«La mulata o la cena de Emaús», de Velázquez
«La mulata o la cena de Emaús», de Velázquez - ABC
Historia

Las negras de Sevilla que bailaban en el Corpus

Jesús Cosano publica la segunda entrega de de «Los invisibles» dedicada a las mujeres esclavas en la Sevilla del Siglo de Oro

SevillaActualizado:

Bailaban y cantaban con sonajas y tamboril en los carros de representación del Corpus, pregonaban las obras de los corrales de comedias y los domingos y días de fiesta danzaban en la plaza de Santa María la Blanca famosas y bulliciosas zambras. Habitaron durante siglos en Sevilla los negros bozales, ladinos, mulatos, prietos y morenos. Aparecen en celebrados cuadros de los grandes maestros del Siglo de Oro. Y Cervantes describió Sevilla como un tablero de ajedrez o un juego de damas por el contraste racial entre blancos y negros.

El investigador, productor y escritor Jesús Cosano lleva décadas estudiando la presencia histórica de los negros en Sevilla. En 2017 inició la colección «Los invisibles» con la publicación del primer volumen, «Hechos y cosas de los negros de Sevilla» (Acongagua Libros), que ahora continúa con la segunda entrega, «Las negras de la Inmaculada».

Ahora se ha centrado en el papel de las mujeres negras en la Sevilla antigua indagando así en las invisibles de los invisibles. El resultado es un curioso libro que rescata a personajes reales cuya único recuerdo de su existencia es una mención en legajos perdidos en los archivos. En el libro, Jesús Cosano ‘resucita’ a las negras recuperando sus nombres y sus difusas historias en libros de enterramiento o en los inventarios de bienes de difuntos donde el nombre de los esclavos aparecía junto a los muebles que eran propiedad del amo. Así lo explica en el prólogo la investigadora Maribel Cintas: «Las mujeres negras que aquí aparecen son mujeres sin reconocimiento más allá de por su físico, abusadas en todos los aspectos de su ser, y casi siempre sin nombre o apellido:la mulata Bárbola, Guantes de Ámbar, la negra del hospital, la negra Juana, Polonia la negra...».

Lo singular de este libro es que las historias toman a veces el vuelo de un relato pues hay parte de ficción en lo que se cuenta. Sin embargo, lo sorprendente es cuando una nota a pie de página descubre que lo que parecía literario es rigurosamente histórico.

Así, en este ensayo literario pero rigurosamente histórico aparecen la negra de San Juan de la Palma; la mulata María Franzisca, llamada Guantes de Ámbar, o la Marqués, negra centenaria de San Bernardo. Jesús Cosano investiga en los documentos relacionados con relevantes personajes de la historia de la ciudad que o bien poseyeron esclavos -costumbre que era habitual- o se dedicaron al tráfico humano como el propio Tovar, el dramaturgo Felipe Godínez, el canónigo Justino de Neve o el también dramaturgo Diego Jiménez de Enciso, que llegó a ser caballero veinticuatro, alguacil mayor de Sevilla y alcaide de los Reales Alcázares. Y es que el negocio de los tratantes de esclavos o negreros otorgaba grandes rentas.

detalle de negros bailando en el lienzo de Domingo Martínez «Carro de la Alegría»
detalle de negros bailando en el lienzo de Domingo Martínez «Carro de la Alegría» - ABC

Sevilla fue uno de los mercados de esclavos más activos. Los negros se compraban en pública subasta en las Gradas de la catedral y en la Plaza de San Francisco. Hasta el año 1596 se había utilizado también el Patio de los Naranjos, pero el cabildo catedralicio lo prohibió.

En esta segunda entrega, Jesús Cosano rescata a las negras de Sevilla narrando su participación en destacados actos de la ciudad como el Corpus. El investigador recupera documentos en los que se cita a una de las esclavas de Miguel Cid, el cantor de la Inmaculada, o a Leonor Rica que acompañada por otras cuatro mulatas provocaba el asombro con sus danzas y cantos con sonajas y tamboril en los carros de representación del Corpus. Cosano asegura que esta mujer logró cierta fama e incluso ella misma se encargaba de negociar con las autoridades.

Sorprende la presencia de negros en determinadas liturgias religiosas. Cosano recuerda que el arzobispo Pedro de Castro publicó una pragmática para bautizar a todos los negros de Sevilla pues las ceremonias que se hacían en África eran meros trámites. Y así descubre la propuesta para preparar una mascarada musical en la que los negros «tenían que hacer disfraces, crear canciones para la Inmaculada, ensayar los bailes con los que acompañarían y diseñar los carros». Y recupera de la Biblioteca Nacional las letras de los villancicos que los negros cantaron en la iglesia del Salvador en los solemnes maitines de la Concepción de Nuestra Señora la Virgen María en 1698.

Los ‘invisibles’ negros de Sevilla forman parte del paisaje humano de la ciudad. Sólo hay que buscarlos en archivos, en antiguas crónicas, aplicando la lupa de la curiosidad en un detalle olvidado en un cuadro. Jesús Cosano no se detiene sólo en narrar la historia de personajes reales. También indaga en los lugares, en los espacios relacionados con el mundo de los negros en Sevilla.

Por ejemplo, descubriendo dónde se encontraba el cementerio de negros, y que también era de judíos, en los terrenos de la huerta de Espantaperros. El lugar estaba en el sector comprendido entre la Puerta de Carmona y la de Minjoar (de la Carne) y muy cerca de los mataderos que mandaron edificar los Reyes Católico. «Está documentado como el primer enterramieno de esclavos negros que se conoce en España», explica el autor.

En los mapas de Sevilla también aparece el llamado corral de los Negros, que estaba en la calle Roças, que hoy recibe el nombre de Rositas, y que compraron dos hermanos de Santa Teresa cuando llegó a la ciudad para fundar un convento de carmelitas descalzas.

Buscando en antiguas crónicas, Jesús Cosano recupera una fiesta que en 1606 tuvo lugar en la Huerta de San Juan de Aznalfarache en casa del veinticuatro don Diego Colindres. Se trató de un certamen poético burlesco en el que se incluían también farsas de asunto mitológico y donde participaron Juan Ruiz de Alarcón y Diego Jiménez de Enciso. En la comedia hubo «doce negros vestidos de indios, con panderetes, adufes y guitarras».

Sin embargo, los negros no sólo destacaron en los paisajes sonoros. También hubo algunos dotados para el conocimiento como ocurrió con Tomé, el esclavo que se ocupaba del famoso jardín botánico de Simón de Tovar donde se plantaron algunas especies traídas de América.

En este jardín, que estaba a la salida de la Puerta de Carmona, se plantaba tabaco, hierba del sol, áloe americana, árbol del coral o cardo santo del Perú. Tovar, que además de eminente botánico era traficante de esclavos, dejaba al negro Tomé cuidando de su jardín incluso dedicado a especies como los tubérculos de nardo. Simón Tovar fue el introductor de esta especie en Europa.

Cosano también rescata a una mulata que nació en Alhama (Granada) y que vivió un tiempo en Sevilla: Elena de Céspedes, hija de una esclava negra y su amo.

Céspedes fue la primera mujer cirujana titulada del mundo y sufrió un proceso inquisitorial por hechicera y por casarse con otra mujer, María del Caño, vecina de Ciempozuelos siendo condenada a doscientos azotes. «Curó a muchas personas y se fue haciendo famosa gracias a sus curaciones casi milagrosas. Las gentes cada vez acudían más a su consulta, hasta el punto de que el hospital donde trabajaba se quejaba de la popularidad y los disturbios que originaba la mulata», recuerda Jesús Cosano.