Jesús Gil besa a Imperioso
Jesús Gil besa a Imperioso
Atlético de Madrid

¿Qué fue de Imperioso, el caballo que «fichaba» jugadores?

El famoso equino de Jesús Gil, de pura raza española, se convirtió en el confidente del presidente del Atlético de Madrid

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Imperioso era un caballo de pura raza española, blanco como la montura de Santiago el Mayor, patrón de España, que alcanzó la fama gracias a su propietario, Jesús Gil y Gil, el que fuera presidente y máximo accionista del Atlético de Madrid (de 1987 a 2003) y alcalde de Marbella. El carismático mandatario reconoció que el noble animal, por el que sentía un cariño especial y que en su época de semental montaba medio centenar de yeguas selectas cada año, llegó a convertirse en su confidente: «Hablo algunas noches con él y me da consejos sobre los fichajes y las destituciones», confesaba.

Gil adquirió a Imperioso por 150.000 pesetas (unos 900 euros). Se convirtió en una celebridad cuando un equipo de la BBC fue a la finca del presidente rojiblanco a hacerle un reportaje y empezó a bromear con el caballo. Aunque su mayor momento de gloria llegó cuando participó en el desfile del doblete de 1996 por el Paseo de la Castellana.

«La pasión que yo sentía por él provocó, incluso, los celos de mis jugadores», recordaba el presidente. «En 1997, mientras jugábamos un partido de Champions frente al Ajax en Ámsterdam, Imperioso fue operado a vida o muerte en Madrid de un cólico intestinal. Llamé desde el palco 16 veces al cirujano para ver cómo iba. Radomir Antic [el entonces entrenador], se quejó de que al presidente le interesaba más su caballo que su equipo».

Imperioso murió en diciembre de 2006 (a finales del presente se cumplen diez de su desaparición) a los 30 años, una edad bastante respetable para un caballo. Sobrevivió dos años y medio a su amo.

El cocodrilo Furia

Jesús Gil también tuvo un cocodrilo de mascota. Cuenta la leyenda que Furia, que así se llamaba el reptil, fue un regalo del mismísimo Fidel Castro. «Ven, ven, que te voy a presentar a mi amigo Furia», le comentó el dirigente al mítico redactor de Deportes de ABC, Rafael Marichalar, en el palco del Calderón durante un Atlético-Tenerife disputado en febrero de 1995 (por cierto, con Simeone en el campo).

«Gil quiso hacer una exhibición, le colocó un dedo en la boca y por poco se lo merienda», cuenta el cronista. El caso es que el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF-España) convenció al propietario del Atlético de poner a Furia en manos más adecuadas y Gil se lo entregó. La organización ecologista lo depositó en el zoológico de Madrid. Y ahí se le perdió la pista.