G. LOBATO  La autora junto a sus instalaciones en la galería Nuevoarte
G. LOBATO La autora junto a sus instalaciones en la galería Nuevoarte

«Me interesa la dualidad luz y sombra, su drama e ironía»

Carmen Salazar, creadora

LARA MARTÍNEZ MARTÍNEZ. SEVILLA
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Un castaño de cuerda ofrece sus frutos a la entrada de la galería Nuevoarte. Sus centelleantes frutos erizo, elaborados con alfileres, comienzan este juego de luces y sombras dando una pista al visitante que, con la primera instalación, ya dispone de un anticipo de lo que le espera en «Sombras, nada más». Entre realidad y ficción. Un despliegue de imaginación. Tras la tela base de este árbol titulado «Sombras marrón glacé» se esconde un mundo minimalista pero repleto de sentimientos y dobles significados creado por Carmen Salazar. El blanco ilumina la estancia que, cálida aunque impoluta, dedica sus rincones a siete estudios de la sombra y la luz. Objetos construidos que, con la delicada textura de los materiales sencillos, permiten que la luz proyectada por cañones muestre un universo de sombras, en un juego que invita a reflexionar desde la contemplación del objeto real, la percepción ideal, combinada de la proyección e, incluso, el título elegido. Éste llegó con forma de tango, entrelazando versos con estos objetos, algunos emiten luz propia consiguiendo que las sombras surjan de su interior («Como luciérnagas llegó tu luz e iluminó las sombras de mi rincón»); otros, fomentan una nueva realidad al combinarse entre ellos y, en su romance, permitir la iluminación directa de esa unión. Entonces nace «Quisiera abrir lentamente mis venas», protagonizado por un corazón y una alambrada. De nuevo, materiales sencillos y humildes (cuerdas de algodón, papel, malla...) con los que Salazar pretende transmitir «fugacidad, a través de las sombras, y libertad, esa idea de evasión. Son materiales opuestos en muchos sentidos, más allá de la luz y la sombra, que al estar trabajados te remiten a otra realidad». Esta sutileza en materiales y objetos elaborados, constante de toda la exposición, son excelentes transmisores de este arte femenino «que no feminista, pero con fuerte expresividad», comenta la creadora. Además de las instalaciones y objetos construidos, «Sombras, nada más» se completa con ocho piezas de pequeño formato que reflejan la esencia de la exposición, con títulos que arrancan una sonrisa al observador («Se le va la pinza») o dobles sentidos («Calabobos») que la artista invita a interpretar al visitante, «desde su perspectiva».

Ironía y tango

Mientras expone «Sombras, nada más» en Nuevoarte, Carmen Salazar se prepara para mostrar también en Madrid. Aunque no ha dejado de participar en colectivas, desde su última individual en 2003 («Interferencias», Nuevoarte) se ha entregado a la formación. Después de sumar conocimientos y referentes, Salazar presenta sus «Sombras...» en la misma galería como una conjunción entre la «evolución experimentada desde su trabajo anterior y un punto de inflexión o de partida» para comprender lo que ahora está dispuesta a desarrollar. Nuevas vueltas a esa tuerca que es el arte y que la enamoró sumergiéndola en una relación a la que se entregó sin cortapisas. En esta muestra divertida pero desgarradora, los títulos toman gran importancia. Los toma prestados del tango homónimo de Lomuto y Contursi (1943). En un mismo espacio «convergen drama y divertimento, lo siniestro de las sombras, a lo que estamos acostumbrados, unido al goce sensorial, la ironía y la contemplación, más características de Oriente». Hasta el 5 de abril, en San Vicente, 32.