Bretón se queda sin Play Station
Bretón, con la mirada fija, en el juicio del pasado mes de julio - V. MERINO
Así vive en la cárcel Alicante II

Bretón se queda sin Play Station

Aislado y con miedo a que le envenenen

Actualizado:

«¡Levanta, Bretón! En media hora te trasladan». La orden del funcionario de prisiones quebró la calma del módulo de ingresos de la cárcel de Alcolea, en Córdoba, a las seis de la mañana del sábado 5 de octubre. Altanero, como siempre, pero contrariado por no recibir explicación alguna, José Bretón, condenado a 40 años de cárcel por el asesinato de sus dos hijos, Ruth y José, se echó los bártulos a la espalda.

Salió de la celda, atravesó el pasillo, dejó atrás muros y alambradas y se montó en el furgón de la Guardia Civil con destino al centro penitenciario Alicante II (Villena), uno de los más modernos, más seguros y también más masificados del país.

El ministro del Interior, Jorge Fernández, explicaba que Bretón estará «mucho mejor tratado» en Villena «dadas sus circunstancias y su personalidad, un tanto psicopática».

El particular «modus vivendi» del parricida de Ruth y José en el trullo cambió de forma considerable nada más poner el pie en Villena y entrar en su celda de ocho metros cuadrados del módulo de aislamiento.

«Los presos le insultaban. El módulo andaba revolucionado el fin de semana. Ya se sabe la fama que tienen y el peligro que corren en prisión los asesinos o violadores de niños», resume un trabajador de la prisión, que afirma que Bretón «tiene una inadaptación bestial al régimen cerrado».

En este caso, la inadaptación no se plasma en problemas de comportamiento o discusiones con los internos. Bretón se ha encerrado en sí mismo y «no habla con nadie, no se fía de nadie», revela el funcionario.

«No come del rancho porque cree que le van a envenenar y todo lo que se lleva a la boca es fiambre envasado al vacío o guisos y platos en conserva que compra en el economato». Envases, plásticos y metálicos, que luego se le retiran para que no los reutilice «en autolesionarse».

Régimen «antisuicidios»

Tras las entrevistas pertinentes con los educadores y los psicólogos, el director del centro penitenciario, Feliciano Clergo, optó por mantener al criminal en el programa de prevención de suicidios.

A principios de la semana pasada fue trasladado a las celdas del módulo de enfermería, que tienen un ojo de buey para que pueda ser vigilado permanentemente por otro interno que ha recibido la formación adecuada para ello y que, además, «obtiene una pequeña gratificación por esa labor», explican fuentes penitenciarias.

Con ese preso, además, es con el único que sale al patio durante las cuatro horas que tiene de permiso para abandonar el calabozo y respirar aire fresco. El resto del día debe estar recluido, según el reglamento del primer grado, que también obliga a emitir informes diarios sobre el comportamiento del interno y que se mantiene hasta que los responsables carcelarios consideran oportuno.

Así que Bretón, obsesionado con la limpieza hasta el extremo de que no toca nada sin un pañuelo, ocupa el tiempo como puede. En Alcolea, donde leía desde cómics hasta el Código Penal, dejó muchas de las cosas que le hacían evadirse de la vida entre rejas.

En Villena, de momento, no tiene ni radio ni tele para seguir los partidos de fútbol o las noticias. Los guardias del control de acceso le requisaron una «PlayStation 3» que traía entre sus pertenencias.

Bretón, al que algún funcionario de Alicante II ya ha bautizado con el mote de «El comediante», se ha ganado el título de interno más «popular». No solo ha sido nombrado persona «non grata» en el módulo de aislamiento; también, en el llamado de «educación y respeto», un área «terapéutica» muy valorada de puertas para adentro, donde los reclusos «se autogestionan» y en la que «no hace gracia que este tío aparezca por allí».

A juzgar por el caluroso recibimiento de sus compañeros intramuros, por su inadaptación y porque parece difícil que Bretón deje de ser Bretón, el asesino de Ruth y José seguirá aislado «una buena temporada».