La pintora muestra a ABC varias obras de su próxima exposición
La pintora muestra a ABC varias obras de su próxima exposición - M. DORADO
ARTE

Carmen González Castro: «Hay obras que, de no haber sido robadas, se habrían perdido»

La artista expone estos días en el Palacio de la Madraza, en Granada, un proyecto que habla de la pérdida y la ausencia, sobre el pasado y el futuro del patrimonio artístico

Madrid Actualizado: Guardar
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La revisión de la Historia del Arte y la mitología clásica son temas recurrentes en la obra de Carmen González Castro (Granada, 1982). No solo es pintora, sino que además es pianista. Esta artista multidisciplinar compagina la producción de obra en su estudio, La Nada, con la docencia en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid. Su obra se expone ahora en Granada, en el Palacio de la Madraza. Así lo explica ella.

¿Qué es el arte para usted?

Es una necesidad, una pulsión y una inquietud continua que lleva a preguntarse cosas y mirar de una manera diferente lo que se tiene más cerca. Cuando estoy creando, pretendo trasladar al que mira la obra la misma emoción que a mí me produjo en un momento dado lo que estoy representando, aunque no siempre sea de la forma en que a mí me gustaría.

¿En qué momento decide dedicarse en firme a la producción artística?

Empecé a crear en 2014, sistemáticamente, como podía: primero, en mi habitación; luego, en un estudio que me prestó generosamente un amigo… Me concedieron una beca de unos meses en La Térmica, en Málaga y, después, volví a Madrid. Mi primera exposición individual fue en 2014 en una galería de Granada que ha desaparecido ya, llamada Punto Rojo, donde presenté las series «Doppelgänger» y «Anamorfos».

Sobre el arte: «Es una necesidad, una pulsión y una inquietud que lleva a preguntarse cosas»

De todos los proyectos que ha realizado hasta ahora, ¿cuál es su favorito?

En Granada hice la exposición individual a la que más cariño le tengo, «Introspectiva», en el Instituto de América en Santa Fe, que es un espacio fabuloso. Siempre he pensado que era un lugar para artistas que llevan mucho tiempo produciendo. Sin embargo, como hice mi tesis sobre el uso del espacio como material para la obra de arte, tengo cierta facilidad para comprender los espacios o para adaptarme a ellos. A pesar de la magnitud de aquel sitio, yo creo que quedó una exposición bonita. Incluía un mural que fue un gran reto, porque eran siete metros de altura por nueve metros de ancho. Necesité un andamio y un asistente que me ayudase a mezclar colores y a limpiar pinceles. Eran tres salas rectangulares y presenté tres series: «O tempora, o mores», «With the Inside Out» e «Introspectiva».

A Granada ha regresado con nueva exposición.

Así es. «Etimología de la nostalgia», en el Palacio de la Madraza desde el 30 de enero. Me gusta el emplazamiento porque dialoga bien con el proyecto que presento en esta ocasión. Esta exposición ha surgido a propósito de una beca de producción que he recibido de la Universidad de Granada. Ha requerido una investigación previa bastante detectivesca, que ya había iniciado antes de que me concediesen la ayuda para la producción. Me he centrado en el periodo de la Guerra de la Independencia, porque justo después de la misma se fundaron los museos públicos con el espíritu de liberalizar los bienes que habían pertenecido a la Iglesia y a la aristocracia para el acceso a todo el mundo.

¿Qué pretende comunicar con este proyecto?

Lo que a mí me toca más del mismo es el olvido de las cosas, el despojo, la desarticulación que han sufrido las obras, hasta el punto de que hoy vas, por ejemplo, a la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Loeches y te parece una arquitectura más, peladísima, anodina, con reproducciones, con obras espantosas o yesos de poca calidad. Allí hay un mural pintado que, en realidad, sustituye obras de Rubens, de Veronese, Tiziano…

Lo que he hecho ha sido localizar obras muy capitales de nuestro patrimonio que fueron sacadas del país en ese periodo, que siguen estando fuera y que han ido a parar a museos como la Alte Pinakothek de Múnich, la National Gallery de Londres o el propio Louvre. Juego con el hueco que ha dejado la obra y lo muestro. También recreo la situación de las obras desaparecidas pintándolas en los lugares en los que estaban y luego intervengo en ellas con una agresión –que es una metáfora de la sufrida entonces por el patrimonio–, rayando la obra, raspándola con un punzón, retirándola con una gubia de su soporte, como arrancando la pieza de donde estaba.

«Mi proyecto habla de la pérdida y la ausencia, pero no por ello defiendo la restitución»

En estos momentos, está abierto el debate sobre la restitución de obras que fueron expoliadas en el pasado. ¿Considera que España debería pedir la devolución del arte robado?

Me hace gracia que el debate no se centre en que siguen saliendo obras. Como consecuencia de la crisis, familias que poseen patrimonio de obras muy notables se siguen desprendiendo de él. Hay museos que sabemos que han sido creados a partir de robos, fundamentalmente. El Louvre es uno, y el Museo Británico otro. En el fondo, a pesar de la nostalgia por la imposibilidad del regreso de obras que deberían estar aquí, que nunca debieron haber salido, no soy partidaria de seguir haciendo más movimientos porque, entonces, esto sería ahora un tráfico de obras. Si se sabe que las condiciones en las que se encuentran son óptimas, ¿para qué volver a moverlas? Mi proyecto habla de la pérdida y la ausencia, pero no por ello defiendo la restitución. Aquí hay un tema más peliagudo que es el siguiente: hay obras que de no haber sido robadas y recogidas por otros se habrían perdido. Cuando no se han dado las condiciones en determinados lugares para mantener el patrimonio que tenían, se puede decir que menos mal que se las llevaron a otra parte, aunque fuese a costa de robarlas.

¿Algún proyecto futuro que pueda desvelar?

Lo que presentaré en Madrid el próximo mes de septiembre en la galería Tournemire recoge el hilo de mis proyectos inmediatamente anteriores y obra nueva. Una vez más, en torno a la revisión de la Historia del Arte, de los mitos y mis principales preocupaciones: la figura humana, los mecanismos que activan el deseo de los artistas a lo largo de varios siglos y cómo se puede traducir todo esto hoy. También una preocupación por mover al espectador delante del cuadro, para lo cual empleo la anamorfosis como recurso, un procedimiento de deformación de la imagen. Sirve para esconder una parte de la misma, que solo se reconstruye cuando se observa desde el marco.