David Trullo muestra la Tinaja, una enorme chimenea de cocción en Moncloa
David Trullo muestra la Tinaja, una enorme chimenea de cocción en Moncloa - Óscar Rus
ARTE

A qué juega Trullo

El artista madrileño David Trullo, volcado con la fotografía, se dedica ahora a transferir imágenes a soportes cerámicos

MadridActualizado:

«Soy muy clásico y lo defiendo». Al fotógrafo David Trullo (Madrid, 1969) le gusta «estar pasado de moda». Pero no ir a contracorriente. Odia el cine. Prefiere la videocreación. Cada vez es más protaurino («No es una pose, pero también por llevar la contraria»). Con sus 49 recién cumplidos se da un aire a Ewan McGregor (47). Confiesa haber simulado ser el actor británico en el metro ante la duda de un desconocido. También juega con su propio arte y con el entrevistador, al que recibe con bata blanca («postureo total») en su taller provisional, la Escuela de Cerámica de la Moncloa, a la que suele acudir dos mañanas por semana y en la que se ha matriculado para así tener un tutor, materiales y horno.

Trullo cursó Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid. Se especializó en escultura. «En mi época no había fotografía: no era un arte mayor», recuerda. Sostiene que, a nivel técnico, la fotografía se aproxima más a la escultura que a la pintura.

Hace unos años empezó a investigar la fotocerámica: transferir una imagen fotográfica a un soporte cerámico. Su temática es la de siempre: lo «queer», lo gay, las masculinidades, la iconografía, la revisión de la Historia del Arte. Desde septiembre está probando cómo reesmaltar una pieza ya existente (de una tienda de segunda mano, por ejemplo) para luego hacer dicha transferencia. En la escuela se dedica a la parte más técnica; en casa, a buscar imágenes y manipularlas con Photoshop.

Le interesa el enfrentamiento entre «alto» y «bajo» arte. «Esto lo podrías encontrar en cualquier tienda, pero no en una galería; es decorativo, pero una pieza única», explica al enseñar su nueva creación. Le encanta adaptar temas clásicos y mitológicos grecolatinos a lo contemporáneo. El soporte cerámico referido actualiza el mito de Apolo y la serpiente Pitón como si fueran beefcakes, hombres jóvenes, guapos, musculosos y semidesnudos en poses atléticas. «Aquí la pitón tiene otro tipo de referencias… », se ríe con picardía. Él juega con la confusión: su obra ofrece una lectura «culta» y otra «popular».

Modernización del mito de Apolo y Pitón
Modernización del mito de Apolo y Pitón - Óscar Rus

Cuestión de azar

Trullo suele partir de una idea que tenga «todos los visos de ser un desastre». Critica que los artistas de hoy tengan todo muy claro antes de mover los dedos: el concepto, el coste, la producción… «Se están perdiendo la parte esencial del proceso creativo. El azar te dice una cosa; el momento, otra; tu estado de ánimo, otra… Si lo tienes muy claro, vas a hacer un proyecto estupendo, pero sin alma». Él dice jugar con una «cultura visual» todavía no asimilada: «La gente va al Prado y piensa que lo entiende todo, y no entiende nada».

«El arte contemporáneo no es un algoritmo, es mucho más fácil»

Aboga por un mejor trato del arte en la educación y los medios de comunicación (al acecho de la polémica). «El arte contemporáneo no es un algoritmo, es mucho más fácil», defiende. Y así cambiaría la percepción de la sociedad sobre este gremio: «Que si estamos como cabras, que si somos unos vagos». ¿Autocrítica? «Hay una brecha en el mercado: tratar el arte contemporáneo, no desde arriba ni desde abajo, sino desde la mitad. Ponerte en la piel de la gente y decir "voy a darte ciertas claves para que te intereses"».

«Soy hijo del Siglo XX, que va de removerlo todo y encontrar cosas donde no las hay. El XXI me despista, aunque me gusta que todo sea confuso porque difumina las etiquetas», cuenta. Sin embargo –según él– vivimos en una época en la que utilizamos muchísimos tags para precisamente no poner etiquetas.

El lado bueno

Aún así, estos tiempos modernos le han facilitado su trabajo con la cámara digital, el Photoshop y la red social Instagram, a la que recurre para vender su obra.

Ahora tiene dos cuentas de Instagram: la suya propia y la de su padre, Santos Trullo, fotógrafo taurino durante los setenta. Murió en 1984. Este otoño, su hijo ha sido el comisario de Una vida de toros, exposición del archivo fotográfico paterno en el Museo Arqueológico de Murcia. «Es un paseo por la sociedad española de los setenta con el trasfondo de la tauromaquia», explica, fascinado por esa fusión de lo tradicional con el destape, personificada en toreros vistiéndose o Amparo Muñoz «en pelotas con un capote» en Las Ventas.

En el tour de ABC Cultural por la Escuela de Cerámica de la Moncloa, el artista muestra la Tinaja, una enorme chimenea de cocción, que sirve de imprevisto decorado para retratarle. «Las mejores fotografías son los posados robados, aunque no sean ni posados ni robados». ¿#Hashtag?