Jesús García Calero

La estrategia del español, por fin

El proyecto «El español, lengua global» está llamado a coordinar todos los mecanismos del Estado para hacer más efectiva la promoción del español

Jesús García Calero
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Por fin Marca España muda su piel para hacerse una entidad con una importante función cultural, y esperemos que extienda los brazos hacia América. El proyecto « El español, lengua global» está llamado a coordinar todos los mecanismos del Estado para hacer más efectiva la promoción del español. Mariano Rajoy ha confiado este impulso, inspirado por el ministro Íñigo Méndez de Vigo, a la entidad que hasta ahora fue una herramienta de imagen eminentemente económica.

Con la mirada puesta en América, el Gobierno convoca a la sociedad civil y a sus instituciones a plantear la estrategia, tan necesaria, para que nuestras industrias culturales tengan el peso que merecen en una política de Estado y el español participe de los desafíos que, como soporte, producto y mercado puede desarrollar. Aspira a estar «en la primera fila de los cambios que estamos viviendo en el mundo» de la globalización, la cultura colaborativa y la sociedad tecnológica, ha resaltado el presidente

España es una potencia cultural, sin lugar a dudas. Pero el español tiende a verse en un espejo derrotista. Somos una de las grandes potencias culturales del mundo. A los grandes artistas y escritores del pasado (Velázquez, Cervantes, Picasso) se suman hoy nombres de actores reconocidos internacionalmente, desde Antonio Banderas o Penélope Cruz, directores de éxito como Juan Antonio Bayona, Almodóvar, Collet-Serra, Rodrigo Cortés y tantos otros, solo en el mundo del cine. Músicos desde Plácido Domingo a Jordi Savall o Pablo Heras-Casado, escritores cuyas obras dan vueltas al mundo, artistas plásticos que exponen en los mejores museos y un sinfín de creadores e intérpretes que han contribuido a aumentar la imagen de nuestro país, que también goza de un inmejorable altavoz a través del deporte, la gastronomía y otras vertientes del carácter sin duda atractivo de lo español, que permite que nos visiten anualmente 80 millones de personas.

La marca de España ya son sus instituciones culturales, como el Prado, el Reina Sofía, las Academias, el Cervantes.... Ellos merecen seguir realizando su trabajo con un mayor apoyo, sumado por el proyecto hoy presentado. Porque en el centro de todo hay un mercado global, que España hizo posible hace cinco siglos cuando sus navegantes pusieron las bases de la primera globalización y llegó a América una lengua desde entonces y para siempre acostumbrada a las fronteras y los mestizajes. Y todo proyecto debe tener esas fronteras y mestizajes como inspiración y alma propia. Esa es la fuerza del español.

Se dice por ello que el español es nuestro petróleo, el recurso natural más importante para el desarrollo futuro de nuestras potencialidades sociales, culturales y económicas. Y eso, en el mundo de hoy es también hablar de tecnología y presencia en las redes, en las que nuestro idioma es el segundo en importancia.

«El español es nuestro petróleo, el recurso natural más importante para el desarrollo futuro de nuestras potencialidades sociales, culturales y económicas»

¿Sabemos aprovecharlo? Desde ABC llevamos años exigiendo una estrategia para que la cultura sea asunto de Estado. Esperemos que así sea desde hoy. España, que ha dedicado enormes esfuerzos a la promoción cultural, ha carecido de estrategia, lo cual es a todas luces una torpeza imperdonable. Sin estrategia no hay rumbo. Se ha hecho mucho, casi siempre gracias al esfuerzo de las instituciones como la Real Academia Española y el Cervantes, y también desde distintos departamentos gubernamentales sin una coordinación apropiada. Y la sociedad civil ha contribuido como ha podido en cada momento a los esfuerzos públicos.

Pero sin estrategia, sin timón, se han desaprovechado muchas oportunidades, se han envenenado muchas plataformas, se han generado tensiones y polémicas que nada tienen que ver con la cultura y que han -incluso- tamizado con la miopía de la pequeña política de partidos, muy torpemente por parte de todos, la convivencia en ese lugar común que es un maravilloso escaparate de lo que somos y queremos ser.

Por eso es tan importante que el Gobierno se ponga las pilas y hable, por vez primera después de 40 años de democracia, de estrategia para la presencia cultural española en el mundo. Una a la que todos nos podamos sumar. No podrá lograrse nada sin superar cuantas cortedades de miras han acompañado al desempeño político de la acción cultural exterior, sin una apuesta decidida por abrirse al mundo en español, que es mayoritariamente americano, y en el que ya no podemos ocupar el centro, pero sí podemos contribuir a generar un centro de gravedad fundamental para su expansión en América del Norte y otros ámbitos. En la tecnología, en los negocios, en los videojuegos y en todo lo que configura el mundo de hoy, donde lo español no tiene, ni de lejos, el lugar que le corresponde.

Sea bienvenida esa estrategia. Porque tendrá, además, un cierto impacto en el interior de España, donde nada puede ser mejor ni más oportuno que una inyección moral en medio del panorama político y autonómico, basada en lo que nos une, que es casi todo, para aprender a proyectarlo mejor, tanto en el espejo como en el concierto de las naciones.

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