Elton John ofreció una primera parte contenida y sobria para dar paso a una segunda dinámica y emotiva
Elton John ofreció una primera parte contenida y sobria para dar paso a una segunda dinámica y emotiva - ÁNGEl DE ANTONIO

Elton John, el sereno adiós del impecable vozarrón que decidió dejar atrás el escándalo

Durante más de dos horas y media, repasó lo más granado de su abrumadora discografía

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Por si no fuese suficientemente conocida, ya se ha encargado Elton John a través de la muy tramposa y efectista (aunque también entretenida y resultona) película «Rocket man» de contarnos que la suya fue una historia con fases ciertamente peliagudas, pero con final feliz. Después de una tumultuosa década de los ochenta marcada por su adicción a las drogas, al alcohol y al sexo, logró retomar el control de su vida y, desde hace décadas, pasa sus días instalado en una confortable vida familiar que venía compatibilizando con su fructífera y muy rentable carrera artística.

Ahora, sin embargo, el hombre cohete ha decidido colgar por fin las botas (de plataforma) y anda desde el pasado mes de septiembre recorriéndose los escenarios de medio mundo despidiéndose de su público en una gira a cuyo fin pasará a dedicarse a su familia y a su fundación de lucha contra el sida.

De manera que la noche prometía emoción a espuertas; y ya se sabe que lo prometido es deuda. Fue la primera mitad de la actuación bastante más contenida y sobria. Con el respaldo de una banda impecablemente trajeada (menos el percusionista, que, camisa blanca y tirantes, dio la impresión de pasárselo mejor que nadie), sobre un escenario dominado igualmente por una moderada elegancia, Elton John (Reginald Kenneth Dwight en su partida de nacimiento) se sentó al piano con levita negra bien tachonada de lentejuelas de colorines dispuesto a ofrecer un amplio repaso a lo más granado y celebrado de su abrumadora discografía, seleccionando un buen montón de clásicos que habrían de sonar a lo largo de las más de dos horas y media durante las que se prolongaría el concierto.

La mejor noticia la recibió el público ya en los primerísimos compases: a sus 72 años, Elton John conserva prácticamente a la perfección su impecable vozarrón (de sus aptitudes ante las teclas del piano es de suponer que nadie albergaba duda alguna).

Así, empezaron a desfilar piezas del calibre de «Bennie and the jets», «Border song», «Tiny dancer» o, naturalmente, «Rocket man».

Singulares ocurrencias

Con una banda indiscutiblemente competente pero escasamente protagonista (cada uno de los músicos asumía con disciplina su papel de actor secundario), la atención de centraba en el propio Elton y en las singulares ocurrencias que desfilaban por las pantallas de vídeo: escenas costumbristas de la vida británica en «I guess that’s why they call it the blues», homenajes en fotografía en blanco y negro a Aretha Franklin, Little Richard, Jerry Lee Lewis, Nelson Mandela, John Lennon y Yoko Ono o Diana de Gales en «Border song», una coreografía que parecía un anuncio de Benetton a la altura de «Philadelphia Freedom», delicadas imágenes del planeta Tierra y del espacio mientras sonaba «Rocket man» o una suculenta colección de imágenes de Marilyn Monroe con «Candle in the wind», la canción dedicada originalmente a la estrella californiana que, a la muerte de su amiga la Princesa Diana, modificó y relanzó casi un cuarto de siglo después para convertirla en el sencillo más vendido de todos los tiempos.

Después de una breve interrupción (lo justo y necesario para cambiarse de traje, esta vez uno azul claro igualmente adornado con profusión de lentejuelas y ribetes), arrancó una segunda mitad más dinámica y emotiva.

El momento de la emoción a flor de piel y la lágrima al borde de asomar fue cuando, ya en la recta final del concierto, Elton hizo su despedida formal del público madrileño: «Esta es una noche agridulce… os echaré de menos».

Pero la historia, naturalmente, tenía que tener un acabado feliz. Después de un potente final del concierto (la siempre resultona «I’m still standing» y la potente e imbatible «Saturday night’s alright for fighting»), el público se entregó absolutamente a la estrella cuando esta salió en albornoz para rematar con las icónicas «Your song» y «Goodbye yellow brick road».