Javier Bassecourt
Javier Bassecourt - Raúl Doblado
Exposición

Javier Bassecourt: «Da coraje que la gente se pierda el realismo»

El artista cordobés presenta sus obras en la Fundación Caja Rural del Sur bajo el título, «KLORIS, VIS ... CR2O3»

Marta Carrasco
SevillaActualizado:

Al entrar en la sala de exposiciones de la Fundación Caja Rural del Sur, una extensa vegetación repleta de color de infinitas tonalidades aplaca el blanco de las paredes. Son las veinte obras del pintor Javier Bassecourt Marín (Córdoba, 1974), que se presentan con el título, «KLORIS, VIS ... CR2O3».

El artista confiesa dibujar desde pequeño, pero no pintar, «la verdad es que pinto porque a los dieciocho años una profesora me comentó que podría dedicarme a las Bellas Artes». Siguió el consejo, se mudó a Sevilla a estudiar la carrera, aunque luego la vida le condujo a la enseñanza, pero no a enseñar a dibujar, sino a las artes escéncias. «Me lo pasé muy bien en la carrera, creía que había aprendido mucho, pero qué va. Me habían enseñado sólo el inicio del camino, y yo empecé luego a andar sólo».

Cuando probó la enseñanza, pensó que era un mundo muy vivo, «me gustó desde el primer momento. He recalado en un instituto que imparte artes escénicas y doy cultura audiovisual, cine, publicidad, me lo paso pipa con mis alumnos».

Nunca abandonó la pintura. Recuerda con una sonrisa su primera exposición, «fue en un bar de la calle Pureza que cerró a la semana de inaugurarla». Continuó pintando, se presentó a premios y ha hecho numerosas exposiciones, «pero no me suelo meter en temas institucionales, como ayuntamientos y centros así, prefiero el ámbito comercial, porque yo no sé vender mi obra».

Durante toda su trayectoria se ha dedicado al paisaje urbano pintando al natural, «ahora mismo me estoy dedicando a la vegetación. Pienso en abstracto, así es mi primer boceto, pero cuando llego al lienzo ahí se acaba la abstracción. Yo lo que hago es pintar por pintar».

Es tan perfeccionista que pone muchos cuadros contra la pared, «incluso he dejado muchos en mi estudio, y también me ocurre que pinto sobre otros cuadros que no han cumplido las expectativas. Eso lo hago mucho y me parece fascinante. Es decir, esta exposición está repintada encima de cuadros que se han quedado atrás». Prefiere la luz del natural porque esa luz cambiante, «es lo que le da fuerza a mis cuadros».

Reconoce que la pintura es «una necesidad casi física. Si no pinto todos los días, me duele el estómago», y dice sentirse desubicado en el actual mundo del arte por ser un pintor realista, «vas a cualquier certamen o cualquier premio y tienes que pintar de una determinada manera. Si yo cojo un fragmento de uno de mis cuadros y lo amplío a dos por dos y pintura ancha, puede que se fijen en mi. Pero con mis cuadros de grandes pinceladas expresivas, no tengo nada que hacer. No me preocupa, pero si me da coraje que la gente se pierda el realismo. Son tendencias, aunque está bien que las haya y que estemos en una tendencia minimal. Lo que ocurre es que en las casas ahora no se ponen cuadros».

Amante de Basquiat, Bacon o Lucien Freud, también admira a Antonio López, «pero me gustaría parecerme más a Bacon», y no se encaja en ningún grupo o generación, «voy por libre». Prepara los bastidores y la madera, «porque soy muy azaroso con los formatos y prefiero hacerlos yo», y cultiva la figura humana y el retrato, «pinto muchos personajes de la calle. Gente a la que le pido que se esté quieto un momento y lo hacen. Les invito a un café, y hago un apunte».

En su actual forma de pintar va «poniendo» pintura, «en las anteriores restaba. En la anterior todo con espátula, quitaba y quitaba. Eran cuadros casi planos, y esta vez, no, mucha pintura. No sé, no me doy cuenta cuando lo hago, se analiza después», afirma.