Úrsula Corberó en «La casa de papel»
Úrsula Corberó en «La casa de papel»
EPISODIOS PERDIDOS

El imparable éxito internacional de «La casa de papel»

La serie sigue abriendo camino a la ficción española en las grandes ligas y Stephen King es uno de sus fans

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A estas alturas, se puede decir que La casa de papel es la serie española más vista de la historia. Según TV Time, que sigue al día los hábitos de un millón de espectadores en Estados Unidos, ha sido la única capaz de desbancar a Stranger things como la más «maratoneada», muy por encima de Friends, Big bang y otros grandes éxitos. La historia creada por Álex Pina también encabeza la clasificación de títulos en auge, por delante de Queer eye y Veronica Mars. Netflix ratea con los datos, pero la fiabilidad de TV Time viene avalada por la participación masiva de sus usuarios. En la votación del personaje favorito, por ejemplo, El Profesor (Álvaro Morte) acumula casi 700.000 votos. En breve sabremos que 20 o 30 millones de usuarios (el cálculo es conservador) ya han visto la nueva temporada. Ni en los tiempos de Chicho.

En las grandes ligas. Sin salir de España es imposible comprender el nivel de aceptación de una serie sobre la que Stephen King acaba de tuitear de nuevo: ¡apuesta por Boston! No hay en el mundo una fiesta de disfraces sin la máscara de Dalí. La profusión de imágenes reales procedentes de todo el planeta les sirvió en bandeja el emotivo autohomenaje del segundo episodio. Es justo así, de gira por los siete mares, como se escribió la tercera temporada y como se grabaron muchas de las escenas, en una demostración de músculo impensable hasta hace nada en nuestra ficción. Y lo mejor de todo no es el despliegue de medios, que chorrean por la pantalla, sino cómo se aprovechan.

El reto más difícil que tenían los guionistas era superar el primer golpe. Dar más de lo mismo sin repetirse. De entrada, La casa de papel llega en su versión más ágil. El ritmo es trepidante y la historia atrapa. Tiene fallos, por supuesto, y escenas más creíbles que otras: alguien que ha tenido en sus manos los lingotes cuenta que pesan tanto que la broma repetida es ofrecer uno gratis a quien lo levante con una mano.

Tampoco faltará quien sienta que la trama cruza demasiadas líneas, pero es imposible dejar de mirar. Quizá lo más discutible (y debatir es bueno) sea que en su línea antisistema el enemigo, que aquí es el Estado y la Policía, se quede a veces, solo a veces, en la caricatura, con la cara de tonto que ponían a los malos toda la vida en las películas.

Las incorporaciones al reparto, por otro lado, siguen en la línea de no temer ningún riesgo, en un festival de talento y poderío. La mezcla de música original y canciones también mantiene el pulso. Queda por debatir el final, una ventana a la siguiente temporada, una espera injusta y terrible, esperemos que breve. Hambre para hoy y pan para mañana.