«Antes, cuando no había colegio también se diferenciaban los de ciencias y los de letras». Ilustración de «Antes, cuando no había colegio» (Edelvives) de André Bouchard
«Antes, cuando no había colegio también se diferenciaban los de ciencias y los de letras». Ilustración de «Antes, cuando no había colegio» (Edelvives) de André Bouchard

El suculento ingenio de André Bouchard, en el Museo ABC

«Deliciosas obras al punto de humor» recoge las mejores recetas del ilustrador

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«Decía un cómico argentino que llorar es fácil, uno pela una cebolla y caen lágrimas. Sin embargo, no existe ninguna hortaliza que nos haga reír. Hacer humor es un asunto serio (...)». Con estas palabras arranca «André Bouchard en su tinta. Deliciosas obras al punto de humor», la nueva exposición que se ha instalado en el Espacio Edelvives del Museo ABC hasta el próximo 22 de septiembre.

El autor francés (Rennes, 1958) sirve en esta muestra monográfica una degustación de sus mejores recetas, infalibles para sacar la sonrisa y provocar la reflexión. Se trata de 69 ilustraciones originales realizadas con tinta china y acuarela sobre papel, pertenecientes a una selección de sus libros infantiles publicada en Edelvives y a viñetas aparecidas en prensa (es colaborador habitual de la revista francesa «Le Point»).

A modo de un suculento menú, su obra se divide en torno a cuatro bloques temáticos. Para empezar, una introducción a Bouchard: «Entremés: sonrisas a pedir de boca», que reúne las ilustraciones de «Antes, cuando no había colegio» y de «Ernesto, amo del mundo». En el primer «aperitivo», Bouchard se inspira en la tira cómica para acentuar el humor en cada escena («Incorporo en mis obras las reglas de las novelas por entregas: tiene que ocurrir algo en cada página», corrobora). La contraposición del modo de aprender de la Prehistoria con respecto a nuestros días desencadena las desternillantes escenas, siempre precedidas por la frase «Antes, cuando no había colegio».

Ernesto, en cambio, ha salido directamente de la imaginación de Bouchard. Un microbio malísimo que se mete en la cabeza del doctor Ploff para darle órdenes temerarias, como que salte al coso durante una corrida y se plante frente a un toro disfrazado de Caperucita Roja.

Ilustración de «Un hada descontrolada»
Ilustración de «Un hada descontrolada»

El sabor de la lógica aplastante del absurdo como línea argumental de Bouchard se potencia a lo largo de la exposición con pequeños toques de Groucho Marx aquí y allá («A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos», «Una mañana me desperté y maté a un elefante en pijama. Me pregunto: ¿cómo pudo ponerse mi pijama?»). Y alcanza su punto álgido en «Primer plato: ¡Sorpresa! Y sin aderezos», donde el ilustrador galo da su particular versión de los cuentos clásicos. En «Los leones no comen pienso» despoja al animal de la tradicional metáfora de la valentía o el liderazgo para convertirlo en la mascota de una niña pequeña sin restarle un ápice de fiereza.

Mientras, en «¡Soy el lobo!» aparece la rica intertextualidad, sello personal de Bouchard, con el popular cuento de Caperucita Roja, con el que establece, como si de un milhojas se tratase, diferentes capas de lectura. Por último, «Un hada descontrolada», donde el humor recae en el secreto de un personaje y en la manipulación de las reglas de la ficción. El ilustrador cuenta de nuevo con nuestro conocimiento de estos seres mágicos del bosque para girar, como un caleidoscopio, el sentido de esta historia.

Un postre muy especial

Los discursos que circulan en la sociedad vistos desde una óptica crítica, otra de sus especialidades, se sirven en abundancia en los siguientes dos pases: «Sorbete de prensa», en el que se muestran varias viñetas aparecidas en «Le Point» entre 2000 y 2010, y «Postre: porciones de realidad agridulce». Este colofón a la muestra viene envuelto en un intrigante e inmaculado carro blanco con el que se invita a abrir y cerrar cajones para descubrir las diferentes ilustraciones. Dentro encontramos, «voilà», al Bouchard más profundo con temas como el abuso de poder («El pachá que se aburría»), el sistema de trabajo capitalista («La extraordinaria historia de la gallina Manuela») o las diferencias sociales («Los Simblanca»).

Ilustración de «Los Simblanca», de André Bouchard
Ilustración de «Los Simblanca», de André Bouchard