Mar Ferrero, haciendo un dibujo en la redacción de ABC
Mar Ferrero, haciendo un dibujo en la redacción de ABC - Guillermo Navarro
ARTE

«Era muy divertido ilustrar en la redacción»

Mar Ferrero, la ilustradora más joven de «Dibujantas», nos habla de su época en «Blanco y Negro» y de sus trabajos para libros infantiles

MadridActualizado:

La más joven de entre las 42 « Dibujantas» cuya obra se expondrá los próximos meses en el Museo ABC es Mar Ferrero (1978). Con ella, esta muestra llega hasta las últimas etapas de «Blanco y Negro» y se adentra en la era digital. Aprovechamos la ocasión para charlar de sus recuerdos de la revista y de su actual trabajo, centrado en la ilustración infantil.

–Esta exposición está llena de grandes referentes de la ilustración española: Maruja Mallo, Piti Bartolozzi, Delhy Tejero... ¿Hay alguna que le haya inspirado especialmente en su carrera?

–La verdad es que no, porque cuando yo empecé a trabajar me fijaba más en el mundo de la ilustración infantil: Asun Balzola, Teo Puebla...

–¿Y cómo se siente estando ahora en una exposición así?

–Imagino que me quedaré abrumada cuando la vea. Casi me da vergüenza estar entre estas «dibujantas» tan importantes. Estoy encantada.

–¿Cree que las mujeres han estado relegadas a un segundo plano en la ilustración?

–En la época de algunas de las artistas de esta exposición, las pioneras, probablemente sí. Pero ahora yo creo que no. El mundo de la ilustración no es especialmente machista. En España hay mujeres como Ana Juan, que está en primera linea; igual que en Francia Rébecca Dautremer, que es lo máximo. Quizá los hombres se dan más importancia. Pero casi todas mis ilustradoras favoritas son mujeres. Quizá se favorezca un poco más a los hombres, pero no creo que en la ilustración las mujeres estemos especialmente mal.

«Estoy más a gusto haciendo ilustración infantil, así que ha sido inevitable que me dedicase a eso»

–Esta exposición se centra en las ilustradoras de «Blanco y Negro». ¿Qué recuerda de su paso por la revista?

–En «Blanco y Negro» las ilustraciones ya las hacía en casa, pero cuando empecé a trabajar para ABC fue en la «Guía de Madrid» y las hacía en la redacción, lo que para un ilustrador es una rareza. Llegaba allí y me decían que había que hacer un reportaje sobre cualquier tema, o un artículo, y me ponía a dibujar en la mesa que tenía, con tinta china, a hacer dibujos enormes. Era muy divertido. Pensábamos ideas entre todos, cómo hacerlo. Y en «Blanco y Negro» muchas veces se decidía cambiar algo y había que hacer las cosas a toda pastilla. Era una buena época, porque ilustrar normalmente es un trabajo solitario, encerrado en tu estudio. Tampoco es que eso sea algo que me moleste, no me importa estar sola, pero en esa época tenía más vida social de lo normal: venía a la redacción, la gente era muy maja... Son buenos recuerdos, bastante entrañables.

–En la actualidad se dedica casi en exclusiva a la ilustración infantil. ¿Qué le atrajo de ese campo?

–Ilustración infantil he hecho siempre, empecé con eso, haciendo libros de texto. Y es lo que mejor se me da, porque yo creo que mi ilustración es demasiado literal y demasiado tierna en general para prensa. Estoy bastante más a gusto en la ilustración infantil, así que ha sido inevitable que me dedicase a eso.

–En esta exposición, usted destaca por ser de la generación que ha vivido el paso del papel al digital. ¿Cómo ha sido esa transición?

–Ha sido un cambio alucinante. Sobre todo cuando apareció el correo electrónico. Antes tenías que entregar los dibujos en la editorial, en la redacción, o donde fuese, y cuando apareció el «mail» era increíble pensar que los podías enviar así. Además, con aquellos primeros módems, que iban por la línea telefónica, hacían bastante ruido y con los que un dibujo ligerísimo podía tardar una hora en enviarse. Podías trabajar ya en cualquier sitio. Recuerdo que el primer ordenador que me compré fue un PC y cuando le entregué el primer dibujo que hice con él a Fernando Rubio –que coordinaba las ilustraciones de «Blanco y Negro»– no lo podía leer, porque toda la sección de diseño trabajaba con Macs, así que me dijo «ya estás devolviendo ese ordenador y comprándote un Mac». Y fue lo que hice. Dibujar en digital facilita mucho las cosas: se trabaja mucho más rápido, puedes corregir hasta el infinito... Pero también es malísimo para la vista. Te cansas mucho más.

«Los hombres se dan más importancia, pero mis ilustradoras favoritas son mujeres»

–A lo largo de su carrera ha ilustrado muchas cosas. ¿Hay algún trabajo del que haya quedado especialmente satisfecha?

–De lo que más satisfecha estoy es de los libros que he escrito además de ilustrarlos, porque en ese caso nadie espera nada de ti, tú te lo guisas y tú te lo comes, no estás pensando en qué va a decir el autor. Es lo malo de la ilustración: en la pintura haces lo que te da la gana, en la ilustración te condiciona la editorial, el autor del libro... Cuando hago libros para mí los he ilustrado como he querido, porque no tenía que cumplir las expectativas de nadie, salvo las mías. Nunca estoy satisfecha al cien por cien, pero mi favorito aún es « Lo que no vio Caperucita Roja». Y de « La receta de Hans y Greta», que salió en 2018, también estoy más o menos satisfecha.

–¿Hay algo que siempre haya querido ilustrar y no haya tenido aún ocasión?

–Sí, por ejemplo «El traje nuevo del emperador». Tal cual es, no una versión, porque me parece un cuento perfecto.

–¿Qué piensa del rol del Museo ABC como una institución dedicada a la ilustración?

–Es genial, desde luego. Hace muchísimas cosas: exposiciones, « Ilustrísima», talleres... Cumple un papel fenomenal. No se nos paga mejor a los ilustradores desde que está el Museo ABC dándonos un poco de relumbre, pero hace una buena labor. La ilustración está de moda en los últimos años, ha subido mucho en consideración social.