las aventuras del intrépido comunista. Humprey Slater llega a España en 1936, como periodista, para incorporarse poco después al batallón de voluntarios británicos de las Brigadas Internaciones que apoyaban a la República frente a las tropas de Franco. Poco más se sabe de su paso por nuestra geografía durante aquellos años.

Los horrores de la guerra lo llevarían a replantearse sus opciones ideológicas: fundará junto a George Orwell la revista Polemics y será expulsado del Partido Comunista por su deriva hacia posturas cada vez más contrarias a esta doctrina, para acabar, junto a otros escritores ingleses como Auden o Spender, siendo ferozmente antiestalinista.

Humprey Slater
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Tras la Segunda Guerra Mundial publicaría su primera novela, «Los herejes», que bebe de sus experiencias durante la contienda española y que sitúa las primeras escenas de la historia durante los primeros compases de la guerra en la ciudad de Málaga. Una novela contra los fanatismos engendrados por el pensamiento utópico que desembocan en la barbarie, algo que había podido comprobar con sus propios ojos durante su estancia en España.

Su segunda novela, «El conspirador», sería llevada al cine en 1949 por Elizabeth Taylor, en su primer papel como adulta, y Robert Taylor: la historia de un espía comunista que debe traicionar a su esposa para ser fiel a sus ideales. Toda una confesión llevada a la ficción a comienzos de la guerra fría.

Nunca se olvidó de España, el país que había hecho que se replantease todas sus ideas políticas. Poco se sabe de cómo acabó sus días, pero los informes del espionaje británico, que desclasificó más de quinientas páginas sobre él, lo situaban en el sur de España en 1958, tras pasar por Madrid, parece ser que siempre se alojaba en el Palace, y Barcelona. Aquí se diluyó su rastro. Nunca se encontró su cadáver, ni ninguna pista sobre su posible final. Tuvieron que pasar más de sesenta años para que se editasen sus dos novelas en castellano, dos trocitos novelados de una vida apasionante que nos dejó en herencia para comprender un poco mejor los momentos más oscuros del siglo XX.