Córdoba

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UN FUTURO DE DISCORDIA PARA CATALUÑA

Día 18/11/2012
Aunque la mayoría de encuestados no quiere la independencia si supone la exclusión de Cataluña de la UE, el frente radical separatista pedirá cuentas a Mas si no cumple su palabra

LA encuesta que hoy publica ABC, realizada por la empresa DYM, revela que la campaña soberanista de Convergencia i Unió deja a este partido con el mismo número de escaños que en 2011, o incluso con dos menos, entre 60 y 62 diputados. Artur Mas no parece que vaya a obtener el resultado aplastante con el que quería convertir las elecciones del 25-N en un plebiscito separatista. El sondeo no ofrece dudas sobre la victoria de CiU ni sobre la formación de una clara mayoría, superior a los 90 escaños, de partidos que apoyan al referéndum por la autodeterminación de Cataluña.

El hundimiento absoluto del Partido de los Socialistas de Cataluña, que pasaría de 28 a 17 escaños, debilita significativamente la representación parlamentaria del electorado no nacionalista, cuya caída de votos no aporta ningún escaño más al Partido Popular, que mantiene los 18 actuales, suficientes para convertirse en la segunda fuerza parlamentaria, junto con Esquerra Republicana de Cataluña; y que sólo favorece a Ciutadans para que duplique sus actas, que pasan de 3 a 6. La suma de los tres partidos no nacionalistas se queda en 41 escaños, tres menos que en 2011. La demencial aventura secesionista de Artur Mas engorda principalmente a los nacionalismos extremistas, como ERC, que llegará a 18 escaños, frente a los 10 actuales; y la Candidatura de Unidad Popular, que oscilará entre 4 y 7 actas, en detrimento de la formación de Joan Laporta, Solidaridad Catalana por la Independencia.

El Parlamento que se avecina en Cataluña va a ser una fuente de conflictos políticos e inestabilidad, principalmente para esta comunidad autónoma, que se enfrentará a una legislatura cuya prioridad -en Europa, en el siglo XXI, en plena crisis- es una consulta ilegal por la autodeterminación. Artur Mas se ha esclavizado a sus palabras, aunque no es descartable que la evolución de los acontecimientos -es decir, cuando se hagan bien visibles los costes de actuar contra la Constitución- lleve a CiU, una vez más, a amagar y no dar, sobre todo porque hay una mayoría de encuestados que no quieren la independencia si supone la exclusión de Cataluña de la Unión Europea. La existencia de un frente radical separatista será para CiU un quebradero de cabeza, porque le exigirá cuentas si no cumple su promesa electoral. Y si la cumple, se enfrentará a la responsabilidad de sumir a Cataluña en un conflicto constitucional en el que la Generalitat será, en todo caso, derrotada; y de convertirla en un terreno de discordia entre catalanes, lo que nada tendrá que ver con esa Arcadia feliz y democrática asfixiada por el centralismo madrileño, que tanto gusta a Artur Mas prodigar en sus discursos.

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