Jeff Koons, con su obra «Rabbit»
Jeff Koons, con su obra «Rabbit» - AFP

Jeff Koons: ¿Genio o farsante?

Un conejo de acero inoxidable, vendido por 91 millones de dólares. Analizamos por qué es el artista vivo más cotizado y las claves de su éxito en el mercado del arte

MadridActualizado:

O lo amas o lo odias. No hay término medio. Para unos, Jeff Koons es un genio, un mago del marketing. Para otros, un farsante, un impostor. Excéntricos coleccionistas adoran, cual becerro de oro posmoderno, sus excéntricas creaciones, mientras la crítica se ceba con él. Tildan su trabajo de kitsch, vulgar, ostentoso, camp, hortera... Es el arte de la era Kardashian. A él, lo tildan de exhibicionista. Y no es precisamente una metáfora. Aireó sus atributos y acrobacias sexuales con su exmujer, la pornostar Cicciolina, en la serie «Made in Heaven». Y posó desnudo para Annie Leibovitz y las páginas de «Vanity Fair», levantando pesas en su gimnasio privado. Exhibicionista... e inconsciente. «Es fantástico sentir conexión con artistas como Velázquez», confesaba a ABC hace unos años King Koons (como lo denominaron con acierto). ¿Conexión entre Velázquez y Koons? ¿Dónde? ¿Cómo? Cuesta creerlo.

La última «hazaña» del artista norteamericano (y van unas pocas) ha sido vender un conejo de acero inoxidable (tampoco es metafórico) por la friolera de 91 millones de dólares, nuevo récord de Koons y cotización más alta para un artista vivo, desbancando al británico David Hockney, que ocupaba el trono con «Retrato de un artista (piscina con dos figuras)», vendido por 90,3 millones de dólares en noviembre del año pasado. La «hazaña» en cuestión tuvo lugar el miércoles en la sala Christie’s de Nueva York, donde hubo otros récords multimillonarios para Robert Rauschenberg, Louise Bourgeois, Frank Stella, Larry Rivers, Jonas Wood y Daniel Buren.

Un momento de la subasta de la obra de Koons, el miércoles en la sala Christie's de Nueva York
Un momento de la subasta de la obra de Koons, el miércoles en la sala Christie's de Nueva York - CHRISTIE'S

Una pieza icónica y con pedigrí

El siniestro «Rabbit» partía con una estimación de entre 50 y 70 millones de dólares. Escultura icónica, realizada en 1986, es la número dos de una edición de tres ejemplares, más una prueba de artista, y la única que quedaba en manos privadas. Tiene pedigrí. Hace 33 años se mostró por primera vez en la galería de Ileana Sonnabend (esposa de otro mito, Leo Castelli) en Nueva York. Años más tarde pasaría a manos del todopoderoso galerista Larry Gagosian. Su último propietario, S.I. Newhouse Jr., alma del emporio Condé Nast, fallecido en 2017. Muchos se preguntarán: ¿pero un conejo de acero inoxidable, inspirado en un juguete inflable, vale 91 millones de dólares? Pues una obra de arte, como todo, vale lo que alguien esté dispuesto a pagar por ella. Y hay quien lo estuvo. Solo ha trascendido, de momento, según cuenta el «New York Times», que Robert E. Mnuchin, marchante y padre del secretario del Tesoro de EE.UU., Steven Mnuchin, hizo la oferta en sala. Pero no sabemos quién es su cliente. Muy cerca de él se hallaban el célebre coleccionista Peter Brant y el poderoso marchante Jeffrey Deitch.

Y ahí llegamos al quid del «fenómeno Koons». ¿Quiénes son los «culpables»? ¿Qué le ha llevado a ser el artista vivo más cotizado del mundo? Hablábamos antes de Ileana Sonnabend y Larry Gagosian, dos pesos pesados en el mercado del arte. Marchantes como ellos son los que dictan quién es quién en este mundillo. Y si, como Koons, cuenta con sus bendiciones, todo es coser y cantar. Hoy trabaja con Larry Gagosian, David Zwirner, Max Hetzler, Almine Rech (esposa de Bernard Ruiz-Picasso, nieto del artista) y Noirmont Art Production. Con una nómina de tantos quilates no es de extrañar que los precios de sus obras sean estratosféricos. «Larry Gagosian es amigo y un gran marchante, pero hay otros cuya relevancia en mi carrera ha sido más extrema. Ileana Sonnabend fue un apoyo constante», confesaba Koons a ABC.

Uno de sus monumentales perros globo, en el Guggenheim de Bilbao, que le dedicó a Jeff Koons una gran retrospectiva en 2015
Uno de sus monumentales perros globo, en el Guggenheim de Bilbao, que le dedicó a Jeff Koons una gran retrospectiva en 2015 - ABC

El «selecto club» de los perros globo

También ha contado el artista con el favor de los mejores coleccionistas del mundo. Cinco forman un «selecto club»: solo ellos tienen uno de sus codiciados y monumentales perros globo inflables de acero pulido. Peter Brandt vendió hace unos años el de color naranja por 58,5 millones de dólares. El azul es propiedad de Eli y Edythe Broad, poderosa pareja de coleccionistas y filántropos norteamericanos, que atesoran una veintena de obras de Koons. El amarillo lo tiene Steven Cohen, uno de los mayores depredadores del mercado del arte. Un tiburón (de Wall Street) que se hizo con otro tiburón (en formol y de Damien Hirst). El rojo, DakisJoannou, industrial y coleccionista griego. Y François Pinault, el magenta, que hace unos años instaló en el Gran Canal de Venecia. ¿Y es que para qué te vas a gastar millones de dólares en un Koons si no es para mostrar al mundo que lo tienes? En una entrevista, le preguntaba a Koons si él pagaría 58,5 millones por uno de sus perros globo. Listo como un zorro, salió por la tangente: «Seguro que lo pagaría alguien con tantos medios económicos que sería para nosotros como pagar mil dólares». Touché.

«Puppy», de Jeff Koons, vigila permanentemente el Museo Guggenheim de Bilbao
«Puppy», de Jeff Koons, vigila permanentemente el Museo Guggenheim de Bilbao - ABC

Unos años a la baja

Las esculturas de metal de Koons se han convertido en trofeos multimillonarios producidos durante el «boom» del arte contemporáneo en los 80 y 90. Hubo mucha especulación con ellas. Pero desde que en 2013 se pagaran 58,5 millones por su perro globo naranja, su cotización ha caído en picado. Bajó la demanda de sus obras y se desplomaron sus precios, lo que le obligó a reducir la plantilla de su estudio. Koons no suele ejecutar sus obras, él tiene la idea y otros las hacen. No es mal negocio.

En 2015 el Guggenheim de Bilbao le dedicó una gran retrospectiva. El museo tiene dos obras del artista, muy populares, ambas situadas en el exterior: «Puppy», un perro gigante cubierto de flores de temporada, y unos «Tulipanes» multicolor. Para Juan Ignacio Vidarte, director de la pinacoteca, «es uno de los artistas más importantes de nuestro tiempo. “Puppy” fue una de nuestras primeras adquisiciones, en 1996. Más allá de sus elevadas cotizaciones en el mercado y el interés de los coleccionistas por sus obras, es muy relevante y merece interés. Por eso le dedicamos una gran retrospectiva en 2015. No conozco las claves de su éxito». ¿Están sobrevaloradas sus obras? «El mercado del arte depende de la oferta y la demanda. No sé si hay especulación, sí que su trabajo refleja una manera muy personal de entender el arte y la sociedad de nuestro tiempo. Es un artista absolutamente obsesionado con la perfección en la ejecución de sus obras».

Tulipanes multicolor de Jeff Koons. Fueron subastados por 33,6 millones de dólares en 2012 en la sala Christie's de Nueva York
Tulipanes multicolor de Jeff Koons. Fueron subastados por 33,6 millones de dólares en 2012 en la sala Christie's de Nueva York - ABC

La Bolsa y la pasta

Mucho menos favorable, el crítico de arte Fernando Castro Flórez cree que «es un espejo, banal y sin profundidad. Ni siquiera es divertido. Le basta con reflejar la “nadería”. Venía de la Bolsa y nunca ha dejado de pensar en la pasta. Aprendió lo peor de Warhol: el marketing como alma “desalmada” del arte. Koons ha ocupado (nunca con “k”) los templos del arte y en Versalles dio su mejor versión: kitsch hasta el delirio y más allá. Ahora se consagra vendiendo un “globo”, perfecto emblema de la “burbuja” del arte actual. Ha triunfado. No le queda nada por hacer. Si bien es verdad que nunca engañó: no tiene nada que decir». Qué razón tenía Takashi Murakami (otro artista-empresario) cuando decía a ABC: «Jeff Koons es un genio; yo, un simple payaso».