El reciclaje es una práctica esencial para reducir el impacto ambiental de nuestra actividad diaria, ya que permite transformar materiales usados en nuevos recursos, disminuye la cantidad de residuos que llegan a vertederos y reduce la necesidad de extraer materias primas.
En Córdoba, tras meses de convivencia con el nuevo modelo de gestión de residuos, el contenedor gris de «resto» se ha convertido en un elemento cotidiano del paisaje urbano de la ciudad. Sin embargo, su integración física no ha venido acompañada de un dominio total de su uso.
Según los últimos análisis de la empresa municipal SADECO, la correcta separación de residuos sigue siendo uno de los mayores desafíos ambientales de la ciudad, ya que muchos materiales terminan en contenedores inadecuados, lastrando la eficiencia del sistema de reciclaje.

Para atajar esta situación, la empresa ha puesto en marcha la campaña «echamos el resto», una propuesta que abandona la fase de lanzamiento para adentrarse en una etapa puramente pedagógica y de consolidación.
El contenedor gris: La última frontera
El corazón de esta nueva estrategia reside en un mensaje claro: el contenedor de «resto» debe ser la última opción del ciudadano. La propuesta busca reducir los errores que contaminan otras fracciones (orgánica, envases, papel y vidrio) aclarando de forma visual qué es lo que realmente debe acabar en el contenedor gris.
Así SADECO es específica en su directriz: «este depósito está destinado exclusivamente a aquello que no tiene cabida en los circuitos de reciclaje específicos». Elementos como pañales, colillas, compresas, cerámica o cepillos de dientes deben ir obligatoriamente al contenedor gris para evitar que perjudiquen el tratamiento de los residuos reciclables.
Y es que la campaña no busca enseñar un hábito desde cero, sino perfeccionar el esfuerzo que la ciudadanía ya viene realizando. «Separar bien no es un gesto menor: es una acción cotidiana con un efecto real y acumulativo», explican desde la entidad. La premisa es sencilla: cuando el sistema funciona mejor, ganamos todos.

Esta apelación a la responsabilidad individual se apoya en un despliegue visual que utiliza el código cromático universal del reciclaje. La gráfica de la campaña guía al usuario mediante preguntas directas y sencillas: «¿Huele, se pudre…? para el marrón; ¿Es una botella de plástico…? para el amarillo». De esta manera si el residuo no encaja en ninguna de estas categorías, el flujo visual culmina, de forma inequívoca, en el gris.
Una evolución conceptual
A diferencia de campañas anteriores, esta nueva fase es más didáctica y explicativa. SADECO ha detectado que el contenedor de «resto» genera todavía algunas confusiones. Por ello, la justificación estratégica de «echamos el resto» es priorizar la claridad informativa para que el ciudadano sepa exactamente cuándo le corresponde utilizar el contenedor gris.
Con esta apuesta por la transparencia y el conocimiento, Córdoba busca dar un salto cualitativo en su modelo de gestión, reforzando la idea de que una ciudad más limpia, eficiente y sostenible depende de la precisión de cada gesto frente al contenedor.

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