Ilustración de «Navegantes. Diarios y cuadernos de bitácora»
Ilustración de «Navegantes. Diarios y cuadernos de bitácora»
LIBROS

Epopeyas marinas contadas y dibujadas

La literatura y el arte acompañaron a la exploración a través de diarios y cuadernos de bitácora. Un libro recoge algunas de estas joyas

Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

Pocos relatos resultan más apasionantes que los de los exploradores marinos que se aventuraron hasta los confines del mundo para llenar los mapas vacíos. En unos tiempos constreñidos por la idea de globalidad -y aún más, de banalidad-, el reto que abordaron Magallanes y Elcano, Francisco de Hoces, Andrés de Urdaneta, Vasco de Gama, Américo Vespucio, Francis Drake, James Cook, Roald Amundsen y tantos otros nos reconcilia con la intrepidez y la iniciativa humanas por llegar a la frontera de un nuevo conocimiento, por descubrir qué hay detrás de la línea del horizonte, y nos apremia a proteger esos hallazgos asombrosos. Así lo expresa Don Walsh, oficial de la Armada estadounidense, famoso por alcanzar el lecho más profundo del océano (el abismo Challenger, en la fosa de las Marianas), que cita en el prólogo de este maravilloso libro una frase de McLuhan: «No hay pasajeros en la nave espacial Tierra. Todos somos tripulantes».

Pez volador de los mares tropicales
Pez volador de los mares tropicales

Navegantes. Diarios y cuadernos de bitácora, del historiador Huw Lewis-Jones, doctor por la Universidad de Cambridge y guía polar, es una delicatessen. La literatura y el arte acompañaron a la exploración a través de los siglos como antídoto contra el aburrimiento y la soledad, como un deber para la posteridad y -muy importante- consuelo en situaciones desesperadas. Hay ejemplos paradigmáticos de esto último, como el de Frank Hurley, fotógrafo australiano que formaba parte de la expedición capitaneada por Shackleton en la Antártida; su buque, el «Endurance», quedó atrapado en el hielo, la batalla por la supervivencia duró veinte meses y ni uno solo de los 27 tripulantes perdió la vida a pesar de soportar penurias inimaginables. Escribir y tomar fotos ayudó a Hurley a seguir adelante.

Era habitual que un artista se enrolara en los barcos de exploración armado con sus cuadernos, lápices y acuarelas. Este volumen recoge piezas de museo, magníficas, del pintor inglés William Hodges (1744-1797), que formó parte de la segunda expedición de James Cook al Pacífico, pero también hay ejemplos de dibujos realizados por la marinería, de trazo conmovedoramente sencillo, a veces infantil, que describen la vida a bordo, las criaturas marinas, las poblaciones indígenas o las líneas sinuosas de un litoral.