Javier Pagola en «su estudio», una recreación hecha ex profeso para esta exposición
Javier Pagola en «su estudio», una recreación hecha ex profeso para esta exposición - Isabel Permuy
ARTE

«La palabra que mejor define al papel es “libertad”»

Javier Pagola lleva media vida dibujando y es ahora cuando monta su estudio en el Museo ABC. «Yo-Tú» es el título de la exposición en la que se recrea la caótica intensidad de su obra

MadridActualizado:

La obra sobre papel ha sido el eje de la larga y distinguida carrera artística de Javier Pagola (San Sebastián, 1955). Su mundo interior ha hallado salida en dibujos, libros de artista e ilustraciones de una estética inconfundible, que estos días puede contemplarse en el Museo ABC a través de « Yo-Tú», una muestra comisariada por Laura Revuelta que recoge su producción de los últimos años.

–Gran parte de su obra la ha realizado sobre papel. ¿Por qué le atrae este soporte?

–El papel es muy agradecido, te da cosas que a la tela se las tienes que pedir por favor. El papel siempre te da más de lo que tú le das. Es un material en el que uno está muy cómodo siempre.

–¿Se siente más libre trabajando sobre papel?

–Sí, realmente esa es la palabra: libertad. La tela tiene sus misterios y cuando consigues algo ella también quedas muy agradecido. Pero sí, libertad es la palabra que define al papel.

–¿Por qué el título de esta exposición, «Yo-Tú»?

–La cita toma su título de dos pequeños dibujos. Nunca pensé que ese iba a ser el título de mi exposición. Pero gustó ese título, con esas connotaciones identitarias, pero me lo propusieron como portada de mi catálogo, insignia de la exposición y título. Dije que sí porque me siento muy identificado: en el fondo, como dibujante y pintor, estoy en el lenguaje. El «yo-tú» es a lo que jugamos.

–¿Considera que esta exposición sirve como una mirada dentro de su mente?

–Yo lo definiría más como una mirada a mi manera de trabajar, a mis procesos, a lo que está pasando por mi mente. Una mirada a cómo pienso yo gráficamente. Incluso tiene algo de procesual. No es sólo enseñar cuál es mi trabajo, sino que la manera en la que está montada la exposición intenta mostrar cómo es mi trabajo, cómo lo desarrollo.

–La exposición recoge su obra reciente

–Tengo 63 años, ya casi me podrían hablar de una antológica, pero –como todos los artistas– yo pienso que estoy muy joven y que la retrospectiva la haré cuando sea mayor. Esta es una exposición que pinto en los dos últimos años, a caballo entre Berlín y Madrid. En este tiempo he estado exclusivamente dibujando.

«En estos tiempos ya vemos que una caricatura bien hecha puede transmitir tanto como un cuadro al óleo»

–¿Considera que su obra sigue evolucionando?

–Sí, pero eso pensamos todos y lo que pasa es que alguna vez nos equivocamos. Yo noto enseguida cuando no evoluciono, porque me aburro. Y, desde luego estos dos años no sólo no me he sentido aburrido, sino que me he divertido. Así que tengo la esperanza, sin llegar a creérmelo del todo, de que hay un avance en mi trabajo. Yo trabajo para eso. Tengo un mundo personal, para bien o para mal, y lo que intento es intentar explicarlo cada vez mejor. Y creo que con esta exposición lo consigo, pero eso serán otros los que tengan que decirlo.

–Algo peculiar de esta exposición es que ha recreado su estudio en el museo.

–Llevaba muchos años con ganas de hacerlo. Yo tengo muchos amigos artistas y siempre me encantan los estudios y en ellos descubro cosas que a veces no veo en sus cuadros, en cuanto a lo procesual. Y vi en la sala un retranque que me lo permitía. La idea es intentar contar otras cosas distintas a las que cuento en el dibujo. Tengo la esperanza de que, recreando mi estudio, colocando un libro, una foto, dejando el pincel medio manchado, se cuenten cosas distintas. Esa es mi idea. Enseñar al público ese orden del taller, ya que parece que cuando la obra queda colgada en la pared es más impersonal.

–En la exposición también tienen cabida sus libros de artista. ¿Qué le atrae del libro como formato?

–Es una labor que existe desde que empecé a dibujar. Me gusta mucho el dibujo y me gusta mucho el libro, es un formato muy cómodo, muy íntimo, y la comodidad y la intimidad son cosas que me atraen. Tiene lo que decíamos antes sobre el papel: la libertad. En un cuaderno de artista puedo soltar una mancha que tiene poca gracia, pero la página de al lado sí que la tiene; hay una especie de narración, pero sobre todo una compensación de imágenes mejores y peores. Te da libertad, ya que si en un cuadro de 2 por 2 metes la pata, metes la pata; pero en una hojita metes la pata y está la siguiente para arreglarlo. Y esa libertad te da tanta frescura como para que no quede mal. Así que a lo largo de los años he hecho una cantidad ingente de libros de artista, en muchos formatos y de muchas maneras: dietarios, libros donde apunto cosas y al mismo tiempo dibujo…

–También ha ilustrado libros ajenos.

–Hice «Gargantúa y Pantagruel», de Rabelais, y «El mago de Oz», de L. Frank Baum. Y gocé ilustrándolos. Me siento muy cómodo siendo un puente entre mi dibujo y la literatura que leo. Pero no pierdo nada de mi esencia.

«Tengo un mundo personal, para bien o para mal, e intento intentar explicarlo cada vez mejor»

–¿Y hay algún libro que le hubiera encantado ilustrar, pero no ha tenido ocasión?

–Me encantaría hacer «Los viajes de Gulliver». Y muchos más, sobre todo clásicos.

–Para terminar, ¿considera importante que existan instituciones como el Museo ABC, centradas en las artes sobre papel?

–Me parece básico. Con los años voy viendo que soy de los pocos que he hecho casi toda mi obra en papel y el tiempo me ha dado la razón. El dibujo está de moda, es un lenguaje muy contemporáneo. A veces parece que tiene que lo que haces tiene que ser un lienzo de 3 por 3 con una buena capa de óleo para que sea arte y ya son tiempos en los que vemos que una caricatura bien hecha te transmite más. Eso lo llevo diciendo 30 años. y ahora parece que se empieza a ver en cosas, precisamente como que exista un museo dedicado al papel, al dibujo y al diseño. Y va a más, va a más.