Biografía

El carmín de Indias del maestro de Murillo

Una investigación rescata la desconocida biografía del pintor Juan del Castillo que enseñó las claves del oficio al joven artista

SevillaActualizado:

Fue quien enseñó a Murillo a descubrir la importancia del dibujo, a matizar colores, a moler pigmentos y a imprimar lienzos aplicando una capa de barro del barro del Guadalquivir, como era usual en la escuela barroca sevillana. Maestro y discípulo intentaban atrapar el secreto de veladuras que escondía la intensa luz que entraba en el taller de la Plaza del Pozo Santo. Un momento mágico en la Sevilla del siglo XVII plasmado ahora en un libro.

Juan del Castillo ha pasado a la posteridad por ser el maestro de Murillo, como ocurrió con Pacheco y Velázquez. Es una de esas hermosas historias de afectos y generosas sabidurías. Sin embargo, era algo no tan habitual como se piensa. Sólo hay que recordar la relación que Herrera El Viejo, por citar otro artista de la Sevilla de la época, tenía con sus alumnos a los que insultaba y terminaba echando de su obrador.

La profesora Lina Malo Lara, desafortunadamente desaparecida poco después de concluir este libro, publicó antes de morir una interesante biografía sobre el maestro de Murillo que sirve para arrojar nuevos datos sobre un artista poco conocido. Porque de Juan del Castillo apenas se sabían algunos vagos datos dispersos hasta que esta joven investigadora se sumergió en los archivos para poner al día una figura relevante en el panorama artístico de la Sevilla barroca.

Hay un curioso y estremecedor detalle incluido en esta biografía publicada por la Diputación Provincial, dentro de su colección de Arte Hispalense. Es un dato que Lina Malo rescató al encontrar el testamento con el inventario de los bienes de difuntos de Juan del Castillo. En ocasiones, esta enumeración de los objetos que posee un personaje a la hora de su muerte parece no tener importancia, una simple y aparente lista de objetos. Pero en realidad es uno de los documentos más reveladores sobre la vida de alguien que murió hace siglos: se citan los muebles que poseía, los títulos de su biblioteca, las ropas que vestía, los cuadros que colgaban en su casa. Apuntes personales sobre gustos y emociones.

Pintado con carmín de Indias

¿Qué aparece en el testamento del maestro de Murillo entre los objetos de su obrador? «Una losa para moler pigmentos, catorce cabezas de yeso que son modelos...». Cosas que formaban parte de la vida del artista. Pero hay algo más:«Seis libras de carmín de granada». Ese es el detalle que nos revela la huella del pintor. No hay más que repasar algunos de los lienzos del artista para descubrir que éste era el color preferido de Juan del Castillo. «De entre estos materiales destaca el carmín, que fue un pigmento muy apreciado entre los pintores de la época;de ahí que resultara importante inventariar esta cantidad de seis libras, cercana a los tres kilogramos. Este pigmento fue utilizado con frecuencia por Juan del Castillo, quien obtuvo en sus pinturas un intenso color rojo que las caracteriza. Especialmente lo empleó en las túnicas de sus Vírgenes», explicaba Lina Malo en su libro.

Si el carmín de Indias fue el color del maestro para sus lienzos marianos, el lapislázuli fue el pigmento preferido y determinante del discípulo. Las Vírgenes vestidas de rojo de Juan del Castillo frente a las Inmaculadas de azul de ultramar de Murillo.

Lina Malo Lara fue alumna de Enrique Valdivieso, la persona que animó a la joven discípula a investigar en la figura de Juan del Castillo. Valdivieso había publicado en 1985 junto a Juan Miguel Serrera el libro «Pintura sevillana del primer tercio del siglo XVII» donde se aportaban interesantes datos sobre el pintor. Sin embargo, consideró que su discípula había ido incorporando nuevos detalles biográficos en diversos artículos. Era el momento de publicar un libro recopilatorio donde además se reprodujeran en color los cuadros del artista. También, en cierto modo, ésta es una hermosa historia de afectos entre maestro y discípula.

Lina Malo Lara era doctora en Historia del Arte y había centrado sus investigaciones en la pintura y el retablo sevillanos del siglo XVII. Muy destacada fue su monografía sobre la Iglesia de San Alberto en el siglo XVII y diversos estudios acerca de la capilla de la Encarnación de la Catedral de Sevilla o los retablos de los Santos Juanes en los conventos femeninos.

La nueva obra de Lina Malo Lara -«Juan del castillo, pintor en la Sevilla del siglo XVII»- sirve como oportuno legado personal de alguien que dedicó su vida al patrimonio y destaca entre lo más notable de las publicaciones realizadas con motivo del Año Murillo.

Esta biografía descubre nuevas perspectivas sobre este artista. «Castillo fue un artista secundario en el panorama pictórico de su tiempo, pero también advertimos que sus aportaciones resultan actualmente esenciales a la hora de valorar lo que su discípulo Murillo realizó, multiplicando intensamente lo que había aprendido con su maestro».

Refuta la investigadora un dato biográfico que se había repetido de forma errónea. Se trata de la relación familiar entre Castillo y Murillo que la tradición citaba como tío y sobrino. No es así. Lina Malo localizó la dote del matrimonio entre Castillo y la hija de Antonio Pérez Murillo, tío de Bartolomé. «Castillo era pues primo político del pintor, no tío tal y como citaban las fuentes».

Lina Malo propone un interesante paseo histórico por la Sevilla de Juan del Castillo descubriendo dónde vivió y situando el taller de la plaza del Pozo Santo, donde aprendería Murillo. También descubre la relación de amistad que tuvo con Alonso Cano. Y, por supuesto, analiza la obra del artista con obras como la «Alegoría de la institución de la Eucaristía», «La conversión de Santa Teresa», «Adoración de los pastores» o «Virgen del Rosario» donde se aprecia el manto sagrado pintado con carmín de Indias.