Ana Barriga en la zona de su taller en la que desarrolla su obra
Ana Barriga en la zona de su taller en la que desarrolla su obra - M. Lozano
ARCO 2019

Ana Barriga: «Parece que hemos avanzado muchísimo pero todavía nos queda liberarnos y respetarnos»

La artista jerezana Ana Barriga abre las puertas de su taller-vivienda a ABC Cultural, donde descubrimos cómo se prepara para la semana del arte de Madrid, en unos días en los que su obra se incluye en «Generaciones'19», de La Casa Encendida

MadridActualizado:

Elige los «cacharros» que luego pinta con «una mirada turbia» mientras se pregunta en qué estaba pensando la persona que los había diseñado. Imágenes religiosas, juegos infantiles, animales... Ana Barriga (Jerez de la Frontera, 1984) «caza» muchos domingos en el Rastro figuritas que, normalmente, tienen cara de «golfos o pillines» y que le sirven de inspiración para sus obras. Desde su punto de vista, mercadillos como el madrileño son un «cúmulo de desechos». «Siempre nos vamos a los monumentos, exposiciones y demás, pero estos ámbitos sirven para conocer la muchedumbre que desprende una ciudad», explica.

La artista, que repetirá en ARCO 2019, manipula los objetos que consigue en mercados o tiendas de segunda mano. En su taller, que es un espacio de su propia vivienda, los corta, los ensambla, los pinta y hace todo lo necesario para poder contar una idea a través de los mismos. Después, hace bodegones que fotografía y en los que se basan la mayoría de sus cuadros. «Normalmente tengo la imagen siempre delante y voy manipulándola a la vez que el cuadro se va haciendo. No hay una idea clara desde el principio».

No obstante, la fotografía no le basta para entender la forma del objeto. Ana Barriga necesita tener el material presente. «El peso que tiene, la textura, eso que tiene tocar... No puedo pintar a través de una foto y nada más».

Bultos redondos

Para lograr el contraste que predomina en sus lienzos, la artista utiliza todo tipo de pinturas: «Óleo, esmalte, rotulador, espray... Todo lo que me sirva para mantener esa sensualidad que tiene la propia materia». Le interesan enfrentamientos como el que surge al aunar un esmalte con un óleo, técnica que ella define «como un desgarro».

Los objetos que retrata en sus obras parecen bultos redondos que se salen de los lienzos. Según Ana Barriga, ese efecto atiende quizá a que antes de pintar hacía esculturas, muebles y elementos tridimensionales.

«Tenía una asignatura de pintura y me obligaron a comprar materiales, soportes, acrílicos... Me enganché por completo»

«Empecé con la ebanistería y me gustó. Quise ampliar mi formación y estudié diseño de muebles. Seguí haciendo módulos y ya después me picó el gusanillo de entrar en la facultad. En primero tenía una asignatura de pintura y me obligaron a comprar materiales, soportes, acrílicos, y me enganché por completo», recuerda.

Al principio, la jerezana pintaba a partir de fotografías que encontraba por internet. «Hacía collages de imágenes y todo eran tintas planas, una locura. Eso se me agotó muy pronto y di el salto al objeto. Ahí sí hubo una transición interesante. Entonces entendí mejor la pintura, aunque a día de hoy me cuesta hacerlo».

Humor y sarcasmo

Barriga trabaja temas universales que la inquietan, pero de una manera personal. ¿Un ejemplo? La sexualidad, la muerte, la política, la religión... Considera que son cuestiones que están muy arraigadas y las trabaja con un carácter de humor o sarcasmo. «Es como utilizar la ironía para restarle seriedad a estas ideas que son tan solemnes». Según la artista, «en el arte y la cultura estamos calmados en el crecimiento» porque todavía hay asuntos, como el sexo o la religión, que deberían ser naturales y nos siguen sorprendiendo. «Parece que hemos avanzado muchísimo pero aún nos queda liberarnos y respetarnos», sentencia.

Para ella, un artista es difícil de definir, pero tiene claro que su profesión es «pura magia». «Tenemos como esa cosa de alquimia, de jugar con la realidad, de poder inventarnos realidades paralelas». Se trata de dar un mensaje a la sociedad. Por ello sostiene que «el arte, a cuanta más gente llegue, mejor». El precio de sus cuadros depende del tamaño. Los más pequeños cuestan unos 600 euros y los más grandes, unos 6.000. «Que me compre mis obras un supercoleccionista está muy bien porque los artistas tenemos que vivir de algo, pero a mí me interesa muchísimo que gente que no tiene ni idea se acerque, me pregunte y que incluso quieran comprar obras», aclara Barriga.