Vista del estand de Henrique Faria
Vista del estand de Henrique Faria - Alejandro Cayetano
ARCO'19

Diez años de crisis

Tras casi diez años en el cargo, Carlos Urroz abandona este domingo la dirección de ARCO. Diez años en los que el sector del arte en España ha experimentado algunos cambios

Madrid Actualizado: Guardar
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Si hiciésemos un ranking del arte español en 2009, muchos hubiesen dicho que el artista vivo más importante era Antoni Tàpies, la galería más influyente Soledad Lorenzo, el crítico más poderoso Calvo Serraller y el museo más potente el MUSAC. Hoy solo queda un MUSAC muy distinto del de entonces. Tal vez se pueda hacer un balance que no sea una pérdida de tiempo.

Cuando las grandes cadenas comerciales hayan fagocitado el último negocio, las galerías de arte seguirán en su sitio, probablemente en un mayor número. Las razones son muchas pero no tienen que ver con el producto, que se puede adquirir igualmente en Internet. La razón es el proceso. La compra de una obra de arte es una experiencia intelectual y emocional que rara vez tiene que ver con la lógica. El galerista avala un producto cuyo valor material apenas incide en el precio, a diferencia de la firma que lo representa, que representa casi todo. Es un mercado excepcional compuesto por productos excepcionales destinados a personas excepcionales de fuerte personalidad, tanto que apenas ha cambiado en doscientos años. Esto no quiere decir que no les haya afectado esta década de turbulencias: el efecto ha sido tan devastador que en algunas ciudades como Valencia han desaparecido dos tercios de las galerías existentes a principio de la década, pero podemos decir, recurriendo a Fellini, que «la nave va».

Podemos hablar de «década perdida», pero no ha sido así

Si hiciésemos balance de estos diez años podríamos recurrir a aquello de «década perdida», pero no ha sido así. Las galerías no hemos sido capaces de generar un entonces deseado nuevo modelo, pero hoy pienso que tal vez la garantía de supervivencia de este sector sea la del Gatopardo: cambiar todo para que nada cambie, generar movimientos que no cambien la esencia de una forma de trabajar tan sencilla como efectiva. Si hacemos balance no de la década del mercado del arte sino del siglo encontraremos que las únicas grandes novedades en este sector son el teléfono, el fax e Internet.

Obra de Cristina Iglesias en el estand de Elba Benítez
Obra de Cristina Iglesias en el estand de Elba Benítez - Alejandro Cayetano

Mercado inseguro

Nada será más engañoso que comprender la década basándonos en las cifras, porque esa lectura nos llevaría a entender que solo las subastas significan mercado del arte. La distancia de lo generado entre el segundo mercado y el primero es casi absurda, pero el sistema establece que las cosas sean así sobre el principio capitalista de la oferta y la demanda. El primer mercado no es menos capitalista en su esencia pero tiene que ver con la primitiva consigna de Adam Smith de la mano invisible que mueve el mundo. Esa mano invisible que mueve las galerías de arte las ha hecho más conservadoras durante la crisis. En 2009 era muy difícil encontrar una galería que no exhibiese un video, la fotografía seguía primando y eran muchos los espacios que no mostraban pintura. Hoy, sin haber descendido el interés de la producción videográfica ni fotográfica, la pintura puebla los espacios y la producción objetual tiene un signo muy distinto en la ausencia de lo político.

Las galerías se han hecho más conservadoras en la crisis

Se podría entender que critico la pintura como un hecho de mercado pero no es así; hablo desde el profundo amor a un medio que se convierte en refugio en tiempos de crisis, pero no por una intención propia, sino por las pulsiones de un mercado que se aferra a cuestiones extra artísticas cuando todo se tambalea. Nada más cobarde que el dinero y el mercado del arte, por muy intelectual y emocional que sea la experiencia de su adquisición, depende de la disponibilidad económica. En esta tendencia, el mercado se ha hecho conservador también en edad del artista y nacionalidad, de manera que podríamos decir que el coleccionista prefiere una obra menor de un artista consagrado norteamericano que una importante de un media carrera español al mismo precio. Estos análisis de mercado propios tienen un valor relativo, ya que una gran parte de los coleccionistas compran por una irrenunciable creencia en el propio criterio, pero lo cierto es que la mal llamada crisis ha traído un cúmulo de inseguridades en aquellos que terminan de confiar en sí mismos, y la lista recomendada, el top que busca reducir la incertidumbre, ha proliferado como nunca antes.

Obra de Juliao Sarmento en el espacio Joan Prats
Obra de Juliao Sarmento en el espacio Joan Prats - Alejandro Cayetano

En perspectiva

En esas listas los artistas españoles suelen perder hasta tal punto que cuando analizamos las razones por las que el arte español no alcanza su merecida visibilidad internacional tal vez debiéramos mirar al editor Benedikt Taschen y a sus rankings y colecciones en las que Mittleuropa parece ser el centro del mundo artístico y España un epígono en el que solo existe un artista hecho en México (Santiago Sierra) y una londinense (Ángela de la Cruz). Ruego al lector que considere estas últimas líneas desvaríos de alguien que piensa que el arte en España es tan bueno como el hecho en Alemania y que no existen las artes nacionales desde hace más de un siglo.

Tal vez no lo queramos reconocer pero estos diez años nos han hecho mayores. A mi sí, desde luego.