«El carro de heno», de El Bosco, ha viajado desde el Museo del Prado hasta Róterdam
«El carro de heno», de El Bosco, ha viajado desde el Museo del Prado hasta Róterdam - efe

España reconquista Holanda con arte

Aluvión de obras de artistas españoles y excepcionales préstamos de nuestros museos en el otoño artístico holandés

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Europa se rinde al arte español este otoño. Goya deslumbra en Londres con sus retratos, París desvela la huella que ha dejado Picasso en el arte contemporáneo, Zurbarán y su hijo pasean el genio familiar por Düsseldorf... Pero es Holanda la que ha organizado un desembarco artístico sin precedentes. Haber estado bajo la Corona de los Habsburgo ha debido imprimir el gusto por el arte español en los Países Bajos.

Pese a estar muy poco representado en las colecciones holandesas, Joan Miró cuenta con muchos adeptos. Estuvo en 1928 trabajando en este país. Allí se inspiró en las obras de los maestros del siglo XVII para crear su serie de «Interiores holandeses». Hoy se cierra en el Rijksmuseum de Ámsterdam una exposición de sus esculturas: 21 piezas han estado todo el verano en sus jardines. Toma el testigo el Museo CoBrA de Amstelveen (a las afueras de Ámsterdam), que celebra su vigésimo aniversario con la primera retrospectiva de Miró en Holanda en casi sesenta años. Concretamente, desde la celebrada en el Museo Stedelijk en 1956. Para llegar al Museo CoBrA, basta con seguir el logo de la muestra, pintado en blanco en el suelo de las calles de Amstelveen.

Bajo el título «Miró & CoBrA. Juego experimental», y a través de más de un centenar de piezas, esta excepcional exposición revela por primera vez la gran relevancia que tuvo, desde sus orígenes mismos, el artista catalán en este grupo de vanguardia formado por nombres como Pierre Alechinsky, Asger Jorn o Constant Nieuwenhuys. Estos últimos se encontraron casualmente en una muestra que la galería Pierre Loeb de París dedicó a Joan Miró en 1946. La revelación que supuso para ellos la obra mironiana fue el germen de la fundación, dos años después, del grupo CoBrA (acrónimo de los lugares donde residían sus miembros fundadores: Copenhague, Bruselas y Ámsterdam, y una alusión a la serpiente que muerde y muda su piel). En los tres años de vida que duró el grupo, Miró y Klee fueron sus padres espirituales.

Experimentación

En la inauguración de la exposición, con claro sabor español y donde no cabía un alfiler, Joan Punyet Miró, nieto del artista español, hablaba con ABC de por qué el trabajo de su abuelo inspiró tanto la obra de aquellos jóvenes europeos: la continua experimentación con técnicas y materiales nuevos (se aprecia en la muestra, donde hay pintura, escultura, grabado, cerámica, ensamblajes, libros, textiles, maderas...), la ruptura de las convenciones de la pintura, el automatismo psíquico, el arte puro, popular y primitivo, el arraigo a la naturaleza, su universo poético... Sus constelaciones, estrellas, planetas, pájaros y demás iconografía mironiana están muy presentes en las obras de CoBrA. Hay importantes préstamos del Museo Reina Sofía, el Guggenheim de Nueva York, la Fundación Miró de Barcelona y de Mallorca, la Sucesión Miró... Entre ellos, obras maestras como «La blanc gant» o «Paysage (Le Lièvre)».

Joan Punyet, que se multiplicaba para atender a los invitados y los periodistas, explicar las obras de su abuelo, posar para las fotografías y hasta firmar autógrafos, nos contaba que ha cedido para la ocasión tres obras que nunca antes habían sido expuestas. Además, se ha reconstruido el estudio de Miró en Mallorca, Son Abrines, diseñado por Josep Lluís Sert, con unas cuarenta piezas originales. También se ha recreado la mítica exposición de 1951 en Lieja, con muchas de las obras que colgaron en ella y que puso fin a la aventura de CoBrA. Pese a esa parte naíf e infantil que tenía, Miró siempre fue radical y subversivo. A sus 85 años filmó con un grupo de actores catalanes una película experimental, «Teatro de sueños», que se proyecta en la exposición. Joan Miró sigue más vivo que nunca y su obra resulta inagotable. Hay, o va a haber en breve, muestras dedicadas a él en Suiza, Brasil, Italia, Alemania... y el próximo día 29 se inaugura en su fundación de Barcelona «Miró y el objeto».

Pintura de género del XVI

Dejamos Amstelveen y ponemos rumbo a Rotterdam, donde se acaba de inaugurar en el Museo Boijmans la exposición «El descubrimiento de la vida cotidiana. Del Bosco a Bruegel», un apasionante recorrido por la pintura de género del siglo XVI en el que la estrella indiscutible es «El carro de heno», del Bosco, préstamo excepcional del Prado, dada su fragilidad y relevancia. Es la primera vez que el tríptico sale del museo para regresar, 450 años después, a Holanda. Estará allí durante seis meses. Tras la clausura de esta muestra, viajará al Museo de Brabante del Norte, en Den Bosch, ciudad natal del Bosco, para la gran exposición conmemorativa del V centenario de la muerte del pintor, «El Bosco. Visiones de un genio», que se inaugurará en febrero de 2016. Volverá a España a tiempo para formar parte de la muestra con la que el Prado se suma a esta efeméride, que promete ser un acontecimiento irrepetible. Esta obra maestra se exhibe en el centro de la exposición del Museo Boijmans, encerrada en una caja de cristal, que permite ver tanto las pinturas de las tablas por ambas caras como su bastidor.

El tríptico aborda el tema del pecado. El Bosco pintó en la parte izquierda el origen del pecado: Adán y Eva, los ángeles caídos... En la tabla central, en la que el maestro recrea un proverbio flamenco («El mundo es como un carro de heno y cada uno coge lo que puede»), aparece la humanidad arrastrada por el pecado. La parte de la derecha está dedicada al infierno. Es uno de los dos trípticos que El Bosco dedicó a este tema. Ambos fueron propiedad de Felipe II, principal coleccionista del pintor. El otro se halla en el Monasterio del Escorial.

«El carro de heno» es uno de los primeros cuadros de la Historia del Arte en el que se reproducen escenas cotidianas. Hasta la fecha, la pintura se limitaba prácticamente a retratos, paisajes y escenas religiosas. Fue, pues, una auténtica revolución en el arte. También del Bosco se exhibe otra impresionante obra, propiedad del Boijmans, «El vagabundo». El otro gran protagonista de la muestra es Pieter Bruegel el Viejo, otro pionero de la pintura de género, de quien cuelgan importantes préstamos del Museo del Louvre («Los mendigos») y el Kunsthistorisches de Viena («El campesino y el ladrón de nidos»). Con el museo parisino Holanda tiene muy buena sintonía. De hecho, acaba de adquirir conjuntamente con el Rijksmuseum dos importantes retratos de Rembrandt (cada uno ha aportado 80 millones de euros). Como contrapartida por el préstamo de Viena, el Boijmans le cederá en 2018 «La Torre de Babel», de Bruegel el Viejo, al que dedicará una gran retrospectiva.

Políticamente incorrectas

Los conservadores del museo holandés Friso Lammertse y Peter van der Coelen coinciden en señalar que «no se puede mirar a Bruegel sin al menos sonreír». Y es que la exposición está plagada de imágenes satíricas, políticamente incorrectas, como un genial díptico anónimo flamenco de la Universidad de Lieja. Por la muestra no desfilan reyes, ni nobles, ni héroes mitológicos, ni santos, Cristos y Vírgenes, sino mendigos, vagabundos, prostitutas, comerciantes, campesinos... Y los escenarios no son palacios ni iglesias, sino mercados, tabernas, fiestas populares y prostíbulos. Acompañan al Bosco y Bruegel en la exposición nombres como Massys, Provost, Aersten, Benson... Se exhiben además, en vitrinas, muchos de los objetos cotidianos que aparecen en las obras que cuelgan en las paredes.

Y de Rotterdam a La Haya. Desde el pasado 1 de octubre, la Galería del Príncipe Guillermo V, perteneciente al Museo Mauritshuis, exhibe el «Retrato del bufón don Diego de Acedo», de Velázquez, otro importante préstamo del Prado. Fue pintado entre 1638-40 para la Torre de la Parada, un palacete de caza que Felipe IV mandó reformar y para el que hizo encargos a Rubens y Velázquez, de quien no hay obra en los museos holandeses. Diego de Acedo, conocido como «el Primo», sirvió en palacio desde 1635: fue bufón y correo real. En este museo se exhiben, hasta el 3 de enero, los grandes «selfies» de la pintura holandesa (autorretratos de Rembrandt, Steen, Fabritius...)

Pero no acaba aquí el festín de arte español en Holanda. A partir del próximo 28 de noviembre, el Museo Hermitage de Ámsterdam reunirá la mayor selección de pintura española del Siglo de Oro jamás vista en Holanda. Un centenar de obras de maestros como Velázquez, El Greco, Ribera, Zurbarán y Murillo, junto a obras de Goya, Zuloaga o Picasso, todas procedentes del Hermitage de San Petersburgo.