Los caracoles toman posiciones
Una camarera sirve un plato de caracoles gordos en un puesto - abc
Tradición culinaria

Los caracoles toman posiciones

Treinta puestos callejeros comienzan a servirlos desde el sábado

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Ni olor de azahar ni candela de espetos ni pasodobles de chirigotas. Que la primavera está en puertas tiene en Córdoba una señal inequívoca y mucho más prosaica que las sutilezas de la estación a punto de llegar. Cualquiera que pasee por la ciudad se habrá dado cuenta ya: los puestos de caracoles se hallan de lleno en la fase de montaje para poder abrir el próximo sábado, 1 de marzo, coincidiendo con el puente de Andalucía y con unas previsiones climatológicas favorables.

Como en la edición anterior, el número de establecimientos rondará los treinta y se repartirán por toda la ciudad. A los de más raigambre, como los de Los Patos, La Magdalena o la torre de La Malmuerta, se suman otros de menos tradición pero igual capacidad de atracción de clientes, como son los del Vial o los de la avenida de la Agrupación Córdoba en su confluencia con la Ronda del Marrubial. Aunque el Ayuntamiento aún no ha informado de la ubicación exacta de los puestos, sí es un hecho que algunos de ellos no van a emplazarse en el lugar exacto en el que estuvieron el año pasado.

Comer caracoles es algo más que un placer gastronómico. Sacarle todo el jugo a los chicos, a los gordos o a los picantones entronca con una tradición de cocina modesta, de pocos recursos y mucha imaginación, más de condimento que de chicha, además de con el disfrute en la calle del tiempo bonancible que supone la antesala de las semanas grandes de Córdoba, con los festivales de Cruces y Patios que se celebran entre abril y mayo.

Se trata, además, de una actividad económica en alza. No en vano la Asociación de Comerciantes Caracoleros ha ganado en solidez en los últimos años y tiene ya fuerza para plantearle al Ayuntamiento sus peticiones. La caracolada multitudinaria que se celebra cada temporada en «las setas» de Noreña es un ejemplo de cómo ha crecido el sector. El colectivo anda este año con un punto de enfado a cuenta de las tasas que exige la autoridad municipal para la instalación de sus carpas y veladores, que ellos piensan que establecen unas condiciones demasiado férreas. Pero, con todo, la fiesta del caracol está a punto de comenzar.