Peter Cherry, Anabel Morillo, Juan José Asenjo, Juan Espadas y Benito Navarrete en los Venerables
Peter Cherry, Anabel Morillo, Juan José Asenjo, Juan Espadas y Benito Navarrete en los Venerables - JUAN JOSÉ ÚBEDA
LIBRO

Un libro revisa la imagen bondadosa de Murillo, que llegó a estar en la cárcel

El especialista Benito Navarrete presentó este jueves su volumen «Murillo y las metáforas de la imagen»

SEVILLAActualizado:

«Un Murillo para el siglo XXI». La afirmación del profesor de Historia del Arte del Trinity College de Dublín, Peter Cherry, resume muy bien uno de los propósitos del volumen «Murillo y las metáforas de la imagen» (Cátedra), en el que su autor, el profesor de la Universidad de Alcalá de Henares y reconocido experto en pintura española del XVII, Benito Navarrete, ha volcado años de estudio sobre el pintor sevillano.

El volumen, que se presentó este jueves en la iglesia del Hospital de los Venerables, sede de la Fundación Focus, tiene entres sus principales conclusiones presentar una renovada visión sobre el Murillo artista y su obra, cuya retrato, lamentó el investigador, ha estado muchas veces marcado más por la «hagiografía» que por la construcción de una «biografía».

Esta imagen bondadosa e, incluso, virtuosa que la historiografía del arte ha ofrecido tradicionalmente de Murillo proviene, señala Navarrete en su libro, de su propia pintura, especialmente, la de temática religiosa. «La historiografía ha construido una imagen equivocada de su pintura y personalidad», señaló, cuando ha sido el propio pintor el «principal responsable de su imagen y de su pintura».

«Murillo se encargó de gestionar su propia fama y lo hacía de forma premetidada», explicó el especialista. Su objetivo era que el público tuviera de él una imagen de bondad, lo que «era una estrategia suya y que no tenía demasiado que ver con la realidad».

Murillo estuvo preso en 1655 porque no tenía dinero para pagar el alquiler de una casa, por tener todo invertido en la carrera de Indias

En ese sentido, Navarrete señala diversos episodios en su libro que ilustran esa estrategia del pintor sevillano, como la participación en desfiles procesionales o en la hermandad de la cofradía del Rosario, que se debían «no solo a la profesión de su fe, sino a un evidente interés profesional, cuando no mercantil».

De hecho, recordó Navarrete, «el artista estuvo preso en 1655» porque no tenía dinero para pagar el alquiler de una casa propiedad del cabildo catedralicio, frente al monasterio de Madre de Dios, por tener toda su fortuna invertida en la carrera de Indias. Un hecho que Navarrete recoge en su libro por un estudio recientemente documentado de Pablo de Hereza.

Estos episodios, sin embargo, quedaron eclipsados por la imagen de bondad que el propio pintor y su obra generaron en la Sevilla del XVII, pues, como señala este investigador, «Murillo manejaba las redes sociales como nadie». Además, tanto la nobleza como la Iglesia, sus principales compradores, descubrieron muy pronto la «fantástica capacidad» del pintor para transmitir sus mensajes.

Esa capacidad para dotar de «aura» a su obra, siguiendo el concepto de Walter Benjamin, en opinión de Navarrete, anticipado por Baltasar Gracián, hacen de Murillo un artista «anacrónico», es decir, con capacidad para trascender su época, porque «el poder de sus imágenes» las ha hecho más importantes que las circunstancias históricas en las que fueron creadas.

En ese sentido, Navarrete citó la «Inmaculada» que el mariscal Soult expolió del Hospital de los Venerables y que, posteriormente, se convirtió en la obra subastada que alcanzó más valor en todo el siglo XIX y que adquirió el Museo del Louvre. Una pintura que seguía generando atracción a mediados del siglo pasado, cuando el franquismo logró que volviera a España gracias a un intercambio de obras de arte con el Gobierno de Petain.

El investigador recordó en la presentación la portada publicada por ABC de la llegada del cuadro a la estación del Mediodía de Madrid y cómo la obra por encarnar «los más bellos ideales de la catolicidad», en palabras del marqués de Lozoya, se convirtió en un instrumento de propaganda del nacional catolicismo, por cuanto la «Inmaculada» seguía mostrando «la iconografía del poder», explicó Navarrete.

La obra muestra la indisociable relación entre el pintor, Sevilla y el Hospital de los Venerables

Otra de las conclusiones presentes en la obra es la «relación indisociable entre el pintor, Sevilla y el Hospital de los Venerables, no solo por la relación entre Murillo y su mecenas e impulsor de la construcción de este edificio, el canónigo Justino de Neve, sino por la importancia de las obras que fueron destinadas a él, como la citada «Inmaculada» o el «San Pedro Penitente de los Venerables».

La presentación del libro contó con la presencia del arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo; el alcalde de la ciudad, Juan Espadas; la directora general de la Fundación Focus, Anabel Morillo; y el profesor Peter Cherry, quien destacó que el volumen muestra la «madurez intelectual» de Navarrete, al presentar aspectos desconocidos de Murillo como su dimensión de «pintor erótico en la pintura de género».

Por su parte, el arzobispo consideró que el libro de este especialista va a convertirse en una «referencia inexcusable para quien quiera decir algo útil sobre Murillo» y recordó que su autor es un «experto» en la obra de este pintor y en el Barroco español.

El alcalde, tras señalar que Murillo es «el pintor sevillano por excelencia», valoró una obra que muestra que no solo fue el «pintor de lo divino y los cielos», parafraseando a Fernando de la Torre Farfán.

Finalmente, la directora general de Focus destacó la trayectoria académica de Navarrete y su vinculación con la fundación, con frutos como la atribución a Murillo de la «Santa Catalina» o su contribución a la apertura del Centro Velázquez. «Tiene pasión por el trabajo y una generosidad extraordinaria», añadió Morillo.