La leyenda de Bécquer, en el parque María Luisa, simboliza la rima «El amor que pasa»
La leyenda de Bécquer, en el parque María Luisa, simboliza la rima «El amor que pasa» - juan josé úbeda
La Sevilla becqueriana

Bécquer, la alargada huella del poeta en su Sevilla natal

Varios son los espacios de la ciudad que recuerdan a este genio de las «Rimas y leyendas», desde su tumba hasta el retrato que le hizo su hermano, entre otros

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«Tengo el presentimiento de que muerto seré más y mejor conocido que vivo». Con esas palabras se despedía Gustavo Adolfo Bécquer de su amigo el poeta Augusto Ferrán. No se equivocaba en su pronóstico, puesto que casi un siglo y medio después es una de las figuras mejor valoradas de la literatura española, mientras que en 1870 dejó este mundo sin el reconocimiento que merecía y anhelaba. Murió joven y apenado mientras un eclipse total de sol oscurecía su Sevilla natal, una casualidad demasiado romántica que bien parece sacada de una de sus leyendas, y tan solo un año después se publicaban sus obras completas.

Su tierra aún hoy le recuerda y son varios los espacios dedicados a él o vinculados a su existencia en los que se puede recrear la vida del autor de «Rimas y leyendas». Así, se puede visitar la calle Conde de Barajas, donde nació un 17 de febrero de 1836. Fue en el número 26 y hoy tan solo se conserva la fachada, en la que cuelga una placa explicativa. Se bautizó en la parroquia de San Lorenzo, el día 27, diez días después de su nacimiento; uno de los espacios que también se puede recorrer en la actualidad. En el número 6 de la calle Potro vivían sus tíos y él mismo durante una temporada, y junto a la parroquia de San Vicente, en la calle Alfaqueque esquina con Mendoza Ríos, vivió con su hermano Valeriano los años anteriores a su marcha a Madrid, ciudad a la que se trasladó la familia Bécquer en 1841 tras la muerte del padre.

Otros puntos de la ciudad están vinculados a este poeta universal, como la calle Jesús del Gran Poder, 29, donde realizó sus estudios en el Colegio de San Francisco, hoy convertido en una casa en la que se conserva una placa conmemorativa; o la calle Alemanes, donde se ubica la taberna de las Escobas, a la que acudía con asiduidad.

Su retrato

En el Museo de Bellas Artes puede contemplarse el retrato que le hizo su hermano Valeriano en 1862, año en que el poeta viajó a Madrid. Está en la sala dedicada a la pintura sevillana del siglo XIX, una imagen muy conocida que incluso ilustró durante muchos años el ya desaparecido billete de cien pesetas.

Otro de los lugares indispensables para quienes quieran seguir la huella de Bécquer en Sevilla es el Panteón de sevillanos ilustres, ubicado bajo la iglesia de la Anunciación, con entrada por la Facultad de Bellas Artes, en la calle Laraña. Allí reposan los restos de los hermanos Bécquer y otros muchos personajes como Mateos Gagos, Alberto Lista o Arias Montano, y se puede visitar los viernes de 16:30 a 19:30.

En el parque de María Luisa, por otro lado, encontramos la conocida Glorieta de Bécquer, un monumento romántico realizado en 1910 por el escultor Lorenzo Coullaut Valera, que simbolizó en las figuras de tres jóvenes el «amor ilusionado», el «amor poseído» y el «amor perdido», que representan la rima «El amor que pasa».

No es la única referencia a la literatura de este sevillano insigne que se puede encontrar en la ciudad. En el convento de Santa Inés reposa el órgano que inspiró al escritor para su leyenda de «Maese Pérez el organista» y que es uno de los más antiguos que hay en la capital hispalense. Dicha leyenda narra un fenomeno paranormal, ya que el organista de la Catedral, Maese Pérez, tras su muerte, volvería el día de Nochebuena al convento de Santa Ines para tocar el órgano.

«La venta de los gatos» es otra de sus leyendas basada en un lugar real que ha llegado a nuestros días, aunque venido a menos. En el barrio de San Jerónimo, concretamente en la calle Sánchez Pizjuán, se ubicaba una antigua venta blanca en la que se sucedió una historia de amor y desgracias vinculada al cementerio de San Fernando.