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«Triana pura y pura» rememora «la noche de los cristales rotos gitana»

Evoca la expulsión de la comunidad gitana de ese barrio sevillano en los primeros años sesenta, en lo que Matilde Coral denominó «la noche de los cristales rotos»

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«Triana pura y pura», documental sobre el flamenco de los gitanos de Triana, que será estrenado mañana en el Sevilla Festival de Cine Europeo, evoca la expulsión de la comunidad gitana de ese barrio sevillano en los primeros años sesenta, en lo que Matilde Coral denominó «la noche de los cristales rotos».

La expresión de la bailaora, coreógrafa y maestra de varias generaciones de bailaoras ha vuelto a ser empleada hoy por el coproductor y director del documental, Ricardo Pachón, al explicar cómo la especulación inmobiliaria provocó la diáspora gitana trianera a barriadas de la periferia y chabolas de uralita sin agua ni luz.

En 1955, la familia de Ricardo Pachón se fue a vivir al primer bloque de pisos que se habitó en el actual barrio de Los Remedios, junto a Triana, y desde la ventana de la cocina observaba la Cava de los Gitanos y tanta curiosidad le suscitó que ha confesado hoy: «Acabé cayendo en el pozo».

El pozo sin fondo de la afición al flamenco hizo que, cuando se convirtió en estudiante de Derecho, frecuentara los corrales de vecinos de Triana y las constantes celebraciones que se organizaban por cualquier motivo hasta intimar con «aquellos gitanos tan elegantes» que integraban las estirpes de los Montoya, los Vargas y otras familias flamencas.

Su amistad con ellos continuó en la periferia urbana, a la que estas familias fueron condenadas, a las chabolas de la Corchuela y del antiguo Polígono de San Pablo, de tal modo que, en 1983, tuvo la feliz idea de citar a los más viejos en una gala en el sevillano Lope de Vega, que grabó.

Aquel sonido, aquellas imágenes son ahora la base de «Triana pura y pura», una muestra del flamenco más auténtico que, si no se ha perdido del todo, ha sido por la labor de Ricardo Pachón, a quien alguien ha definido como «el no artista que más ha hecho por el desarrollo y la evolución de flamenco» -entre otras muchas cosas, produjo el revolucionario disco de Camarón «La leyenda del tiempo».

Aquella gala de 1983 fue «un regalo de los viejos a Sevilla», artistas de 60 y de 70 años que hicieron «una fiesta impecable» a pesar de que Sevilla había cometido con ellos, según Pachón, «el crimen del siglo» al expulsarlos de su barrio, por lo que el documental integra un reportaje fotográfico que muestra la crudeza de cómo se llevó a cabo aquella operación.

Gitanos llorando junto a sus casas, cordones policiales, bomberos preparados para intervenir junto a las máquinas demoledoras, los camiones de la mudanza agolpándose bajo los balcones desde donde eran echados los últimos enseres... La fiesta se acabó en Triana, pero el genio pervivió en la periferia, y Ricardo Pachón lo filmó.

Aquella noche de 1983, en el Lope de Vega la comunicación circular se hizo presente, y el público obvió la barrera del escenario, de modo que muchos artistas se levantaban y se iban sumando a los viejos que ocupaban el escenario para intervenir en la fiesta improvisada, según ha contado Pachón.

El cierre lo puso bailando el patriarca de los Farrucos, con una actuación que hasta Pachón, con lo que ha visto, ha calificado de memorable.

La filmación de aquella noche supone «el último documento de un patrimonio irrepetible», de modo que el productor Gervasio Iglesias ha confesado hoy a los periodistas que, cuando llevaba revisados cinco minutos de cinta, ya se le habían saltado las lágrimas y ya sabía qué documental quería hacer con aquel material histórico.

«'El Titi' bailaba en una loseta, no hace falta tanto ruido...», ha dicho Pachón sobre el arte de Triana, sobrio, sencillo, clásico, profundo, puro, alegre y trágico, cualidades de las que otros artistas se sabían poseedores, como «Tragapanes», que las recordaba a los suyos mientras agonizaba.