«Desembarco», ilustración de a.t.c. publicada en ABC el 19 de marzo de 1935
ARTE

«Dibujantas», ilustración en femenino en el Museo ABC

Esta ambiciosa exposición propone un recorrido por la historia de las mujeres que ilustraron «Blanco y Negro» y ABC, que es además la Historia de la ilustración española en clave femenina

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Fundado en 1926, el Lyceum Club de Madrid fue un centro que funcionó como plataforma pública de la emancipación femenina. Para los poderes patriarcales, aquel espacio era poco menos que un nido de depravadas que habían perdido el sentido de la dignidad. Un discurso que caló en ciertos intelectuales del momento, que se negaron a participar en las actividades promovidas desde la institución. Tal fue el caso de Jacinto Benavente, quien, como recordaba la poeta Concha Méndez, se negó a acudir con una frase célebre del lenguaje popular: «¿Cómo quieren que vaya a dar una conferencia a tontas y a locas?». Pese a las numerosas e intensas oposiciones, el Lyceum logró consolidarse como un refugio para mujeres cultas donde era posible crear vínculos personales y concienciarse sobre cómo mejorar la condición social de su género. A ello respondió la inauguración en el Lyceum, en marzo de 1931, del I Salón de Dibujantas, un verdadero hito para la visibilidad de las mujeres artistas del momento.

El eco de aquella exposición pionera resuena ahora en la nueva cita del Museo ABC, articulada a partir de sus riquísimos fondos y comisariada por Marta González Orbegozo y Josefina Alix: ambas han seleccionado 135 obras de 42 mujeres -de las 105 que trabajaron como ilustradoras para ABC y «Blanco y Negro»-, en un conjunto que traza un arco temporal desde finales del siglo XIX hasta las décadas más recientes. Este trabajo de puesta en valor ha implicado una exhaustiva investigación a través de bibliotecas, hemerotecas, entrevistas y archivos familiares e institucionales, con el doble objetivo de reconstruir las biografías de las artistas, en algunos casos totalmente desconocidas y olvidadas, y de resituar sus respectivas aportaciones al mundo de la ilustración contemporánea.

Abrieron camino

La exclusión de las mujeres del entramado artístico oficial, forjada a lo largo de los siglos, encontró diversas vías de escape desde finales del siglo XIX: por un lado, se empezaron a abrir academias privadas específicamente para alumnas; por otro, gracias al enorme impulso de la prensa y del libro ilustrado, muchas mujeres se incorporaron con éxito al ámbito de las publicaciones. Como señala Ángeles Caso, la ilustración resultó ser «un tipo de actividad que permitía a las artistas trabajar en casa, sin la exigente necesidad de espacio que imponen otros géneros, como la pintura al óleo o la escultura». El semanario «Blanco y Negro» -con su significativo subtítulo «Revista ilustrada»- surgió en 1891, en el momento de auge en el mundo occidental de publicaciones similares, y abrió el camino para la incorporación de ilustradoras, quienes en ocasiones aprovecharon los concursos que la propia revista organizaba para la realización de sus portadas.

El objetivo también es reconstruir biografías, en algunos casos desconocidas

Las obras más antiguas que recoge «Dibujantas», aquellas que transitan en el cambio de siglo, asumen distintas posiciones estilísticas dentro de los márgenes del realismo de la época; pero todas comparten estrategias liberadoras del rol tradicional de la mujer como «ángel del hogar». A este primer momento corresponde la exaltación heroica de lo femenino de los dibujos de Ceferina de Luque, o la actualización de temas clásicos del casticismo que emprende la creadora de origen ruso Maroussia Valero. Pero posiblemente sea Madame Gironella, artista francesa residente en España al menos desde 1893, la que introduzca una mayor renovación en la tipología femenina: sus espléndidas ilustraciones muestran mujeres desenvueltas y atrevidas, vestidas con inconfundible aire parisino, y que siempre llevan las riendas en los juegos de seducción.

Vanguardia truncada

Pero el auténtico desafío de elaborar un nuevo modelo femenino llegará después de la Primera Guerra Mundial. En el ámbito de la moda, el cambio quedará plasmado en las ropas estilizadas que enderezaban las curvas y superponían lo funcional a lo decorativo; también en los rostros, con el pelo a lo «garçon», que tuvieron un notable impacto en las españolas de clase media que empezaban a fumar, a usar maquillaje y a participar activamente en la vida pública. Los trabajos de Laura Albéniz o de Piedad Aréjula reflejan con nitidez este nuevo perfil elegante y cosmopolita. Las autoras de los años veinte y treinta destacan por su voluntad de apertura a la modernidad internacional: buena parte de las obras de este periodo acogen influencias cubistas, art déco o surrealistas, así como notables vínculos estilísticos con la Nueva Objetividad. Representan este momento Piti Bartolozzi, Viera Sparza, Marga Gil Roësset, Maruja Mallo, Rosario de Velasco o María Ángeles López-Roberts; también resultan muy interesantes las aportaciones de Matilde Ras, introductora de la grafología en España, o de la exquisita ilustradora de cuentos e intérprete de estampas regionales Delhy Tejero.

Pero el principal redescubrimiento de «Dibujantas» lo localizamos en la figura de Ángeles Torner Cervera, una de las más importantes ilustradoras de la editorial Prensa Española durante los muchos años de trabajo en «Blanco y Negro» y el suplemento infantil «Gente Menuda». De su amplia colaboración con ABC, que se extendería desde 1933 hasta 1957, destacan las once portadas en las que, al ser posible la introducción del color, desplegó sorprendentes innovaciones formales. Algunas de las piezas más hermosas de esta exposición llevan su escueta firma: a.t.c.

Empezar de nuevo

La mayor parte de las artistas y de las obras presentes en «Dibujantas» son anteriores a 1939 y al triunfo del franquismo. El severo intervencionismo del régimen en el ámbito de la cultura afectó de manera especialmente dura a las mujeres. Ernesto Giménez Caballero, con su rotunda aseveración de que «el artista es un macho», había trazado el marco conceptual en el que se desenvolverán buena parte de los prejuicios de las políticas culturales del momento. Aparte de las creadoras que tuvieron que exiliarse, como fue el caso de Maruja Mallo o Manuela Ballester, gran parte de las que se quedaron en España vieron su carrera truncada. También la revista «Blanco y Negro» cerró en ese momento, aunque volvió a publicarse a partir de 1957. La tímida liberalización del régimen producida a finales de los años cincuenta permitió que algunas ilustradoras retomaran posiciones: el trabajo de Xelia (Elia Martínez Fernández) nace de un maridaje entre la fotografía, el cartel cinematográfico y la estética de las revistas populares juveniles, mientras que Coti (Lucrecia Feduchi Benlliure) desarrolla una innovadora serie de figurines a partir de las colecciones de los modistos de París.

La exposición culmina con aquellas creadoras que, a partir de los setenta, reflejan con su trabajo un momento de grandes cambios y transformaciones en España. Localizamos en este capítulo a Aitana Martín, quien durante un largo período ilustró la sección de música de ABC con exquisita agilidad técnica. También, el estilo depurado de Ana Muñoz o las espléndidas piezas abstractas de Isabel Uceda. Finalmente, la más joven de la muestra, Mar Ferrero, personifica la actualidad de un trabajo abierto a la hibridación de medios y a la incorporación de técnicas digitales.