«La última comunión de San José de Calasanz», de Goya
«La última comunión de San José de Calasanz», de Goya - Museo del Prado

El Museo del Prado celebra la última comunión de Goya

La pinacoteca expondrá durante un año el cuadro que el genio hizo de San José de Calasanz

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En 1819, hace casi dos siglos, se abría al público el Real Museo de Pintura y Escultura, que hoy conocemos como Museo Nacional del Prado. Aquel mismo año, Goya pintaba su último gran cuadro de altar: «La última comunión de San José de Calasanz». La obra estaba destinada a la iglesia de San Antón del colegio de las Escuelas Pías de Madrid, y en palabras de Miguel Falomir, director de la pinacoteca, se trata del Goya «más impresionante que hay fuera del Prado».

Al menos era así hasta ayer, cuando la coincidencia de 1819 se convirtió en matrimonio (temporal). Porque ahora esa pintura se expone en la sala 66 del Museo, muy cerca de las celebérrimas pinturas negras del genio de Fuendetodos. Es el fruto del acuerdo entre el Prado y la Orden de las Escuelas Pías de la provincia de Betania, actual propietaria del óleo, que ha decidido prestarlo durante un año prorrogable a otro más.

El cuadro retrata una de las últimas escenas de la vida de San José de Calasanz: su última comunión, que recibió semanas antes de morir en Roma el 25 de agosto de 1648. El momento representado permitió al artista expresar la religiosidad del santo, su fe, su vida humilde y penitencial y su labor de magisterio. Además, Goya ideó la composición como un reflejo de las tres edades del hombre, encarnadas en los distintos personajes que pueden verse en el lienzo.

Detalle del óleo
Detalle del óleo - Museo del Prado

Más allá de la intrahistoria del cuadro, que no es poca, destaca la técnica del pintor, que inauguró la inconografía del santo. Según explicó Manuela Mena, jefa de Conservación de Pintura del Siglo XVIII de la institución y experta en Goya, el artista utilizó una cantidad enorme de pinceladas de distinto calibre: «Es la magia de los pinceles de Goya. La magia y el magisterio absoluto».

Además, esta obra rompe con la leyenda –una de tantas– de que Goya no sabía dibujar manos, tal y como se ve en el gesto del santo. «Tienen la perfección de los dibujos de Durero», zanjó Mena.

Goya, devoto

En los últimos años el Museo del Prado ha adquirido diversos cuadros de devoción privada de Goya, como la temprana «Santa Bárbara», dos composiciones de la «Sagrada Familia», el compañero de una de ellas, «Tobías y el ángel», y un «San Juan Bautista niño en el desierto», con el fin de enriquecer la representación de la pintura religiosa del artista.