Una de las visitantes contempla una de las obras de Guerrero
Una de las visitantes contempla una de las obras de Guerrero - Ramón L. Pérez

«The presence of black» celebra los años americanos del pintor José Guerrero

Una gran exposición con obras inéditas en el museo de la calle Oficios y en el Palacio de Carlos V de la Alhambra, en Granada, cierra los actos del centenario del nacimiento del artista

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La gran exposición «The presence of black», con sedes en el Centro José Guerrero y en el Palacio de Carlos V, en la Alhambra, rinde homenaje al pintor granadino en el centenario de su nacimiento. La muestra reúne obras de este exponente del expresionismo abstracto realizadas entre 1950 y 1966, más de un centenar entre lienzos, grabados, dibujos y los llamados «frescos portátiles». Muchas de ellas se exponen por primera vez en España y proceden del Museo Guggenheim de Nueva York, el Wright Museum of Art de Wisconsin, el Museo Reina Sofía de Madrid y Patrimonio Nacional, así como de colecciones privadas y de la propia familia.

La directora del Centro José Guerrero, Yolanda Romero, resaltó que el museo quería celebrar el centenario del nacimiento del pintor con una exposición que fuera el resultado de una investigación sobre sus «años americanos», los menos conocidos en España. Guerrero, recordó, pasó un periodo de formación en Europa y llegó en 1950 a una Nueva York que acababa de tomar el testigo como capital cultural de mundo. Allí, el descubrimiento del expresionismo abstracto fue «un mazazo» y le llevó a abandonar la figuración.

Romero destacó que su obra de esa época es «mucho más experimental» de lo que los especialistas pensaban, pero a pesar de todo el artista «no dio palos de ciego», sino que supo integrarse en los círculos artísticos neoyorquinos «de forma muy inteligente». Por ejemplo, exponía en la galería de Betty Parsons, una de las más importantes del momento, y tenía como mentor al entonces director del Museo Guggenheim, James Johnson Sweeney. Pero además, no perdió su contacto con sus raíces y mantuvo amistades en la comunidad de exiliados españoles.

La muestra se inicia, en la capilla del Palacio de Carlos V, con un conjunto de grabados que Guerrero realizó en el Atelier 17 nada más llegar a la Gran Manzana. Cronológicamente, le siguen los llamados «frescos portátiles», unos murales en los que el pintor experimentó sobre materiales arquitectónicos como uralita, ladrillos, bloques de cemento o baldosas, que nunca antes se habían exhibido.

Crisis y memoria

Otras piezas novedosas de la muestra se encuentran en la tercera planta del Centro Guerrero: se trata de una colección de dibujos que el pintor realizó en 1965 en un viaje por Andalucía que hizo junto a su mujer, la periodista Roxanne Pollock, y el fotógrafo David Lees, encargados por la revista «Life» de realizar un reportaje sobre el 30º aniversario del asesinato de Federico García Lorca. «La brecha de Víznar», dedicada al poeta, es uno de los cuadros de este periodo.

En cuanto al resto, el grueso de la exposición lo componen los grandes lienzos de Guerrero, en los que puede apreciarse su evolución, de su etapa biomórfica a la apuesta clara por los colores provocativos, con un gran protagonismo del negro. Entre 1958 y 1962 el pintor experimentó una profunda crisis y se sometió a un psicoanálisis que se vería reflejado también en sus obras. Antes de su regreso a España, a mediados de los sesenta, una serie de obras muestran a un hombre que recupera la memoria de su tierra con cuadros como «Albaicín», «La Chía», «Sacromonte» o «Andalucía (aparición)». «Generalife», en cambio, está «desaparecido».

En esta etapa, destacó Romero, se produce la fusión que caracteriza a José Guerrero: la unión del lenguaje pictórico vanguardista que descubrió en Nueva York con su profundo amor por la cultura popular de su tierra. La Alhambra, que ahora acoge una parte de la exposición, fue para el artista motivo de inspiración, especialmente a través del arco, un motivo plástico recurrente en su obra.