Diferentes instantáneas recogen el desarrollo de construcción de este icono de Antonio Lamela
Diferentes instantáneas recogen el desarrollo de construcción de este icono de Antonio Lamela
ARQUITECTURA

Torres Colón: medio siglo de un hito

Una muestra en Madrid recuerda por qué este edificio supuso un antes y un después en la Historia de la arquitectura

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El título Torres Colón: 50 años del inicio de su construcción que lleva la muestra del Centro Cultural de la Villa no sólo puede leerse como una alusión conmemorativa, sino que también alberga implícita la idea de que esta construcción es una edificación viva. Enérgica, abierta y dispuesta al futuro, más allá de una extraordinaria obra arquitectónica del siglo pasado.

La significación en la Historia de la arquitectura y en la definición del paisaje urbano de Madrid de estas dos torres diseñadas por Antonio Lamela en 1969 es absolutamente incuestionable. En su momento, constituyeron un hito tecnológico absoluto: fueron el primer edificio del mundo en el que se aplicó el sistema constructivo que se denominó «arquitectura suspendida»: Se edificaron de arriba abajo, en el literal sentido de «construir la casa desde el tejado», resolviendo un complejísimo ejercicio que fue necesario articular para edificar respetando estrictamente los enrevesados requisitos que imponían las ordenanzas municipales, aprovechar el reducido espacio del solar disponible y garantizar una solución estructural que satisficiera óptimamente las necesidades del programa de usos (algo que habría sido imposible de haberse procedido con el sistema convencional).

Partir el volumen en dos

El proyecto nació para formar parte de un marco urbano que finalmente no llegó a concretarse a causa de sucesivos cambios de decisión del Ayuntamiento de Madrid respecto a ese importante enclave situado en pleno centro de la capital. A consecuencia, el tamaño disponible del solar que acogería las torres se redujo considerablemente y tampoco se demolió un edificio colindante. El resultado fue un solar irregular e incoherente de 1.710 m2 en el que el consistorio estableció inicialmente la construcción de una «unidad arquitectónica de marcada verticalidad», que serviría para compensar las expropiaciones efectuadas y equilibraría visualmente el paisaje urbano de la zona.

Lamela y su equipo comprendieron que la construcción de una sola torre según las restricciones de volumen construible que imponían las ordenanzas resultaría en una pésima decisión a nivel urbano, ya que habría obligado a la construcción de un cuerpo de tamaño descomunal. Propusieron para ello desdoblarlo en dos torres de menor altura, una decisión que el Ayuntamiento acabó aceptando tras largas discusiones.

Fueron el primer edificio del mundo que se edificó de arriba abajo. La casa, por el tejado

Las Torres estaban inicialmente destinadas a uso residencial (fue cambiado para acoger oficinas) y usos comerciales en las plantas bajas. El análisis para adaptar este programa a las peculiaridades del solar puso de manifiesto la imposibilidad de recurrir a estructuras convencionales. Cada parte de los edificios precisaba de unas soluciones estructurales específicas, incompatibles con las de las otras. Este problema fue el que condujo a la búsqueda de esa solución constructiva hasta entonces inédita, y que permitió plantear una doble estructura que independizaba las dos partes, de manera que el conjunto final quedó formado por tres edificios casi independientes: un basamento y las dos torres con 20 plantas de altura.

Los edificios emergieron en el paisaje de Madrid como «dos esbeltísimos espigones de hormigón», según los describió la revista del Colegio de Aparejadores en 1973, sobre los que aparecieron unas plataformas cuadradas. Impedimentos administrativos hicieron que la construcción quedase detenida en esta fase varios años.

La Historia de las Torres Colón ha sido azarosa. La construcción sufrió una serie de paralizaciones y problemas burocráticos (se llegó a ordenar su demolición parcial). Fueron remodeladas en 1989 por Estudio Lamela que, por exigencias urbanísticas, diseñó una nueva piel exterior bajo la que se encuentra intacto el proyecto original, para poder restituirles en cualquier momento su imagen.

Dice Carlos Lamela: «Mi padre siempre había estado obsesionado con la idea de que los edificios no tocaran el suelo. Que flotasen, que el contacto con el terreno fuese el mínimo posible». La perseverante obstinación en esa idea, casi desafiante, hizo posible la materialización de las dos torres, poniendo sus cimientos en el aire.