Detalle del montaje de la propuesta de Collishaw en el Jardín Botánico
Detalle del montaje de la propuesta de Collishaw en el Jardín Botánico
ARTE

Los inquietantes espejismos de Collishaw

La Fundación Sorigué se deja caer por Madrid produciendo en el Botánico la primera exposición en España del siempre sugerente Mat Collishaw

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La exposición Sensation, inaugurada con gran controversia en 1997 en la Royal Academy de Londres, proyectó internacionalmente el fenómeno de los Young British Artists: un grupo de creadores, impulsados por el magnate publicitario Charles Saatchi, cuyas propuestas impactaron por su provocador tratamiento de la violencia, la sexualidad, la muerte y la catástrofe. Entre los que sobrevivieron profesionalmente al éxito de aquella cita, Mat Collishaw (Notthingham, 1966) ocupa un lugar relevante. Su trabajo posterior ha sabido desprenderse del regocijo en el escándalo y ha definido un interesante discurso acerca de la inabarcable polisemia de la imagen en la era de su reproducción digital.

Su primera individual en España, a cargo de la Fundación Sorigué, llega al Pabellón Villanueva del Jardín Botánico, a pocos metros del Museo del Prado. Unos espacios que resuenan en las dos secciones que estructuran la muestra, referidas a la Naturaleza y a la Historia del Arte. El artista concibe el diálogo con ambos temas como un terreno minado en el que siempre puede estallar lo perturbador, lo abyecto y lo violento.

La dimensión barroca

Uno de los ejercicios recurrentes de Collishaw consiste en establecer conexiones inesperadas entre lo hermoso y lo repulsivo. Estas condiciones extremas se anudan en Insecticide, donde nuestra mirada es seducida por manchas de vivos colores que, vistas en detalle, resultan ser mariposas aplastadas. En este punto, algunas propuestas pecan de una literalidad que deja poco margen a la evocación, como la serie The Venal Muse: esculturas de flores exóticas llenas de cicatrices y que nacen de viscosos residuos humanos. Mucho más interesante son las ambivalencias que desprende Albion, una monumental cámara oscura que muestra el contorno digital de un árbol centenario cuyas precarias ramas son sujetadas por andamios; este fascinante dispositivo interpela la fragilidad de aquellos discursos nacionales que reclaman un retorno a idealizadas glorias del pasado y que, como sugiere el artista, alcanzan un ejemplo paradigmático en la actual escena del Brexit.

Lo fragmentado y lo inestable

En su aproximación a la Historia del Arte, Collishaw muestra interés por la permanencia del espíritu barroco en nuestro presente a través del exceso, lo fragmentado y lo inestable. El desplazamiento del estatismo de la pintura a la imagen en movimiento es una de sus tareas más fascinantes, lo que le ha llevado a transformar la densa quietud de un cuadro de Caravaggio en un interminable instante de acción. Pero este mestizaje entre lo analógico y el universo digital tiene su ejemplo más inspirado en el vídeo The End of Innocence: los retratos que Velázquez y Francis Bacon hicieron de Inocencio X se solapan en una lluvia de datos que, a modo de código Matrix, enuncian un mundo virtual donde la cuestión de lo real, del referente, resulta cuanto menos problemática.

En esta ampliación semántica de las tradiciones iconográficas, Collishaw también se permite juegos tan macabros como el de retratar las últimas comidas solicitadas por condenados a muerte siguiendo los parámetros estéticos de los bodegones del siglo XVII. Extraer lo siniestro de las entrañas de lo lúdico es otra de las claves esenciales de esta cita, y su expresión más enérgica la encontramos en dos obras donde Collishaw utiliza la ingenuidad técnica del zootropo, un cilindro giratorio que produce la ilusión óptica de movimiento, para poner en acción hipnóticas bacanales de placer y muerte.