Rocío Ruz

Luis Gordillo: «Cuando vengo a Sevilla, la ciudad me transforma»

El pintor sevillano inaugura la exposición «Gordillo insiste (aún)» dieciséis nuevas obras, algunas de gran formato, en la galería Rafael Ortiz de Sevilla

SevillaActualizado:

Luis Gordillo (Sevilla, 1934), dice que nunca «se ha creído», y que le costó muchísimo trabajo llegar a ser pintor. El artista presenta en Sevilla dieciséis nuevas obras en la galería Rafael Ortiz bajo un título que revela mucho el talante de este pintor: «Gordillo insiste (aún)».

«Si, yo sigo insistiendo. Y sí, es todo nuevo. Es que yo le doy mucha importancia a esta galería. Esta es mi tierra y para mí es importante. Y una tierra que me quiere, me ha distinguido y yo quiero ser receptivo, y no es cualquier cosa para mí. Yo vengo a Sevilla y la ciudad me transforma. Vivo en una urbanización a veintitantos kilómetros de Madrid y aquello es muy aburrido y muy solitario y vengo aquí y todo me parece maravilloso», dice sonriendo.

Hablamos sobre su generación, los del 34, unos grupo de modernos en una ciudad conservadora, «la ciudad era muy conservadora, y los que estaban en la Escuela de Bellas Artes eran muy paletos. Nos tuvimos que hacer a nosotros mismos. Estoy hablando de Carmen Laffón, José Luis Mauri... Ahora Sevilla está mucho más animada que en mis tiempos, donde no había una crítica razonable, ni artistas despiertos. Estaba Miguel Pérez Aguilera, un excelente profesor que amaba su trabajo y nos orientó muy bien».

Dice que ha visto cambiar Sevilla desde el exterior, «me fui a París y a Londres, y luego a Madrid a malvivir, pero nunca tuve conciencia de pasar sacrificios. Ahora que lo pienso, creo que lo hice bien. Y sí, ultimamente ha cambiado mucho la ciudad, hay críticos buenos, hay galerías que funcionan bien y un espíritu en el ambiente. Sevilla no es una ciudad atrasada, aunque claro, influyen las nuevas comunicaciones y el Internet. Hoy se puede ser pintor universal desde Sevilla».

La Fundación que va a tutelar su obra ya está constituida. Cuando finalice la exposición de Murillo, en marzo se hará la exposición permanente de su obra en el Espacio Santa Clara. Una serie de 37 dibujos sobre el mito de Carmen y obra gráfica. «Esos dibujos los hice para una exposición que hizo mi hermano José Manuel con Luis Montiel en Madrid. Yo no había participado en la exposición sobre Don Juan, y mi hermano me llamaba traidor, así que esta vez hice los dibujos de «Carmen». Ahora por amor a mi hermano y a la ciudad, y porque mi abuela se llamaba Carmen, era cigarrera y de Triana, en recuerdo a todo eso, le regalo la serie a la ciudad».

Los «raros» sevillanos

Dicen de Gordillo que está en esa categoría de «raros sevillanos», y el contesta con amplia sonrisa que, «aún no tengo capacidad de creerme, y en parte eso ha sido un motor. Ha sido un defecto y una virtud, porque eso me espolea mucho, como nunca consigo lo que quiero hecho toda la leña al fuego». Confiesa que la pintura es su terapia, «desde el principio. No sé qué haría yo sin la pintura. Soy un depresivo crónico y eso me auxilia. Pintar es muy duro y más difícil de lo que la gente piensa, pero de alguna manera me saca de mi mundo. Me equilibra».

Llegar a su edad siendo conocido cree que es muy difícil, «la gente me apoya. He tenido suerte. Conozco a muy buenos pintores que han tenido que renunciar, no a pintar, sino a ser admitidos arriba».

Está preocupado por el momento actual de la pintura, «pasa por un momento difícil. A partir de la mitad del siglo XX, Duchamp dejó de pintar e hizo otras cosas. Picasso ya no es el hombre del siglo XX, es Duchamp. Y cuando aparecen lo minimal, el arte povera..., la pintura va sufriendo y cada vez más. Ahora vas a la Documenta de Kassel y apenas hay pintura. Si vas a Basilea, sí, porque la pintura se vende y el arte complicado es muy difícil que alguien lo compre. La pintura sigue siendo más comercial, pero a nivel de la alta crítica, de los «cardenales y obispos» de la crítica, la pintura no está bien vista».

Para Gordillo, una cosa es la teoría de los grandes magnates de la crítica y otra cosa son los comerciantes, los que venden cosas para poner en las paredes».

Dice haber seguido todas las vanguardias, de hecho se inició en el informalismo y siguió con el arte pop, «siempre he sido muy curioso, pero últimamente empiezo a sentirme alejado del arte conceptual, que es la línea protagonista actual. Se me escapa, la verdad».

La proliferación de museos de arte contemporáneo no le parece un problema, «hay muchos artistas y con muchas ganas de vender. Además, ocurre por ejemplo, Soledad Lorenzo cierra su galería y cede al Reina Sofía su colección, un montón de cuadros; Elena Asins se muere, y también los cede al Reina Sofía. Esto es habitual. Yo, por ejemplo que tengo una sala en esa museo, he cedido una serie de obras al Reina Sofía, y para mí es un honor que estén allí. Un museo cuando tiene un cierto nivel, no tiene problemas de obras, lo que sí empieza a ser un problema es el almacenaje y cómo se utiliza esa obra. Los almacenes empiezan a ser protagonistas en los museos».

Las etapas pictóricas

Del informalismo, pasó al informalismo figurativo, y luego al pop, pero no sin dificultad. «Yo dejaba de pintar cada dos por tres, muchas veces. Había meses que no pintaba. En París me saqué el título de profesor de idiomas en la Sorbona y no pintaba, no me lo creía. Luego me puse a hacer oposiciones de Derecho, porque tenía que ganarme la vida. Tardé mucho en creerme lo de la pintura».

Su pasión por la música le llevó a estudiar música y a tocar el piano, «me gusta ser compositor, actualmente me pongo al piano e invento cosas».

Trabaja con fotografía desde los años 70, y hoy tiene una exposición en el museo de Alicante sobre esa época, «nunca he dejado la fotografía. Hago fotos de mis cuadros en el estudio, trabajo con el ordenador, me gusta».

En el año Murillo también le ha dado tiempo a reflexionar sobre este pintor, «creo que no lo valorábamos porque lo tenemos muy cerca. Murillo ha sido como el «hermano malo» de Velázquez. Velázquez es mucho mejor pintor que Murillo, Velázquez es la cumbre. Pero es verdad que pensábamos que Murillo era un pintor menor, un poquito cursi y blandito, y ahora se está demostrando que era un gran pintor. Se está renovando la figura de Murillo».

Mirando a su alrededor le da «susto» el totalitarismo que se ve por el mundo, « es como si la historia tuviera ciclos. Ahí está Trump, creíamos que era el único, y no es así. Da susto».

Medalla de Andalucía, HijoPredilecto, Medalla de Oro de las Bellas Artes, Premio Nacional de las Bellas Artes, Premio Velázquez, «sólo me queda el Príncipe de Asturias, pero a nivel de pintura es más destacado el Velázquez. Cuando tengo dudas y me siento mal, me acuerdo del Premio Velázquez y se ma pasa», asegura.