Vídeo: «Lo que nunca te contaron del Día D»
Guía de viaje

Los vestigios ocultos del Desembarco de Normandía

La costa francesa esconde decenas de lugares poco conocidos que rememoran el Día D

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La noche del 5 de junio de 1944 empezó como cualquier otra para Georges Gondrée, el propietario de un pequeño café ubicado en las cercanías de Caen (al norte de Francia). Tras un intenso día de trabajo acostó a sus hijos y se metió en la cama junto a su mujer, Thérèse. Había sido una jornada más en un país dominado por la bota del Tercer Reich desde hacía cuatro veranos.

El galo era de sueño profundo y no se despertó cuando los soldados británicos de la 6ª División Aerotransportada cayeron a pocos metros de su casa. El estruendo sí levantó a su esposa. «Arriba. ¿No oyes lo que está pasando fuera? Abre la ventana», susurró ella. Hizo caso pero, antes de asomarse, fue recibido por una ráfaga de disparos. No le alcanzaron, aunque sí lograron asustarle lo suficiente como para que se escondiera con su familia en el sótano. ¿Qué diantres sucedía?

Los Gondrée permanecieron ocultos hasta que escucharon unos golpes en la puerta de la vivienda. Al abrir la sorpresa fue mayúscula. «¿Avez vous allemands ici?» («¿Tienes alemanes aquí?»). El acento era inconfundible; los británicos habían llegado. Georges sabía lo que significaba: los Aliados acababan de iniciar la esperada invasión a Europa. Exultante, aceptó de buen grado que su casa fuese utilizada como cuartel general del 7º Batallón y desenterró el tesoro que escondía en el patio trasero... ¡un centenar de botellas de champán!

Desde ese momento, todos los soldados fueron recibidos con una copa. En la actualidad, el Café Gondrée es regentado por sus descendientes y cualquiera puede tomarse un capuchino en su terraza. Además, y como deferencia, los veteranos de la 6ª División Aerotransportada no pagan sus consumiciones. Es, en definitiva, uno de los cientos de vestigios que quedan del Desembarco de Normandía y que pueden visitarse 75 años después.

Omaha y Utah

El 6 de junio de 1944, el Cuartel General de las Fuerzas Expedicionarias Aliadas había dividido la costa de Normandía en cinco sectores. En total, 600 kilómetros de litoral de los que apenas se conocen algunos emplazamientos aislados. Sin embargo, la realidad es que cada recoveco de la región alberga su particular recuerdo del Día D.

Quizá los más populares sean los que rodean Omaha, la playa más difícil de tomar aquella triste jornada y en la que los estadounidenses sufrieron unas cuatro mil bajas. De ellas, dos millares se atribuyen a Heinrich Severloh, quien, a base de ametralladora y fusil de cerrojo, contuvo las oleadas de estadounidenses durante nueve horas. En sus memorias, el germano afirma que disparó unos 12.000 cartuchos desde el búnker WN62; una posición que gozaba de una vista privilegiada de la arena y que, a día de hoy, es posible visitar de forma totalmente gratuita.

Recreador, en Arromanches
Recreador, en Arromanches

Cerca del WN62, a unos 40 kilómetros de distancia, el pueblo de Saint-Côme-du-Mont esconde un monumento con una triste historia tras de sí. En la mañana del 6 de junio, varios paracaidistas alemanes se hicieron fuertes en un edificio desde el que podían cubrir un cruce de carreteras clave para el avance Aliado. A lo largo de la jornada, el comandante de un carro de combate Stuart se propuso avanzar sobre la posición para detener la sangría que estaban perpetrando sus defensores.

El valor no le sirvió de mucho, pues los nazis destruyeron el tanque con un lanzagrandas. Los restos del blindado, así como los del desafortunado héroe, quedaron allí olvidados durante días. Cuando los estadounidenses conquistaron la zona empezaron a conocer esta posición como «la esquina del hombre muerto». Se hizo tan famosa que, a su alrededor, se ha levantado uno de los museos más llamativos de Normandía: el «D-Day experience». En su interior, un simulador de vuelo permite revivir el desconcierto que sintieron las tropas aerotransportadas al lanzarse sobre territorio galo.

Inglaterra y Canadá

Al este de Utah y Omaha se encuentra Gold, una de las dos franjas de litoral asignadas al ejército británico. Su conquista era vital para que el ejército invasor pudiese ser reforzado por mar. Los británicos eran conscientes de que solo había dos puertos en Normandía capaces de acoger los barcos cargados de combustible y material que arribarían a la costa en las jornadas posteriores al Día D.

El problema era que ambos estaban alejados de las playas. Por ello, encargaron la construcción de dos muelles artificiales que serían construidos «in situ» ensamblando decenas de «mulberries» (gigantescos bloques de hormigón de hasta 60 metros de largo y 20 de ancho) sobre el agua. La única región capaz de albergar estos ingenios era Arromanches, ubicada en Gold. En pleno 2019, y como se narra en «Lo que nunca te han contado del Día D», todavía quedan algunas de estas superestructuras en frente a la costa.

La esquina del hombre muerto
La esquina del hombre muerto

Si la aportación británica durante el Día D ha sido en parte olvidada, otro tanto ha sucedido con la de Canadá, la tercera pata Aliada del Desembarco de Normandía. El 6 de junio, sus soldados tenían órdenes de conquistar Juno, uno de los sectores mejor defendidos de todo el litoral. La rudeza de los combates se cobró mil quinientas bajas.

La aportación de este país a la «Gran Cruzada» contra el nazismo (como la denominó Ike Eisenhower) puede conocerse hoy en día en el «Juno Beach Center», un museo que alberga material único sobre estas tropas y permite averiguar, por ejemplo, que el actor que interpretaba a Scooty en la saga «Star Trek» (James Doohan) participó en esta operación. En Douvres-la-Délivrande, apenas a unos kilómetros, también se puede visitar una estación en la que los germanos tenían ubicados los cinco radares más potentes de la costa.

La iglesia de la concordia

El Día D, el pueblo de Angoville-au-Plain se convirtió en un ejemplo de fraternidad. En él cayeron dos médicos paracaidistas de la 101ª División Aerotransportada de los Estados Unidos. Al ver la cantidad de bajas que se producían, montaron un hospital de campaña en la iglesia para atender a sus compañeros. Sin embargo, pronto empezaron a llegar también heridos alemanes. Lejos de olvidarse de ellos, los cuidaron durante toda la noche. Cuando los nazis retomaron la región, permitieron que estos sanitarios continuasen con su labor. En 2019 todavía es posible ver las manchas de sangre que dejaron los soldados en los bancos del edificio santo.