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Córdoba / AD LIBITUM

EL RAJOYANO

Día 29/12/2012
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Mariano Rajoy, que, en tertulianés, «es un tema de largo recorrido», también ha creado su propio lenguaje

MI admirado vecino Antonio Burgos, antropólogo de ala ancha, es un pragmático del lingüismo. En estas mismas páginas, más de una vez, nos predicó la conveniencia de aprender el tertulianés, el idioma con que suelen expresarse los tertulianos que pueblan los programas informativos audiovisuales. Es algo imprescindible para entender, en lo posible, los sermones con que los géneros de opinión clásicos en el periodismo impreso se han adaptado a la radio y la televisión. Es, como suelen repetir los contertulios de los programas de mayor postín, «un tema de mucho calado». Una secretaria belga que yo tuve, verdaderamente políglota, tuvo que dejar de oír la radio por prescripción facultativa. Su dominio del español era perfecto y su tesis de licenciatura en la Universidad de Bruselas -«El paisaje español en la música de Joaquín Turina»-, acreditaba su garbo, no solo su conocimiento, en el manejo del idioma de Cervantes. Cuando escuchaba las tertulias, entraba en crisis. De haber seguido los sabios consejos de Burgos, se hubiera ahorrado ese disgusto tremendo: no comprender un idioma en el que era virtuosa en razón de los usos y acuñaciones que, entre la pereza y lo políticamente correcto, ha impuesto la opinión (?) en su expresión audiovisual.

Mariano Rajoy, que, en tertulianés, «es un tema de largo recorrido», también ha creado su propio lenguaje. Su recalcitrante sentido de la prudencia y su conocimiento de que en boca cerrada no entran moscas le han forjado un ánimo de palabras huecas que no quieren decir nada y que, en consecuencia, no lo dicen. Confío en que Burgos, en un nuevo servicio a la sociedad española, haga un nuevo esfuerzo. Esta vez para acortar los límites y la gramática del rajoyano, el idioma del presidente, que no siempre resulta de fácil comprensión e invita a la anfibología y la confusión.

Ayer, Rajoy -encantado de haberse conocido y entusiasmado por su propia tarea- se asomó a la televisión para hablarnos de «la realidad convulsa que nos ha venido de fuera». Desde el arranque de su discurso, el domador de gaviotas nos previno que no nos entretendría con los detalles. Son maneras de ver la vida. Winston Churchill entendía la suerte como una consecuencia del cuidado de los detalles y son los detalles, precisamente, los que nos permitirán entender y comprender todas esas cosas con las que el líder gallego se siente satisfecho. Quizás sean los problemas de traducción del rajoyano al español los que nos hacen pensar que Rajoy, maestro en el uso de la primera persona del indicativo, está contento con la marcha de la reestructuración del sector financiero, esa calamidad promiscua, y de la reforma de la Administración, los dos pilares de su primer año triunfal. Escucharé a los tertulianos por ver si me aclaro.

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