La Mona Lisa sigue sonriendo a pesar de la mudanza
La Mona Lisa sigue sonriendo a pesar de la mudanza - Didier Rykner

El esperpento de la mudanza de La Gioconda de Leonardo da Vinci

Como estaba previsto, la legendaria obra fue trasladada a la Galería Médicis del Museo del Louvre, donde permanecerá hasta mediados de octubre. El cambio ha producido colas y «atascos» en los ascensores: un lío fenomenal

Corresponsal en ParísActualizado:

El traslado temporal de la Gioconda, por causa de trabajos de renovación de su residencia principal, cambiando de piso y de marco, se ha transformado en una pesadilla con flecos esperpénticos: colas, atascos, atropellos turísticos.

Como estaba previsto, la legendaria obra maestra de Leonardo da Vinci, fue trasladada, desde primeras horas de la mañana del día 17, hasta mediados de octubre que viene, desde su «residencia» tradicional, en la Sala de los Estados del Museo del Louvre, en el primer piso del ala Denon, a la Galería Médicis en el segundo piso, en el ala Richelieu.

Apenas quinientos metros de distancia, si se consigue llegar hasta una cómoda escalerita.

En su espacio tradicional, la Gioconda tenía una sala propia, tradicionalmente abarrotada de un público muy multicultural, escoltada por tres vigilantes, permanentemente.

Su residencia temporal, en la Galería Médicis, la Gioconda reina en un espacio noble de otra naturaleza, sin ninguna intimidad: rodeada de una majestuosa colección de obras de Rubens, de una parentesco quizá muy discutible.

Se trata de un traslado previsto desde hace mucho tiempo, con el fin de poder trabajar en la sala propia de la obra de Leonardo. Una sucesión de acontecimientos convirtieron el acontecimiento en un esperpento con mucho color.

Coincidiendo con el traslado, la mañana del miércoles, los atascos y colas larguísimas entorpecieron la entrada en el Louvre durante mucho tiempo. Los trabajaos dentro y fuera del museo nacional dan a los alrededores inmediatos un tono difícil de calibrar: colas de turistas esperando poder entrar, en la Galería de Antigüedades, cuyo exterior está «decorado» con una aparatosa publicidad de ropa deportiva, con señoritas en paños menores haciendo gimnasia rítmica, o algo así.

El exterior de la Galería de Antigüedades del Museo del Louvre
El exterior de la Galería de Antigüedades del Museo del Louvre - J. P. Quiñonero

Salvados los obstáculos para entrar en el Louvre, bajo la legendaria pirámide de vidrio, los sufridos turistas debían armarse de paciencia, si es tenían cita con la Gioconda. La nueva residencia temporal de la legendaria señora está muy bien señalizada. Pero las escaleras automáticas se abarrotan con facilidad. Y llegar a la Galérie Médicis, donde Gioconda «alterna» con un rosario de obras de Rubens, monumentales, puede reclamar media hora larga de colas, idas y venidas entre grupos de turistas de varios continentes, pertrechados con cámaras fotográficas, teléfonos móviles, vestidos con menos elegancia, quizá, que las aristocráticas señoras y señores de Rubens.

Didier Rykner, director de la revista especializada «La Tribune de l’art» comenta las peripecias temporales de la Gioconda en estos términos: «La instalación de la Gioconda entre obras de Rubens ha comenzado por provocar una suerte de caos: colas, “atascos” en los ascensores, un lío fenomenal para intentar acercarse a la obra de Lubens, una desorganización increíble».