Portada del libro de Sergio Parra
Portada del libro de Sergio Parra - EFE

Chiquilicuatre, zurumbático... Así nos insultábamos en el Siglo de Oro

«El exabrupto es necesario. Por tanto, si no existieran las palabrotas habría que inventarlas lo antes posible», afirma el escritor Sergio Parra, que acaba de publicar «Mecagüen», un «acercamiento desacomplejado a las palabras malsonantes»

ABC
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Los insultos y el odio forman parte del día a día de cualquier persona adulta, tanto en su versión «real» como digital, y es que las palabras malsonantes se han instalado suavemente en las redes sociales como anillo al dedo a los viveros de crispación que pueden llegar a convertirse las redes depende a quien sigas. Sin embargo, las palabrotas vienen de muy antiguo...

«El exabrupto es necesario. Por tanto, si no existieran las palabrotas habría que inventarlas lo antes posible», afirmaba a EFE el escritor Sergio Parra que, por esta razón, ha querido enriquecer nuestro léxico soez y conseguir que insultemos con criterio con el libro «¡Mecagüen!», con la editorial VOX.

Se trata un ensayo en donde se hace un repaso de las «palabrotas, insultos y blasfemias» con las que nos venimos obsequiando desde hace siglos. Y es que hablando de siglos, en esta obra hay una apartado incluso para el propio Siglo de Oro: ¿saben cuáles eran las palabrotas que nos arrojábamos en aquella época dorada y qué significaban? Seguro que alguna os suena.

Primero, Parra distingue en insultos para gente «con poca personalidad o finolis»:

- Baldabragas: flojo, sin energía. La RAE lo define como: Hombre insustancial, simple y de poco carácter.

- Cagalindes: cobarde. Ni siquiera aparece en la RAE.

- Tragavirotes: Estirado. Parra añade la definición de 1611: «Los hombres derechos y muy severos, con una gravedad necia, que no les compete a su calidad». La RAE define esta palabra como: «Hombre serio y erguido en demasía».

- Petimetre: que se preocupa mucho de mantener la compostura (o el actual postureo). Procede del francés "petit maïtre", que significa "señorito".

- Carcunda: retrógrado. Palabra favorita del periodista Antonio Maestre.

- Tragasantos: santurrón, meapilas.

- Chiquilicuatre: mequetrefe, zascandil, piltrafilla, persona que es poca cosa y desgarbada. (Una persona que aparece a menudo en la obra de Benito Pérez Galdos). La RAE habla de: Persona, frecuentemente joven, algo arrogante y de escasa formalidad o sensatez. Y ahora es cuando nos acordamos de Rodolfo Chiquilicuatre, el personaje-músico interpretado por David Fernández que llegó a participar en Eurovisión con su «Chiki-chiki», quedando en decimosexto lugar (este año Miki logró el puesto 22).

- Estafermo: la persona que permanece parada, embobada y carente de acción.

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Luego, insultos que quieren decir «sucio o indigno»:

- Zucefrenillos: que realiza actividades propias de un insensato.

- Mangurrián: que es poco civilizado, de maneras toscas y rudas. Los humoristas chanantes la volvieron a «poner de moda» varios siglos después.

- Verriondo: que siempre está excitado sexualmente.

- Zascandil: vago, que no hace nada de provecho.

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Y, para terminar, insultos que denotan poca inteligencia.

- Mamacallos: tonto y pusilánime

- Zurumbático: lelo, atontado.

- Mamerto: tonto.

- Berzotas: ignorante o necio.

- Botarate: alboratado y de poco juicio

- Bucéfalo: rudo, estúpido e incapaz.

(¡Mecagüen! Palabrotas, insultos y blasfemias, editado por Vox, se puede comprar en Amazon o en tiendas físicas).