Imagen de Bagur (Gerona)
Imagen de Bagur (Gerona) - ABC
CIUDADES ILUSTRADAS

Bagur: un pueblo de Mediterráneo y Cine

Esta localidad es una de las más bellas de la Costa Brava, y su centro histórico mezcla el Románico con una soberbia arquitectura colonial

Bagur Actualizado: Guardar
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Aunque es un lugar de trajín veraniego, de costa y mar Mediterráneo, de sol y playa, Bagur es un pueblo, digamos, de entretiempo, y tan lleno de atractivo otoñal e invernal que cualquier época del año ofrece muchas posibilidades de entretenimientos culturales, artísticos y gastronómicos. Como pueblo costero es atípico, pues está situado en lo alto de un conjunto de colinas que se conocen como el Macizo de Bagur, que naturalmente no se refiere a ningún señor guaperas y musculado. Pertenece a la comarca catalana del Bajo Ampurdán, cuya vistosa terraza al mar es lo que se conoce comúnmente como Costa Brava.

Desde lejos, lo que impera allá arriba es la imagen de su castillo medieval, al que no se llega sin echar antes el bofe; y ya dentro del pueblo, sorprende la monumentalidad de su centro histórico, que alberga una peculiar mezcla de románico, como la Iglesia de San Esteban de Esclanyà, del siglo XII; de gótico, como la Iglesia de San Pedro, y una soberbia arquitectura colonial, de casas señoriales construidas por los «indianos» que volvieron forrados de hacer las Américas. Y a ese espíritu y esa estética le dedica el pueblo una de sus más singulares fiestas veraniegas, a principios de septiembre, con un variado mercado de ultramarinos, un color blanco, una textura de lino y un olor a buen habano que impregna el pueblo.

Adolfo Suárez, presidente del Gobierno, visitó Bagur en 1977
Adolfo Suárez, presidente del Gobierno, visitó Bagur en 1977 - ABC

Personalmente, mi vínculo con Bagur no se remonta a la infancia ni a olores ni sabores de la nostalgia (¡cuánto daño ha hecho la magdalena de Proust a los no lectores de su obra!), sino a algo tan prosaico como lo profesional: allí se celebra el Festival Internacional de Cine de Bagur que tan plácidas, divertidas e interesantes jornadas le ha procurado a todos aquellos que no tienen que organizarlo; es decir, visitantes, vecinos, cinéfilos y demás que llenan y disfrutan durante cuatro o cinco días la preciosa sala de cine del Casino de Bagur.

Influencia cinematográfica

El Festival coincide anualmente con la Fiesta del Pilar, y aprovecha ese (casi siempre) puente para desplegar su programa y sus actividades. Este año se celebrará su quinta edición. Nació un poco por la influencia cinematográfica de Bagur, lugar donde se rodó «De repente, el último verano», esa película de Mankiewicz que le permitió al pueblo comerse con los ojos –y algo más, dirá el que conozca el argumento– a Elizabeth Taylor. El testimonio fotográfico de aquellos días que hizo Josep Carreras, gran fotógrafo de la localidad, es una de las maravillas inolvidables del pueblo. También se da la circunstancia de que Carmen Amaya se estableció en Bagur en 1961, en la maravillosa masía de Mas Pinc, hasta que falleció el 19 de noviembre de 1963. El pueblo le ha dedicado a la artista varias esculturas y la nombró hija adoptiva. Y se acaba de celebrar en Bagur, del 23 al 25 de agosto, la III edición del Festival Carmen Amaya, un fin de semana de actividades donde el flamenco y la gastronomía son los protagonistas.

Cartel del festival de cine de este año
Cartel del festival de cine de este año - ABC

El Festival de Cine de Bagur, que lo organiza la Asociación de Comercio y Turismo de la localidad, y que dirige Clara Dato, se ha convertido en los últimos años en un aliciente que mantiene el pulso vivo del pueblo más allá de la habitual temporada, pues se reúnen allí a mediados de octubre, alrededor de su programación, un buen número de invitados, cinéfilos, actores, directores y público con ganas de ver algunas películas antes de su estreno comercial. Está dedicado a la comedia, y por él han pasado José Luis Garci, Karra Elejalde, Mónica Randall, Fernando Colomo, Ventura Pons, Teresa Gimpera, Jaime Rosales o Joan Pera.

Pero el cine es solo una de las muchas excusas para visitar Bagur, y aunque uno está muy lejos de ser un experto en exprimir la cultura, la vitalidad, el entretenimiento y la belleza de los lugares por los que pasa, hay un par de detalles que no se me han escapado de lo que ofrece sin tener a mano un exprimidor.

Cosas que hacer en Bagur

Antes de entrar en detalles, hay que aclarar que este bonito pueblo ampurdanés tiene una notabilísima ventaja sobre otros que no suele ser ponderada en lo que vale: se ve el mar de lejos. Desde lo alto del pueblo, uno tiene una panorámica inmejorable de la costa y del mar; a la suficiente distancia para evitarse el horrible bullicio y el panorama dantesco que suele ofrecer en sus orillas playeras durante estas épocas. Naturalmente que esto de ver el mar de lejos no es más que una opinión, y muy discutible, y al que le guste el areneo y el chapoteo no tiene más que bajarse hasta sus preciadas calas, como Sa Riera, Aiguablava o Sa Tuna, donde podrá rodearse a su gusto de agua, bañistas y el consabido festival de arroces de todo tipo.

Todos los años se celebra en Bagur la Fiesta de los Indianos
Todos los años se celebra en Bagur la Fiesta de los Indianos - ABC

En realidad, si uno coloca el fiel de la balanza en la Plaza del pueblo, junto a la Iglesia, donde hay una serie de terrazas en las que sentarse cómodamente y tomar una decisión al respecto, subir al castillo medieval o bajarse a una calita, se llega a la conclusión de que Bagur es un ejemplo de lugar en equilibrio: subir o bajar, o esa otra tercera vía que es la de llanear por su centro histórico, entre palacios y casas señoriales, y darse de bruces, por ejemplo, con un perfecto gin-tonic en el jardincito de Aiguaclara, un hotel palacete en el que da gusto conjugar varios verbos incluso en subjuntivo, del estar, al cenar, descansar, alternar, charlar y algunos otros que no vienen a cuento.

Por otra parte, las noches en Bagur tienen una jarana y una variedad de la que no me lamento de no ser testigo, pero también ofrecen una calma, una serenidad y un algo así como elegante, que lo animan a uno a dar un pequeño saltito y chocar los talones en el aire.