Detalle del montaje de «En estos 25 años» en García Galería
Detalle del montaje de «En estos 25 años» en García Galería
ARTE

Pepe Espaliú como artista seminal

No es ésta de García Galería una retrospectiva más del artista, sino un repaso a su legado, ensombrecido por su obra final

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La figura y la obra de Pepe Espaliú (Córdoba, 1955-1993) aparecen muy vinculadas -en mi opinión, excesivamente- a la etapa de sus últimos años, a principios de la década de los noventa del pasado siglo, en la que, tras descubrir que es seropositivo, emprenderá un conjunto de series escultóricas, y, sobre todo, su proyecto final, el Carrying Project, con las dos conocidas performances en San Sebastián y luego en Madrid. Pese a la importancia de estas obras terminales (que desgraciadamente pueden ser consideradas así de una manera literal…), el valor y la presencia de Espaliú dentro del contexto del arte, fundamentalmente de la escultura de las últimas décadas del siglo XX, supera con creces esa etapa final.

De Barcelona a París

Formado, tras una estancia en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, en la Barcelona de principios de los setenta, en pleno auge del arte conceptual en Cataluña, el clima cultural y vital que allí encuentra serán claves en la construcción y desarrollo de su personalidad artística. París va a ser igualmente otro hito referencial. A finales de esa misma década se instala en la capital de Francia, conociendo de primera mano el panorama artístico internacional, así como figuras de la magnitud de Lacan o Barthes. Los años ochenta supondrán el afianzamiento de una personal sintaxis artística, cada vez más vinculada a lo escultórico, al tiempo que va desarrollando otros mecanismos expresivos, como el dibujo, la escritura o las acciones.

Pepe Espaliú. En estos veinticinco años es bastante más que otra nueva mirada retrospectiva sobre este artista: se trata de una exposición que opera una revisión actualizada y global de su legado creativo, y que incide precisamente en la voluntad de descubrir otros espacios y otros pliegues de su creación que en los últimos años habían permanecido tal vez demasiado ocultos o, al menos, velados. Así, el conjunto de obras expuestas supone un atractivo y didáctico recorrido por gran parte de su trayectoria, y nos presenta a un creador seminal dentro de las últimas corrientes artísticas del siglo pasado.

En todas ellas, tanto si se trata de pinturas, una faceta quizás no tan conocida pero importante, como si son obras que emplean la tridimensionalidad de formas muy diversas, o incluso de dibujos y documentación en vídeo de alguna de sus acciones, se percibe un lenguaje propio e identificable, construido a partir de determinados temas como el deseo, la muerte, la soledad, el placer, la herida, el cuerpo, la identidad, el poder, la enfermedad o el doble, y de una serie de simbólicos elementos iconográficos, absolutamente personales e intransferibles, como son las máscaras, la representación de fluidos, las jaulas, las muletas, los caparazones de tortuga, las cuerdas y nudos, las campanas o los palanquines.

Sería entrar en el territorio de la Historia-Ficción imaginar cuál podría haber sido su evolución como artista si no hubiera muerto tan absurda e injustamente joven. Pero de lo que no hay duda es de que la obra que nos dejó lo convierte ya en uno de los creadores más destacados y personales de las últimas décadas.